Mis poesías
TUPAMARO

Con la cabeza en alto

atraviesas el recinto

donde un puñado de inútiles

intentan juzgarte

entra en la arena del circo y verás

que las ratas juegan a ser leones

y quieren amedrentarte

para que sigas su juego

y eches agua en el pozo

que está a punto de secarse.

Estos ratones se aferran

al barco que se hunde

a la decadencia que ostentan

con la que ya no confunden

ni a los eternos confusos

ni a los que venden su nombre

por un puñado de ideas

que nadie quiere comprar.

 

Deja que gruñan

y enseñen los dientes

que muestren su miseria

y se hagan evidentes

¿para qué darle cuerda

al reloj de arena?

si su paso es inmutable

rauco como las penas.

Una parodia de hombre

quiere darte otra condena

no le alcanzaron los años

en que reinó la guerra

de los que mandan con odio

con la muerte por bandera

de los que siembran el miedo

y abren las fronteras

de quienes fueron sus cómplices

y sus hermanos de juerga.

 

Los impunes asesinos

que por la calle pasean

son los que hay que juzgar

sin miramientos ni espera.

Macabros payasos

de la oligarquía

con mueca en el rostro

de sangre reseca

que quieren limpiar.

La doble careta

de la cobardía

otra vez en el mundo

pretende triunfar.

  ...  

Estaré contigo

desde la distancia

para acompañarte

en cada segundo

de esta falsa tregua

del estar sin verte

que mi amor intenta

poder mitigar.

Con fuerza en la voz

has de contestarles

la caza de brujas

de una vez por todas

debe terminar.

 

Dieter Engler
Katia

Un ser joven y entero,

una niña mujer

en vida y silencio.

Te toco pasar mil veces

por las puertas del infierno

más nunca murió la risa

en tus claros ojos bellos.

Te amo por el lazo

con que amarraste mi cielo

hasta sanar mi alma

con tu canto de jilguero.

He llorado muchas veces

al saber que estabas lejos

me hiciste tanta falta

para quebrar el silencio

que volé hacia tu lado

con el pensamiento

atravesando las rejas

y los muros cenicientos

para compartir tu dolor

y engañar ese tormento.

Dieter Engler
Tiempo de soñar

Si desgajo el tiempo y tus ojos

me miran desde la distancia

caigo en cuentas nefastas,

extraño el arco iris sobre azul profundo,

el deseo que hiere como un látigo mis ganas,

marca mi carne a sangre y recuerdo,

convierte el corazón en lava.

 

Apoyo ese deseo en tu respaldo

para respirar de mi aire nuevamente
y cuento los latidos de mis pasos

que te acercan al norte de mi suerte.

Camino, siempre atrás, pero camino
sin que me atreva a enfrentar
la mirada ,

donde viven tus manos para siempre.

 

El deseo es una caja de Pandora

que se abre en cada encrucijada,

de ella salio mi anhelo y voló a ti
en esta noche de notas encontradas.

Ave que se hundió en profundidades
para visitar los sueños de tu almohada
y traer de regreso aromas a mis ansias.

Dieter Engler
Y las flores?

¿Y las flores?, con su infinita belleza

con su eterno amanecer salpicado de rocío

con su savia, sangre verde y ligera.

¿A dónde van al morir?

Con su hermosura de adorno grácil

sin gotas de mañanas perfumadas,

en un florero, en mis canastos de rosas secas,

en la tierra húmeda y fértil.

¿A dónde van al morir?

 
Dieter Engler
La espera

Una madre y tres niños habitan el desconcierto
viven el día y presienten el miedo que acecha,
que sorprende y atrapa, que mutila y no ceja.

Víctimas del capricho humano esperan

¿qué límite romperán esta ves las bestias?,

¿que muro sin puertas?

Rodean la manzana de autos y uniformes

sus armas centellean, sus botas pisan firmes

poderosas, ante cuatro pares de ojos que observan,

que callados interrogan, que mudos espetan.
Los soldados irrumpen en la casa, la dan vuelta,

son varios, nada dejan; libros de sospechoso contenido

discos de música vieja, rompen también los colchones
las plantas y las macetas, tiran todo por el piso,

nada respetan, ni la edad de los niños

ni sus rostros de azorada tristeza.

Se sienten grandes y fuertes, lo demuestran,

ríen con altas voces, juegan con armas negras,

huelen a sudor y humo, a abuso de poder apestan.
Todo tocan, rompen y  desordenan,

estos seres sin conciencia

de nuestra casa se adueñan

tantas veces en trece años que la herida no cierra,

los ojos lloran sin lágrimas, los labios tiemblan.

Cuando de allí se retiran, no hay palabras
nos miramos a los ojos y poco a poco
construimos en silencio
nuestra vida, para seguir en la espera.

 
Dieter Engler