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El momento del deseo es ahora, en este instante, no mañana ni ayer, ahora; en el segundo comprendido entre mis dedos y la caricia, el tacto de mis manos y tu piel.
La sensación de anticipo a tu beso nada en mi boca y mis papilas se aprestan a percibir tu sabor, a dar sentido a mi saliva, voy a envolver con mi lengua la tuya, ávida de profundas humedades. Buscare un ritmo acorde a tu pulso, que crezca en intensidad hasta arrancar de tu callada alma el más profundo gemido.
Quiero que me hundas en un mar de espuma y tempestades, quiero que me muestres el camino que solo recorreré de tu mano, acompáñame de regreso. Y cuando transgredamos las reglas que jamás se han escrito, quiero de nuevo comenzar a sentir tu perfume, que se mezclará con el mío hasta la locura.
Cuando un sueño arde como una pira brillante e inmensa, se levanta hasta el fondo mismo de los deseos y pasa todas las fronteras, como una flecha de fuego rompe todos los límites, como látigo incandescente para arrebatarnos la razón y liberar los sentidos, derrama la lava que dormía en mi volcán y sus chispas saltan, naranjas, rojas, hasta tocar mi piel, que se incendia, toda, toda… irremediablemente toda.
Cuando un suspiro nace en lo profundo de un sueño y cruza el éter con el sigilo de una nube blanca, caigo en la cuenta de la mullida suavidad que adquieren mis labios cuando pienso en el sabor de tu boca, neutro y tibio, siento tu beso de forma tan nítida, tan húmeda, que me mojan todos los ríos y mares que alguna vez he visto.
Y cuando floto en esos pensamientos, tocan mi piel los vientos, regidos por los puntos cardinales, dirigidos por tus manos sabias, convertidos en dulces caricias, que me conocen, que saben iluminar cada palmo de mi piel y despiertan los nervios que ella cubre, aceleran los torrentes que me dan vida y no puedo más que fluir hacia ti.
Paula Engler
Qué fácil srería poder creer en Dios
Quiero aclarar que respeto las creencias religiosas de las personas, siempre que considero que dichas creencias ayudan a que esa persona viva mejor o se desarrolle. Pero a veces no puedo evitar que surja el tono sarcástico cuando el razonamiento me dice que los propios hombres inventamos las reglas y religiones según las distintas necesidades en las distintas épocas y endilgamos a seres superiores nuestra bestialidad. O será como lo del huevo y la gallina. ¿es Dios quien nos creo depredadores, a su imagen y semejanza, o somos nosotros los que creamos a un Dios en el que nos podamos reflejar y al que podamos responsabilizar de nuestra cruda barbarie?. Perdonen entonces mi sarcasmo…, con todo respeto.
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Que fácil sería poder creer en Dios, ser vacunada con la anestesia de la religión, dejar que otros piensen por mi, que marquen la frontera entre el bien y el mal, que guíen mi camino.
Sería como volver a la infancia mental,
digo mental porque sin cirugía no creo que mi cuerpo siga por el mismo rumbo. Cuantos dolores de cabeza me ahorrare al convertir esta creencia en la explicación de todo lo que no alcanzo a comprender y que alivió saber que puedo arrepentirme de todo lo malo que he hecho y haré en mi vida, justo antes del momento de morir.
Con ese pasaporte se abrirán las puertas del cielo y mi mente atormentada de tanta duda e interrogantes podrá descansar del bullicio de ideas que me atormentan.
Podría inclusive ante estas perspectivas, hacer la vista gorda a las ”pequeñas” contradicciones del catolicismo, fingir por ejemplo, que no me afecta el lugar que la religión ha dado a la mujer, olvidarme de la inquisición y las demás bestialidades cometidas en su nombre, o simplemente ignorar el hecho de que nos siguen oprimiendo en nombre de ella, al fin y al cabo, como simple costilla que soy no tengo mucho que esperar y si María Magdalena fue puesta en su lugar no creo que corresponda que yo me ponga a exigir cosas raras.
Tampoco me va a molestar ver pobreza, ya que de ellos será el reino de los cielos, así que solo se trata de que aguanten un poco las vicisitudes de esta vida terrenal y después al paraíso. Además, la iglesia los ayuda gentilmente a conseguir su lugar allá arriba con mayor ligereza y eficacia, un mero ejemplo es la prohibición de utilizar condones en países pobres, esto ha hecho que las mujeres se llenen de hijos que no pueden alimentar y que mueren como moscas, de este modo el cielo se provee de angelitos. Perdón, pero no me interesa entrar en la discusión de si hay o no ángeles negros, por lo tanto les aclaro que parece bastante obvio que el alma va al cielo y allí le dan un nuevo recipiente con forma de querubín regordete y rubio para que no desentone con la blancura inmaculada de las santas, santos y nubes.
Los que no mueren de hambre mueren de sida o otras enfermedades, es de esperar que por sus sufrimientos hayan ganado un buen lugar, que bien merecido lo tienen. Y no nos olvidemos de las guerras, todas ellas, las que se han llevado a cabo en nombre de Dios y también las que se desarrollan en nombre del hombre (¿o acaso no estamos creados a imagen y semejanza de e nuestro Padre?).
De esta forma se demuestra que la iglesia tiene toda su estructura fríamente calculada, por el
bien de la humanidad y el correcto funcionamiento del cielo.
Como
yo no soy pobre, ni enferma y gozo de bienestar, los voy a ir dejando ya que mi parcela
la habré de pagar con oraciones, penitencias y lo más importante, alguna que otra jugosa donación.
Amen
Paula Engler
Al igual que enanos furtivos, estos gnomos del lenguaje pueblan mis textos, los enlentecen, le quitan la fuerza que quiero adjudicarles. Se las arreglan para pasar inadvertidos ante mis ojos y se multiplican, crecen de tal manera que cuando atino a darme cuenta, están desparramados por doquier, cumpliendo con su labor nefasta.
Por más que razono sobre la mejor forma de exiliarlos, por más que intento desterrarlos del mundo de mi escritura, vuelven porfiados a entorpecer mi labor.
Ante el menor descuido, se cuelan, invaden mis torpes creaciones para mirar burlones desde ellas y reír ante mis
fallidos intentos de controlar los verbos. En su carácter adverbial no son mejores, pretenden trascender al tiempo, traen su afectada pompa a mis modestos textos para convertirlos en vulgares desconciertos.
Estas criaturas tienen la propiedad de sacarme de quicio, trepan por mis ideas conscientes de que aún tienen cierto dominio y se entregan a orgías y fiestas que no puedo controlar.
Llevo desde hace tiempo una guerra sin tregua con ellos, no conformes con poblar mi escrituras han comenzado a visitar mis sueños. Tengo miedo de despertar un día y ver mi lenguaje convertido en un balbuceo durativo, sin pasado ni futuro, sin tiempo. No quiero pasar por esta vida anhelando, sufriendo y corriendo.
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