 |
 |
|
 |
 |
|
|
 Momento
El momento del deseo es ahora, en este instante, no mañana ni ayer, ahora; en el segundo comprendido entre mis dedos y la caricia, el tacto de mis manos y tu piel.
La sensación de anticipo a tu beso nada en mi boca y mis papilas se aprestan a percibir tu sabor, a dar sentido a mi saliva, voy a envolver con mi lengua la tuya, ávida de profundas humedades. Buscare un ritmo acorde a tu pulso, que crezca en intensidad hasta arrancar de tu callada alma el más profundo gemido.
Quiero que me hundas en un mar de espuma y tempestades, quiero que me muestres el camino que solo recorreré de tu mano, acompáñame de regreso. Y cuando transgredamos las reglas que jamás se han escrito, quiero de nuevo comenzar a sentir tu perfume, que se mezclará con el mío hasta la locura.
 Arde un sueño
Cuando un sueño arde como una pira brillante e inmensa, se levanta hasta el fondo mismo de los deseos y pasa todas las fronteras, como una flecha de fuego rompe todos los límites, como látigo incandescente para arrebatarnos la razón y liberar los sentidos, derrama la lava que dormía en mi volcán y sus chispas saltan, naranjas, rojas, hasta tocar mi piel, que se incendia, toda, toda… irremediablemente toda.
Cuando un suspiro nace en lo profundo de un sueño y cruza el éter con el sigilo de una nube blanca, caigo en la cuenta de la mullida suavidad que adquieren mis labios cuando pienso en el sabor de tu boca, neutro y tibio, siento tu beso de forma tan nítida, tan húmeda, que me mojan todos los ríos y mares que alguna vez he visto.
Y cuando floto en esos pensamientos, tocan mi piel los vientos, regidos por los puntos cardinales, dirigidos por tus manos sabias, convertidos en dulces caricias, que me conocen, que saben iluminar cada palmo de mi piel y despiertan los nervios que ella cubre, aceleran los torrentes que me dan vida y no puedo más que fluir hacia ti.
Paula Engler
 ¿Qué lugar le damos a los Derechos Humanos?
¿Qué lugar le damos a los Derechos Humanos?
El presidente de nuestro país pretende que hoy, 19 de junio, día en que se festeja el natalicio de Artigas, un manto de olvido nos tape los ojos, una amnesia colectiva que permita que víctimas y verdugos puedan darse la mano en un cordial gesto de olvido y perdón.
Se olvida de que la historia nos pertenece a todos, quienes la hemos vivido desde distintos ángulos y distintas épocas y quienes construyen o van a construir el futuro. Por eso es importante que demos nuestra opinión al respecto y recordemos a quienes lo olvidan, que hay temas tales como los Derechos Humanos que están por encima de cualquier especulación electoral.
Es un disparate pretender que quien alguna vez llegó a estar a merced de esa horda de sádicos y torturadores pida perdón, reivindicando así la validez de la tortura y el terrorismo de Estado. Esta idea se me antoja tan disparatada, que aún sin pertenecer a la generación que pobló las cárceles del Uruguay, sin pertenecer al grupo de aquellos que fueron nombrados sediciosos, terroristas e innombrables, no lo puedo entender.
Pertenezco a la generación que creció durante la dictadura, la generación que sufrió los allanamientos y recorrió en macabro turismo, los cuarteles y cárceles de la República Oriental del Uruguay y el paradójico Penal de Libertad para poder ver a su padre, madre o familiar.Pertenezco a la generación que sin comerla ni beberla sufrió la arbitrariedad que se ejerció en esa época contra el pueblo.
No olvidemos que las víctimas del terrorismo de Estado se encontraron en estado de completa indefensión frente a la tortura y los torturadores.
¿En que parte del “Nunca más”, existe un lugar para la defensa de los Derechos Humanos?
¿Queremos enseñarles a nuestros hijos, que la solución es cerrar los ojos, olvidar, borrar la historia. Mirar para otro lado cuando se habla de tortura, de vapuleo, de exilio. Bajar la cabeza ante las familias de los desaparecidos?.¿Es este el legado que nos proponen dejar?
Lo considero una falta de respeto hacia el pueblo uruguayo, me avergüenza pensar que los familiares de los desaparecidos se vean obligados a escuchar semejante aberración. Pienso en el sufrimiento, de los que nacieron en las cárceles, en los niños desaparecidos y se me nubla la razón.
¿En que extraña lógica nos movemos?
Se trata de cambiar la historia de nuestro país, se quiere dar la imaginen de que esto fue una guerra entre dos bandos, la teoría de los dos demonios. Las razones que llevaron a la situación de enfrentamiento, desaparecen, el pueblo y sus razones desaparecen junto a la oligarquía. ¿Para qué tratar de simplificar una ecuación que sigue dando resultados erróneos, si aún no se han develado muchas todas las incógnitas que se necesitan para resolverla?.
Espero que esto no sea un intento de menospreciar la capacidad de raciocinio y sentido común de nuestro pueblo, espero que nuestro pueblo sepa responder con la cabeza en alto, que nuestros valores molares no son negociables.
Veronika Engler Suecia, 19 de junio del 2008
Nike, arreglos de Paula Engler
 El cuento que no acaba
Es increíble comprobar la poca memoria que tienen los que hoy siguen tildando de criminales a quienes han saldado las cuentas que les endilgaron en el pasado, con años de cárcel y sufrimiento. Las “nuevas víctimas”, atacan con el mismo tipo de argumentos con el que arremetían en la época en que luchaban contra la “sedición”, mientras robaban a mansalva junto a los políticos corruptos. La red represiva, atrapaba todo lo que pudiera ser considerado “sospechoso”, o pudiera ser capaz de “delinquir”; esta palabra tenía, en ese momento, un significado muy amplio: estudiantes de pelo largo, apariencia “descuidada”, pasado político “dudoso” y podría seguir todo el día enumerando los motivos que determinaban que una persona recibiera vapuleos, encarcelamiento o secuestro. Hoy, los familiares de estos nuevos “presos políticos”, se dan el lujo de escribir en la web, difamando con nombre, apellidos y fotografías, a ciudadanos que han hecho más por el país y la humanidad en los años posteriores a su liberación, que ellos en toda una vida en libertad, una vida dedicada a sembrar horror y muerte.
Se puede argumentar y discutir mucho sobre lo que pasó en nuestro país durante esos años, podemos contar las muertes, las acciones y analizar hasta el cansancio los acontecimientos acaecidos.
Podemos tratar de dilucidar quiénes eran más bárbaros o más asesinos. No obstante, nos olvidamos de un hecho fundamental: ¿quiénes fueron los que pagaron las culpas de lo ocurrido?, ¿quiénes soportaron tortura y duros encarcelamientos?, ¿qué familias se vieron afectadas?
No fueron los militares y quienes los rodeaban, de eso pueden estar seguros.
Gracias a organismos que defienden los DD.HH y al trabajo constante de hormiga, realizado por las organizaciones de familiares de presos y desaparecidos, se han investigado los crímenes que la Ley de Caducidad permite investigar, o sea, aquellos crímenes comprendidos en el Artículo 4º.- “Sin perjuicio de lo dispuesto en los artículos precedentes el Juez de la causa remitirá al Poder Ejecutivo testimonios de las denuncias presentadas hasta la fecha de promulgación de la presente ley referentes a actuaciones relativas a personas presuntamente detenidas en operaciones militares o policiales y desaparecidas así como de menores presuntamente secuestrados en similares condiciones”.
Es oportuno esclarecer algunos puntos, ya que la amnesia que afecta a la extrema derecha, no les permite recordar lo que sucedió en nuestro país durante los oscuros años de dictadura e, inclusive, antes de ellos.
Cuando hablan de los “asesinos y terroristas” y acusan a siniestra (nunca a diestra), a expresos políticos de la dictadura militar, se olvidan de que a varios de esos presos se les computó tres años de cárcel por cada uno de los que estuvieron en cautiverio, justamente, a raíz de las condiciones inhumanas a las que se vieron sometidos durante dicho encarcelamiento. Los rehenes, por ejemplo, incomunicados, sometidos a continuos traslados y torturas físicas y síquicas durante años, se encuentran entre los presos que no fueron amnistiados, salieron de la cárcel con libertad anticipada, viéndose obligados a presentar garantes y a firmar cada seis meses, hasta que varios años después, se les concedió, por fin, la anhelada libertad. Ergo, todos ellos pagaron un alto precio mientras cumplían la condena que le imputaron. Pagaron inclusive por las confesiones arrancadas bajo terribles torturas y tormentos. ¿No es acaso justo, que los militares que cometieron crímenes, paguen también y sean juzgados y encarcelados por ello?, sin quitarles dientes ni ojos, ya que no se pretende aplicar la Ley del Talión ni el código de Hammurabi.
Hagamos memoria
La Ley de caducidad de la pretensión punitiva del Estado (Ley 15.848) entra en vigor en 1986 y deja en la impunidad graves violaciones a los derechos humanos, cometidas antes y durante el golpe. Conforme a esta ley, no se puede procesar y sancionar al personal militar y policial responsable de violaciones de derechos humanos cometidas antes del 1 de marzo de 1985. Por suerte, esta ley, dejó afuera algunos casos que han permitido que haya denuncias contra civiles y militares. Como Amnistía Internacional cita: "La desaparición forzada es un crimen internacional, cuya práctica sistemática constituye además un crimen contra la humanidad," y la Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada de Personas, sostiene que es un delito continuado o permanente mientras no se establezca con certeza el destino o paradero de la víctima.
¿Qué fue, a grandes rasgos el Plan Cóndor?
El Plan Cóndor fue la coordinación represiva concertada entre los gobiernos
paraguayo, boliviano, brasileño y uruguayo para acabar con la “subversión” durante la década de los 70 y principios de los 80.
A comienzos de la década del 90 se descubrieron en Paraguay, documentos secretos de la policía política paraguaya. Estos documentos, llamados los archivos del terror informan sobre el accionar de esa fuerza y sobre la coordinación que hubo entre los gobiernos militares sudamericanos durante esas décadas para perseguir a sus opositores políticos, que eran detenidos en cualquier país y luego trasladados a su país de origen, lo que implicaba el desconocimiento absoluto de fronteras y la utilización de métodos ilegales de represión. Paradójicamente, lograron una unión entre los países latinoamericanos que los gobiernos democráticos no han logrado, llegaron a acuerdos que les permitían reprimir y matar a lo largo y ancho del continente.
El papel principal de la represión uruguaya fue el de trasladar comandos uruguayos a Argentina; secuestraban, torturaban y desaparecían a exiliados uruguayos en ese país. Un gran número de uruguayos desaparecieron en tierras vecinas. La mayoría de ellos fueron llevados al centro clandestino de detención llamado Garaje Olimpo. Algunos fueron trasladados a Uruguay, todavía su destino es desconocido.
Operación Zanahoria
Por si fuera poco y para tratar de ocultar los crímenes cometidos, se llevó a cabo en el año 1984 la Operación Zanahoria, donde se removieron los restos de los detenidos enterrados en predios militares, para eliminar las pruebas y enterrar los restos de todos los desaparecidos en fosas comunes. La Fuerza Aérea de Uruguay admitió que al menos 21 uruguayos y cinco argentinos, fueron trasladados en dos vuelos clandestinos para ser asesinados, y confirmó por escrito, la existencia de al menos dos vuelos trasladando detenidos durante las dictaduras en Argentina y Uruguay, todo esto en el marco del Operativo Cóndor.
Crímenes
Entre los crímenes cometidos por las Fuerzas Armadas, se encuentran estudiantes asesinados por el escuadrón de la muerte, los asesinados como represalia por la muerte del coronel Trabal, los comunistas fusilados en la calle frente la sede de la seccional 20, los que fallecieron a causa de las tortura, los homicidios del diputado Héctor Gutiérrez Ruiz y del senador Zelmar Michelini. El asesinato de la nuera del poeta Juan Gelman, secuestrada en Buenos Aires en el año 1976. María Claudia tenía 19 años y estaba embarazada, su esposo fue asesinado y ella fue llevada desde el centro clandestino Automotores Orletti a Montevideo, allí nació la hija de María Claudia, que fue encontrada por Gelman en Uruguay, donde había sido entregada a un policía, la joven no conoció su verdadera identidad hasta los 23 años, hoy es una de las tantas voces que exige verdad. Anatole y Victoria, hijos de Victoria Grisonas y Roger Julién (también desaparecidos), los hermanos fueron transportados a Montevideo para luego ser entregados a una familia en Chile, que los abandonó en la ciudad de Valparaíso. Mariana Zaffaroni, que fue entregada a un miembro del Servicio de Información del Estado (SIDE) argentino.
Cuando hablamos del secuestro de niños, yo les pregunto ¿cuáles eran las culpas de esos menores? Es imposible imaginar lo que les tocó vivir y lo que aún debe significar en sus vidas el hecho de haber crecido en el seno de familias que no eran las propias y que estaban involucrados, en muchos de estos casos, en la desaparición de sus progenitores. ¿Y la pesadilla de los familiares que durante años los buscaron de forma incansable? ¿Cómo se puede justificar un delito de esta índole?
Todavía quedan 4 niños desaparecidos en Argentina.
Más de dos centenas de uruguayos, contando hombres, mujeres y niños, desaparecieron durante el régimen militar
. La represión en
nuestro país, alcanzó a encarcelar aproximadamente 15000 presos políticos. La muerte del doctor Roslik, en San Javier y el encarcelamiento de varios inocentes, entre ellos un grupo de jóvenes. La violación y tortura a menores de edad. Puedo
seguir nombrando víctimas; muertos (dentro y fuera de la cárcel), aquellos compañeros que jamás se recuperaron del encierro y la tortura, aquellos que murieron anticipadamente, luego de haber sido puestos en libertad. Los que perdieron sus trabajos, sus familias. Las propias familias, que vivieron las consecuencias de esa pesadilla durante años y muchas veces soportaron inclusive, después de ser liberados todos los presos, los efectos que dejaron las secuelas de ese encierro bestial. De forma metódica e inhumana, estas presuntas “víctimas actuales”, intentaron enloquecer a los que no pudieron matar.
¿Qué podemos hacer?
No se puede negar que los verdugos no hicieron distinción de edad ni género, en ese sentido fueron generosos e irrestrictos, arremetieron contra niños, mujeres y hombres sin piedad alguna. Si nos olvidamos de esto, caemos en el riesgo de permitir que vuelva a suceder, o de convertirnos en cómplices de estos hechos aberrantes. Miremos a nuestros hijos, familiares y amigos, e intentemos imaginarlos en cualquiera de las situaciones que nombré. Tratemos de pensarlo en carne propia o cercana, sopesemos los hechos, hagamos un balance exhaustivo y tomemos la responsabilidad que nos corresponde, para que jamás se repita. Hay que anular la
Ley de caducidad de la pretensión punitiva del Estado, más conocida como Ley de Impunidad o de Caducidad. Firmar para anular esta ley es, sin lugar a dudas, un grano de arena que podemos aportar a esta lucha por defender y rescatar la dignidad y los derechos de los seres humanos.
Veronika Engler
Suecia 2007-12-10
Paula Engler
 Con respecto a las declaraciones de las hijas de Gabazzo y Medina
Es cierto que el acto de torturar no fue cometido por individuos que se desprendieron de los mandos, fue una forma institucional de operar durante la dictadura militar.
Hago, por lo mismo, responsable a los mandos de ello, pero también a quienes acataron sin cuestionarlas, ese tipo de ordenes que van contra todo valor humano. Omito entrar en detalles sobre la tortura y las vejaciones, por respeto a la sensibilidad de quien lea esta carta.
Quizás las hijas/os de los torturadores, no estén al tanto de la crueldad y los tormentos que implica la tortura, castigos muy refinados, la mayoría de las veces. Quizás haya que informarlos, y frente a la descripción de cada barbarie cometida por sus progenitores, preguntarles si consideran que ése era el deber de sus padres, preguntarles después de que lo sepan, si todavía están orgullosos de ellos.
La hija de Medina, dice por ejemplo, en la entrevista concedida a Últimas Noticias: "A mí no me interesa reivindicar y hablar de lo que pasó. Porque a nosotras, por nuestras edades, el pasado no nos interesa; el pasado, pasado está". Este lavado de manos, muy a lo Pilatos, es muy cómodo y conveniente para su padre y para todos los torturadores, pero suena cínico si se les dice a quienes aún no han encontrado los cuerpos de sus seres queridos, o han sufrido secuestros de niños. Es duro para esos niños que crecieron bajo la mentira, en senos de familias que no eran las de ellos, e inclusive para nosotros, hijos de expresos, o exrehenes de la dictadura militar, como en mi caso, que no pudimos evadirnos de las consecuencias y secuelas familiares que nos dejo el pasado, pasado que según ellas, hay que borrar.
Con total desparpajo declara, que no ingresan en el terreno de si hubo o no violaciones a los Derechos Humanos y dice: "En realidad, no es un tema que nos ocupe, no es nuestro, no nos pertenece. No somos nosotras quienes debemos contestar eso". Yo le pregunto; ¿a quién le pertenece ete tema? ¿No es acaso un tema que nos incumbe a todos y cada uno de nosotros? ¿Le es posible vivir con dignidad y caminar con la cabeza en alto, cuando asegura que no le ocupa que se hayan violado los derechos humanos? Evidentemente, su padre, uno de los protagonistas de tal violación, no le enseño el valor de los tan mentados derechos humanos, ni a respetarlos, ni a defenderlos, hay sin lugar a duda, una clara consecuencia entre el actuar del padre y el decir de la hija.
Organismos defensores de los derechos humanos se han visto involucrados en la denuncia de estos hechos, no fue mero invento de un grupo de enajenados, hay contundentes pruebas de las barbaries cometidas en nombre del poder. Se sabe de los secuestros, robo de niños, de las muertes, de la tortura. ¿Era deber de los militares ignorar los derechos básicos humanos de sus compatriotas, ejerciendo la vejación extrema, tanto física como síquica? ¿Es un militar capaz de hacer cualquier cosa si se lo ordenan, por más aberrante que esta sea?¿Puede un hombre cerrar los ojos si se le ordena romper con los valores humanos básicos, por vestir un uniforme y portar un arma? ¿Cuándo se deja ser hombre, para pasar a ser bestia?, o ¿es que acaso no hay ningún límite? Un fenómeno realmente aterrador y el delito, es doble delito si se comete en nombre de la Patria.
Imaginen a Medina y Gabazzo, ya no matando en forma anónima, con un arma “legal” en nombre de la “defensa del país y el cumplimiento del deber”, sino, arremangados en un húmedo sótano, practicando la tortura a un hombre, a una mujer, que yace indefensa, despojada de toda posibilidad de defenderse.
Imaginen a esos militares, que son también hombres, hijos, padres, presuntos seres
“
humanos
”
, insensibilizados ante los gritos de sufrimiento, ante la sangre y el dolor, torturando a seres que también tienen padres que los aman, e hijos que los esperan. Al principio, para arrancarles información y después para satisfacer un enfermizo sadismo, en el que me asusta pensar. ¿Se siguen sintiendo orgullosas?
También me pregunto en que parte del cumplimiento del deber estaba el de aterrorizar a los familiares de esos hombres y mujeres que estaban siendo torturados, aprisionados y desaparecidos. Porque doy fe de que durante todos esos años de dictadura, los familiares sufrimos allanamientos en los que destrozaban todo, inclusive el material escolar y los juguetes de quienes no teníamos más armas que nuestra debilidad. Doy fe de que siendo niña era sometida a manoseos denigrantes antes de las visitas, que se desarrollaban en condiciones deplorables. Quiero contarles que muchas veces, recorriendo cuarteles del interior del país, nos toco esperar varias horas a la intemperie, en pleno invierno y bajo la lluvia, a nosotros los niños y a nuestra familia, incluidos los abuelos, que muchas veces, aún sin gozar de buena salud, hacían los largos y caros viajes para poder ver a sus hijos, hijos que muchas veces encontraban convertidos en apaleados faquires, que apenas podían hablar. Y teníamos suerte si, después de todo eso, no se suspendía la visita por alguna sanción inesperada y había que volver con la cabeza baja y esperar quince días más, o el tiempo que a los oficiales se les ocurriera, para repetir el peregrinaje. Tuvimos que soportar el abuso de poder que ejercían frente a nosotros, niños de rostros tristes, que no pertenecíamos a ninguna guerra, ni significábamos una amenaza de ningún tipo.
¿Se sienten orgullosas de sus padres?
Hablan de los problemas que trae el llevar el apellido de un torturador, creo que no es justo que las familias se vea afectada de esa manera. Pero pueden hablar con cualquiera de nosotros, hijos de presos políticos en épocas de dictadura, pueden hablar del dolor de que les arrebaten y encarcelen no solo al padre, en muchos casos, ambos padres, tíos y familiares. Pueden hablar con nuestras familias de como explicar a los niños este hecho y como sobrellevar durante varios años, más de una década, las consecuencias de tener nuestros apellidos, en escuelas, en facultades y en el resto del ámbito en que vivíamos.
Por suerte no es necesario que les expliquen a sus hijos, ¿por qué no pueden tocar a sus abuelos en las visitas?, ¿por qué son apuntados con armas y hay alambres o rejas entre ellos y ese ser querido?, ¿por qué esa persona a la que van a visitar está sucio y enfermo, o apenas puede hablar? Que suerte que no tengan que explicar a sus hijos que los seres queridos están siendo torturados, o que en cualquier momento pueden ser allanados y no saben que es lo que puede pasar. Imaginen por un instante, haciendo gala de la poca empatía que les pueda quedar, que si la vida de ustedes fue “trastocada, afectada y modificada para toda la familia”, lo que sucedió con nuestras vidas en épocas en que sus queridos padres, Medina y Gabazzo, junto a otros tantos, ejercían su poderío como oficiales. Les informo, por si no lo sabían, que esa guerra tampoco fue nuestra, sin embargo tuvimos que crecer bajo las reglas impuestas por quienes tenían el poder, vida familiar “trastocada”, suena bastante romántico cuando recuerdo lo que nos toco vivir. Eso que atrevidamente nombran “fábula” o “circo” inventado por las según ustedes “autodenominadas organizaciones de DD.HH.”
Quedan las consecuencias que se van a pagar durante toda la vida; de acuerdo a un seguimiento terapéutico de las víctimas de la tortura, muchas de ellas enferman, a veces seriamente, tanto por las secuelas físicas como por trastornos somáticos severos en el aparato digestivo, alteraciones dermatológicas complejas y crónicas, cuadros de hipertensión y otras enfermedades. La parte sicológica, las pesadillas, la angustia, son una cadena perpetua a la que muchos se ven sometidos, sin ninguna posibilidad de amnistía.
Está bien no renegar de los padres, pero antes de asegurar sentirse orgullosas de ellos, y desacreditar a la justicia, averigüen bien y de buena fuente las barbaries que ellos cometieron, por lo menos para no ser cómplices de ese horror y que sus hijos no se avergüencen de ustedes si algún día escapan al cinismo de cerrar los ojos frente a una realidad macabra, sufrida por muchos, que sumió a nuestro país en una larga pesadilla.
Sepan que nosotros, quienes creemos en los derechos humanos, seguiremos también, sin escatimar esfuerzos, denunciando dentro y fuera de fronteras lo que pasó en Uruguay en época de dictadura, no para vengarnos, si para asegurarnos de que no se va a repetir, si para castigar a los culpables, no con tortura ni cárceles indignas, no persiguiendo a los familiares, si haciendo justicia. Por suerte, ni nuestra dignidad, ni nuestros valores morales, ni nuestro respeto por los derechos humanos, nos permiten caer tan bajo.
Invito a los demás hijos de expresos políticos y exiliados, a alzar su voz, para demostrar a quienes tengan dudas, que a nosotros, niños de esa época, no se nos tuvo en cuenta como tales y fuimos víctimas de las decisiones tomadas por Medina, Gabazzo y el resto de los involucrados en expedir o ejecutar las ordenes inhumanas por las cuales hoy estos señores son acusados. Nosotros también tenemos derecho a alzar la voz y a pedir justicia.
Veronika Engler Suecia, 071031
Paula Engler
 Ser mujer
Ser mujer
En la Biblia se relatan distintas versiones sobre la creación del hombre.
En una, Dios crea primero al hombre y luego a la mujer. "Entonces Yahveh Dios formó al hombre con polvo del suelo, e insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente." (Génesis 2.7) "Dijo luego Yahveh Dios: «No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada.»" (Génesis 2.18) "Entonces Yahveh Dios hizo caer un profundo sueño sobre el hombre, el cual se durmió. Y le quitó una de las costillas, rellenando el vacío con carne. / De la costilla que Yahveh Dios había tomado del hombre formó una mujer y la llevó ante el hombre. / Entonces éste exclamó: «Esta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne.
Esta será llamada mujer, porque del varón ha sido tomada.»" (Génesis 2.21). De acuerdo con esta versión de la creación en la Biblia, se considera que la primera mujer fue hecha de una costilla del hombre, para que éste no estuviera solo.
La otra interpretación, surge del significado de la palabra hebrea tzela, que puede ser traducido como “costilla” o “mitad”, dice que Adán era un ser hermafrodita.
Cuando vino el momento de buscarle un interlocutor, se creo a Eva, practicando un corte vertical. O sea que el primer hombre poseía en su ser, tanto la masculinidad como la femineidad, así todo se llamaba Adán y no Eva. Según esta interpretación, surgimos como consecuencia de los deseos de la parte masculina de ese ser llamado Adán, hombre. Seguimos supeditadas a su voluntad, Adán manifestó una necesidad, fuimos separadas de su ser (como la costilla) para ayudarle, él así lo deseo, él sigue siendo origen en la creación y nosotras aparecemos supeditadas a sus necesidades intelectuales y reproductoras.
Por si esto fuera poco, el fruto con que Eva tentó a su pareja, aparto del Paraíso a toda la Humanidad y fuimos condenadas, entre otras cosas, a padecer los dolores del parto. Seguimos acumulando y pagando culpas. Dicen estudios realizados, que el fruto de la discordia, no era una manzana, esa fruta no existía en la zona donde supuestamente estuvo situado el Edén. La equivocación procede de un editor bíblico que tradujo malus-malum (mal o fruto) por manzana.
Desde entonces, el fruto prohibido es la manzana. Para los judíos se trata de un higo, una nuez o una algarroba; para los ortodoxos, de una naranja.
Los protestantes inculpan a la miel, y los musulmanes creen que se trataba de un vaso de vino ofrecido por Eva a Adán.
En lo que todos se han puesto de acuerdo, o cosa rara, es en la culpabilidad de Eva, responsable de este destierro masivo. Eva la intrigante, la curiosa, la costilla, la mala mitad, la mujer.
María Magdalena no corrió mejor suerte que sus antecesoras, es mostrada en la historia bíblica como prostituta, profesión que aparece con la puesta en escena de la propiedad privada y considera el cuerpo de la mujer una mercancía que se puede adquirir mediante el pago. La iglesia, dirigida por hombres la lleva al ultimo peldaño en la escalera moral que ellos mismos han creado, la colocan a su servicio para satisfacer la libido. María Magdalena, la pecadora, la sucia, la prostituta.
En el Medioevo se llegó a discutir entre hombres, si la mujer poseía o no alma.
Mientras los señores feudales discutían, obligaban a las mujeres a utilizar el cinturón de castidad, imponían el derecho de pernada y perseguían a las brujas, para quemarlas en piaras.
La mayoría de las víctimas quemadas durante la edad media, acusadas de practicar la brujería, eran mujeres, muchas de ellas parteras que poseían conocimientos de como prevenir o cortar los embarazos.
Eran sin lugar a duda una amenaza para la iglesia, el episcopado y el poder del hombre. Estas mujeres nos entregaban poder de decisión sobre nuestra vida, nos enseñaban como controlar nuestro cuerpo. Una mujer inteligente, que sobresalía por sus cualidades, era una amenaza para el macho y rompía con el esquema del papel que gentilmente la ideología dominante nos adjudico. Había que asegurar el control sobe la sexualidad de la mujer y el control sobre la propiedad privada de los genes del padre. Eva mordía otra vez el fruto del conocimiento, ponía en peligro el poder que la Iglesia ejerció y sigue ejerciendo sobre nosotros. Fuimos condenadas a ser menores de edad, a pasar de la tutela del padre a la del marido por siempre jamás. Parir, servir y callar.
Tomás de Aquino nos ve como una deficiencia de la naturaleza, de menor valor y dignidad que el hombre, afirma que este ha sido creado para la obra más noble, la de la inteligencia; mientras que la mujer fue creada con vista a la generación. Somos, según afirmó, necesarias para el acto de reproducción, pero el hombre podía haber sido ayudado más adecuadamente por otro hombre. La imagen que la iglesia impone sigue siendo la de la mujer tentadora, débil, pecadora, sacada del hombre y creada para él, un útero, una herramienta.
Los personajes bíblicos son, paradigmas, ejemplos individuales, cuyas vidas sirven para definir un ideal que acarrea consecuencias de orden moral y ético para el comportamiento humano. Ha pasado mucho tiempo y a pesar de que hemos evolucionado enormemente en el plano técnico y científico, aún en países desarrollados del primer mundo sigue habiendo notorias diferencias entre ambos sexos. Aunque las mujeres hagamos un trabajo igual o similar al del hombre, la mujer gana generalmente menos dinero. No accede de la misma manera a puestos de poder, lleva en muchos casos el apellido del marido, es víctima de violencia doméstica y de violaciones sexuales, etc. Un hombre, a través de la iglesia, sigue imponiendo sus reglas de macho en nuestro mundo, decide sobre nuestros cuerpos, nuestra salud, nos trata como recipientes, prohíbe el uso del preservativo, prohíbe el aborto. Como si le perteneciéramos, como si no tuviéramos capacidad de decisión sobre nuestras vidas, sobre nuestros cuerpos.
¿Pueden los hombres que sustentan el poder, puede el papa y su sequito, asegurarle a esos millones de niños que vienen al mundo a comer basura, a vagar sin rumbo fijo, a morir de sida y otras enfermedades, un presente digno, un futuro? ¿Se harán cargo estos ilustres señores que prohíben el uso de preservativos, que condenan el aborto, de criar a esos seres sin rostro?
¿Serán capaces, en nombre de Dios, de repartir su oro y riquezas entre los que nacen en nombre de la Iglesia?. No, seguirán amenazando con un castigo eterno, blandiendo la moral desde sus tronos, desde un lugar tan alto que no distinguen la vida que corre descalza, la que lucha por un día más, la que se desangra en manos de una curandera.
Llegó el tiempo de rescatar a la verdadera mujer, una responsabilidad que tenemos que enfrentar las mujeres, unidas, cada una en sus propias circunstancias.
Para
ello no sólo tenemos que destruir la imagen que la mujer tiene sobre sí misma, tenemos que sacudirnos la carga de una historia pasada, una historia que no fue escrita por nosotras. Hagamos oír nuestras voces, escribamos nuestra propia historia de la cual somos protagonistas, Hoy, como siempre las mujeres tenemos mucho que decir, y las que podemos alzar nuestras voces somos responsables de hacerlo, no solo por nosotras, sino por todas aquellas mujeres que por problemas sociales. culturales, religioso o políticos no lo pueden hacer.
Veronika Engler (2004)
Dibujo de Paula Engler
 Qué fácil srería poder creer en Dios
Quiero aclarar que respeto las creencias religiosas de las personas, siempre que considero que dichas creencias ayudan a que esa persona viva mejor o se desarrolle. Pero a veces no puedo evitar que surja el tono sarcástico cuando el razonamiento me dice que los propios hombres inventamos las reglas y religiones según las distintas necesidades en las distintas épocas y endilgamos a seres superiores nuestra bestialidad. O será como lo del huevo y la gallina. ¿es Dios quien nos creo depredadores, a su imagen y semejanza, o somos nosotros los que creamos a un Dios en el que nos podamos reflejar y al que podamos responsabilizar de nuestra cruda barbarie?.
Perdonen entonces mi sarcasmo…, con todo respeto.
……………………………………………………………………………………………….
Que fácil sería poder creer en Dios, ser vacunada con la anestesia de la religión, dejar que otros piensen por mi, que marquen la frontera entre el bien y el mal, que guíen mi camino. Sería como volver a la infancia mental, digo mental porque sin cirugía no creo que mi cuerpo siga por el mismo rumbo. Cuantos dolores de cabeza me ahorrare al convertir esta creencia en la explicación de todo lo que no alcanzo a comprender y que alivió saber que puedo arrepentirme de todo lo malo que he hecho y haré en mi vida, justo antes del momento de morir. Con ese pasaporte se abrirán las puertas del cielo y mi mente atormentada de tanta duda e interrogantes podrá descansar del bullicio de ideas que me atormentan.
Podría inclusive ante estas perspectivas, hacer la vista gorda a las ”pequeñas” contradicciones del catolicismo, fingir por ejemplo, que no me afecta el lugar que la religión ha dado a la mujer, olvidarme de la inquisición y las demás bestialidades cometidas en su nombre, o simplemente ignorar el hecho de que nos siguen oprimiendo en nombre de ella, al fin y al cabo, como simple costilla que soy no tengo mucho que esperar y si María Magdalena fue puesta en su lugar no creo que corresponda que yo me ponga a exigir cosas raras.
Tampoco me va a molestar ver pobreza, ya que de ellos será el reino de los cielos, así que solo se trata de que aguanten un poco las vicisitudes de esta vida terrenal y después al paraíso. Además, la iglesia los ayuda gentilmente a conseguir su lugar allá arriba con mayor ligereza y eficacia, un mero ejemplo es la prohibición de utilizar condones en países pobres, esto ha hecho que las mujeres se llenen de hijos que no pueden alimentar y que mueren como moscas, de este modo el cielo se provee de angelitos. Perdón, pero no me interesa entrar en la discusión de si hay o no ángeles negros, por lo tanto les aclaro que parece bastante obvio que el alma va al cielo y allí le dan un nuevo recipiente con forma de querubín regordete y rubio para que no desentone con la blancura inmaculada de las santas, santos y nubes.
Los que no mueren de hambre mueren de sida o otras enfermedades, es de esperar que por sus sufrimientos hayan ganado un buen lugar, que bien merecido lo tienen. Y no nos olvidemos de las guerras, todas ellas, las que se han llevado a cabo en nombre de Dios y también las que se desarrollan en nombre del hombre (¿o acaso no estamos creados a imagen y semejanza de e nuestro Padre?).
De esta forma se demuestra que la iglesia tiene toda su estructura fríamente calculada, por el bien de la humanidad y el correcto funcionamiento del cielo.
Como
yo no soy pobre, ni enferma y gozo de bienestar, los voy a ir dejando ya que mi parcela la habré de pagar con oraciones, penitencias y lo más importante, alguna que otra jugosa donación.
Amen
Veronika Engler
Paula Engler
 La escritura
|
Desde que escribo lo que siento duele menos el alma, pero lloro más. Tengo un contacto fluido con el ermitaño que habita en mi pecho y he logrado sacarlo a pasear entre la gente. Revuelvo en las maletas del pasado, busco un recuerdo empolvado que pulcramente doble y lo traigo al ahora. Las calles que recorro son a veces estrechas y los mapas se complican con una geografía escabrosa en la que me pierdo.
Escribir cura el sentir, sana los dolores, es bálsamo para las heridas e intimida a los monstruos que se esconden en las pesadillas. Me reconcilia con la persona que soy ahora sin desligarme de la que fui en otras etapas de mi vida. Disfruto de cada sílaba que se desliza al papel para formar garabatos de ideas, las siento deslizarse desde mi cabeza cansada hasta la punta de los dedos que tocan el teclado y las veo convertirse en palabra. Dibujadas en la pantalla, se enhebran con otras hasta formar prosas o poesías, espejos de mis pensamientos. Con luz de luna pinto poemas de amor, esos que huelen a hierba buena y se trepan por mi piel en amaneceres de luz anaranjada. Con agua de mar disfrazo las lágrimas que arrastran olas de años pasados y peces de dos cabezas. Con ramas de sauce mezo la nostalgia de la infancia y hamaco las horas que se fueron y que no van a regresar. Con furia, muestro las uñas ante la injusticia que nos atropella en días en que todas las estrellas parecen fugaces y opacas. La alegría estalla con ruidos, colores y sabores que regocijan mi pecho, tiene la sonrisa de mis hijos y los ojos de los seres que amo en el rostro, le doy uvas, viento, sol y música, para que se alimente y crezca sana entre mis libros y papeles.
|
|
|
Arreglo de Paula Engler
 Gerundiando
Al igual que enanos furtivos, estos gnomos del lenguaje pueblan mis textos, los enlentecen, le quitan la fuerza que quiero adjudicarles. Se las arreglan para pasar inadvertidos ante mis ojos y se multiplican, crecen de tal manera que cuando atino a darme cuenta, están desparramados por doquier, cumpliendo con su labor nefasta.
Por más que razono sobre la mejor forma de exiliarlos, por más que intento desterrarlos del mundo de mi escritura, vuelven porfiados a entorpecer mi labor. Ante el menor descuido, se cuelan, invaden mis torpes creaciones para mirar burlones desde ellas y reír ante mis fallidos intentos de controlar los verbos. En su carácter adverbial no son mejores, pretenden trascender al tiempo, traen su afectada pompa a mis modestos textos para convertirlos en vulgares desconciertos.
Estas criaturas tienen la propiedad de sacarme de quicio, trepan por mis ideas conscientes de que aún tienen cierto dominio y se entregan a orgías y fiestas que no puedo controlar.
Llevo desde hace tiempo una guerra sin tregua con ellos, no conformes con poblar mi escrituras han comenzado a visitar mis sueños. Tengo miedo de despertar un día y ver mi lenguaje convertido en un balbuceo durativo, sin pasado ni futuro, sin tiempo. No quiero pasar por esta vida anhelando, sufriendo y corriendo.
|
|
|
 |
|
|
|