Escribir poesía es un rito privado, intimo, una manera de desnudar el alma y mostrar lo que en ella habita, una forma de coquetear con las pasiones, la llave que paulatinamente abre la puerta hacia el misterio. Transformo las ideas y sentimientos en palabras que forman frases, espejo de mis emociones. Entonces, esos vocablos adquieren un significado distinto, un poder distinto, son arcilla cada vez más moldeable en mis manos. Llegan hasta mi recuerdos que dibujo en letras, pintando sobre el papel un paisaje verbal, mágico, donde se aglomeran llantos y risas, pequeños trozos de mi existir, tan triviales y a la vez tan magnos como una gota de poesía. En ese instante de creación, me siento un nigromante capaz de convertir las oraciones en pájaros que vuelan hacia el horizonte de mis limitaciones y lo traspasan como flechas de fuego. La taumaturgia de esta metamorfosis no tiene restricciones, llueve sobre mi polvo de estrellas y mis pies son alados corceles capaces de llevarme a otros mundos.
Hálito
Corta el aire tu aliento,
se detiene el tiempo
y surge desde tu boca
la voz fresca del viento.
Pierdo pie en mi retórica
caigo a tu merced desnuda,
percha de un cuerpo vacío
en pos de una estampa muda.
Huyen de mi las ideas,
débil estoy, sin trampas,
más frágil, más vulnerable
ante el sonido de tus palabras.
Janaína
Luminoso tambor del cielo,
hechizo de encanto frágil,
de blanca lonja vestida asoma
a punto de parir la luna.
Sueños, son de candombe,
repique de lluvia fresca,
por la ventana entra
la luz pintada de blanco.
Llegas triunfal, como una reina,
perlas de rocío te coronan,
dueña en un segundo eterno
del arco iris y sus colores.
En la inmensidad de un instante
pasas a ser real, auténtica
estas aquí, pequeña pero cierta,
niña que llegó con luna llena.
Gamines
Palabras, tristes gamines
perdidos en pensamientos
de enredados laberintos
de mares y desconciertos.
Con ojos de asombro
miran la luna blanca,
en espejo de confusiones
regresa el sol a mi alma.
Mermados en mil divagues
tienden a desaparecer,
no saben de horas y días
no conocen el placer.
Hijos de sueños noctívagos
y seres de este mundo,
alterego eterno,
ambrosía de mi sed,
abalorios de colores
que viajan a mi merced.
Perdidos en ambagues
buscan lo sideral,
el parentesco con Dioses
que los hagan resucitar,
a Calíope evocan en voraz apetito
a Eratos llaman con incierto afán.
Mas son tan terrenales
que no los podrán salvar
ni acidalios conjuros
ni sueños de libertad.
Surco
Herida, surco, grieta del alma,
dolor, duele y sangro un líquido espeso
que por mis venas viaja, mata cuando pasa,
el corazón estalla mustio, sordo, mudo.
Veo a la niña, me veo, yo soy ella, pero no es cierto,
lloro a mares por dentro, ella también llora
un llanto seco que araña el pecho
y me hunde en silencioso grito.
Desespero por tocar tierra,
por evitar el vuelo y la caída
que me tira hacia lo profundo,
donde no me encuentro, donde me pierdo triste
en mi tristeza buena, mi compasión ridícula, mi condena.
Incapaz de salir a flote, de pelear esta guerra
enfrentando la batalla con mi pasado, con mi soberbia,
esta ponzoña, este veneno que alimenta mi insuficiencia
con aspereza, con prematura muerte.
Duelo de muertos vivos, no se escuchan ni entienden,
se desesperan, viven en mi, pero es quimera.
Hilo de cometa
Inquilino de mis sueños,
dueño de las constelaciones
que firmaron el pacto
entre tus manos y mi piel.
Pandemónium de vida,
aún más, aún después
del cúmulo de ansiedades
que sazonan mis heridas.
Te busco en interludios
cada vez más cortos,
para no encontrarte
en mis fatigados recuerdos,
efímeros retazos
de vuelo de cometa,
de lágrimas condensadas
en la diadema de diamantes
que coronan el remoto
espejismo de tu cuerpo.
Naufrago
Ebria de dudas viajo
con mi maleta pequeña,
midiendo voy los caminos
que el alma bordean.
Tiro botellas de naufrago
con el fin de que las veas,
pero perecen en la corriente
del mar que me rodea.
Isla soy y balsa en la tormenta,
perseguida por los sueños
que en las noches aletean.
Siempre otoño
Lírica gota de poesía transparente
resbala por la nervadura de una hoja,
para rodar por mi mejilla
en tibia lágrima convertida.
Rocío, me despiertas
para volverme otoño eternamente,
otoño en tu jardín de inviernos,
otoño en la vieja fuente,
invierno, pero siempre otoño
en cada lugar de mi mente.
Isa
Cambia el sentido a las palabras,
saca el mundo del pañuelo.
Grita cuando quieras hacerlo
y corta todas las flores secas.
El arco iris es ilusión,
espacio para los cuentos
o las fábulas que son de arena
y corren por la Vía Láctea.
Tus sueños son pájaros
que se remontan en lo alto,
y tú, bella paloma mía
vuelas para atraparlos.
Muerte
Fiera salvaje, no corras
no rujas desde el alma.
Tu vuelo se hace corto, y caes
sobre un cielo negro
de estrellas salpicado.
No luches con la muerte,
la ajena se hace tuya
y más profunda.
Por la ventana abierta
diviso campos de trigo
donde brota la mies,
en guijarros informes
tu la guardas, yo la como,
y mastico tu miedo.
Mientras aprieto los dientes
concibo el infinito,
y más breve, la vida
es apenas una nota,
tu, pobre mortal
no oyes mas que el preludio.
El manto que me cubre
no es de tela,
sólo de hojas secas,
como tus ojos,
desde el fondo abiertos.
Dos estrellas sin brillo
dos puñados de sal,
dos desiertos.