Un lugar sin duendes e Y conjunción copulativa, para que las palabras se hagan el amor

Portada del libro (Henry Engler, arreglos de Paula Engler)

Sobre el libro

Un lugar sin duendes , es el nombre del libro que comparte el lomo con el libro de Hernán Poloni Y conjunción copulativa, para que las palabras se hagan el amor, que fue presentado en Uruguay en el 2008.  El libro se presentó en Paysandú, Montevideo, Salto, San Javier, Durazno y Florida, en ese orden.

Un lugar sin duendes, es un libro de características personales,  trata de los sentimientos que despertaron a raíz de las vivencias en época de la dictadura militar en Uruguay, el viaje a Suecia, los hijos, la vida y la muerte.

Está escrito en versos, prosa poética y relatos.

El dibujo de la portada, es un arreglo, hecho por mi hermana (Paula Engler) de la tarjeta que mi padre me envió desde la cárcel en el año 1973, poco tiempo después de caer preso, la poesía de su autoría (publicada en esta página), da comienzo al libro para ubicar al lector en una fecha muy especial de nuestra historia. Sigue con versos y prosas, algunos de ellos escritos desde el pecho de una niña que intenta comprender una situación determinada,  en un momento muy especial de nuestra historia y que continua con el desarrollo de su vida en otro país. Las ilustraciones, son fotografías arregladas como  dibujos por mi madre (Cecilia Chiribón).


El libro se puede adquirir en las librerías de Uruguay.

Por Internet en:
 Entre Libros:
http://www.entrelibros.com.uy/cgi-bin/entrelibros/buscar/4971514600?isbn=9789974963900&funcion=ver

O en Corazón al Sur:
http://www.corazonalsur.com/carrito/index.php?ProdId=4836&Qty=1

Sobre el libro

La República, 13 de abril del 2008.

Contemporáneamente, la poesía afronta una suerte de terrible orfandad, originada por una cuasi dramática pérdida de sensibilidad individual y colectiva.

Este género, que otrora gozó de justa valoración y prestigio, es recurrentemente ignorado por el mercado, que casi siempre se rige por las inmutables reglas de la oferta y la demanda.

En el caso de nuestro Uruguay, esta tendencia al ninguneo suele ser bastante notoria, relegando a los jóvenes cultores de poesía a una situación de virtual marginalidad cultural.

Las ediciones, casi siempre de autor, sólo esporádicamente son exhibidas en los anaqueles de las librerías, lo que condena a estos pasionales héroes de las letras a un exasperante anonimato.

Sin embargo, desafiando todas estas adversidades, la producción poética nacional crece incesantemente, corroborando la inteligencia y el genio creador de los escritores uruguayos.

"Un lugar para los duendes" y "Conjunción copulativa, para que las palabras se hagan el amor", reúne, en un mismo volumen, una selección de composiciones poéticas de Verónika Engler y Hernán Poloni Grauer.

Este itinerario compartido permite descubrir dos sensibilidades diferentes, pero unidas por la pasión común de la creación mediante el siempre complejo formato poético.

En este libro, cohabitan el dramático verso de una mujer abrumada por el dolor de la larga prisión de su padre, con el sensible vuelo existencialista de un temperamento confrontado a las más cruciales incertidumbres humanas.

La obra de Verónika Engler, que es inaugurada por un poema concebido en pleno confinamiento por su padre Henry Engler, trasunta el trauma provocado por la separación del ser querido y otras inflexiones derivadas de los fantasmas de la historia reciente.

En tanto, la obra de Hernán Poloni explicita las tribulaciones de un poema desencantado, que retrata la realidad mediante un lenguaje tan sensible como desgarrador.

Más allá de meras identidades creativas, ambos escritores corroboran la incuestionable vigencia de la poesía como envase catalizador de dolores y afectos y contundente retratista de experiencias vivenciales.

http://www.larepublica.com.uy/cultura/306897-un-lugar-sin-duendes

El Telegrafo (Paysandú)

Engler-Poloni presentaron libro en el Club Paysandú

En el salón de los espejos del Club Paysandú y ante nutrida concurrencia, los escritores uruguayos Verónika Engler y Hernán Poloni presentaron su libro «Un lugar sin duendes» e «Y». Decimos sus libros porque son dos obras reunidas en un solo volumen en una forma original.


Esta presentación estuvo promovida por la Junta Departamental con el apoyo incondicional de Ana María San Juan y la directiva del Club Paysandú y el Instituto Anglo Uruguayo. Junto a los autores estuvieron presentes Milton Nan y Ana Cabrera Uhalde.

Nan agradeció a quienes hicieron posible este acto cultural. Por su parte Cabrera destacó la invitación a esta velada: «Hoy nos honra al invitarnos a compartir con Paysandú ‘Un lugar sin duendes’, que editó junto al autor también uruguayo Hernán Poloni Gruler, quien nos regaló su poesía en ‘Y’, conjunción copulativa para que las palabras se amen. Esta noche no haremos una presentación académica de los libros, simplemente a través de nuestro sentir, intentaremos transmitir lo que los escritores quisieron contarnos». Poloni expresó: «Tengo el honor y orgullo de compartir este libro —mejor dicho compartir un logotipo como decimos con Verónika—, aunque de verdad son dos libros. Nos conocimos en 2006, compartimos vivencias de libros anteriores; ella escribió ‘Numen’, yo había escrito con mi padre Ariel Poloni Dabalá, algo que no era poesía, aunque a mí me gusta la poesía. Intercambiamos libros, cada uno tuvo su libro propio, hicimos contacto para imprimirlo para ediciones de autor. Para mí es importante haberlo hecho con Verónika, es el hecho de hacer algo colectivo. El libro que yo escribí trata del individualismo. Me dijeron que lo sacara, pero no lo saqué».

Luego desarrolló varias anécdotas a propósito de sus poemas y del título. Anotó que es docente y adscripto en Secundaria en un liceo del Rincón del Cerro en la zona rural de Montevideo, donde trabaja porque le gusta. También destacó: «Yo escribo para sentirme vivo y lo disfruto».

Nan dio lectura a cartas desde la prisión escritas por el padre del poeta Poloni.

Cabrera Uhalde presentó a Verónika Engler, quien en breves palabras expresó: «Tengo un montón de gente a quienes agradecer, por suerte. A Ana María San Juan, a Milton y a Ana (Cabrera), a la Junta Departamental, a los amigos que vinieron de lejos. No les hablaré del libro, sino leeré algo que escribí sobre la fuente -¿se acuerdan?- que teníamos en la plaza Constitución». Luego dio lectura a su texto titulado exactamente «La fuente». Posteriormente Cabrera y Nan leyeron otros textos y poemas de Engler, intensa y calurosamente aplaudidos, por el hondo contenido vivencial de los mismos.

http://www.eltelegrafo.com/notas/loc_30-3-08.htm

Textos de "Un lugar sin duendes"

A Veronika

 

No importa.

Será más adelante,

pero quiero que lo leas

algún día.

 

Era una tarde clara aquella

El sol,

por la ventana abierta de mi celda

curiosos cuadraditos de luces

componía

 

………………………………….

 

Dentro de un rato

ese viejo juguetón

de largas barbas

amarillas

sumergirá sus ingles rojas

en el horizonte

y el manto de la noche

cubrirá este día.

 

Cuando ello ocurra,

estarás acostada ya

en tu cuarto

observarás el techo

con tus celestes ojos

de melancolía

y al sacudir el llanto

tu rubia cabecita

germinará una lágrima

del cristal más puro

para bajar temblando

por el pálido marfil

de tu mejilla.

Mil cosas te preguntarás entonces

porque es difícil

comprender

con siete años

los complejos laberintos de la vida

 

Sé bien que tus regresos

desde la escuela

o de la casa de los abuelos

de pronto

tan vacía

buscarán

casi inconscientemente

la presencia mía.

Lo vi en tus ojos,

durante la visita

mientras me preguntabas

cuando regresaría

poniendo entre mis manos

las tuyas

pequeñitas.

 

Todo es difícil

ya ves,

continuamente una despedida

pero debes saber

que lo terrible;

aquello que jamás

perdón admitiría,

sería que al volver a casa

(en esta fecha precisa)

me encontraras allí

de pie, o bien, sentado

indiferente

ante el llamado desgarrado de una tierra

que el sacrificio

fértil

de sus hijos exigía.

 

Henry Engler (1973)




Insomnio  

 

Me aventuro hacia lo desconocido

espero hundirme en sueños y huir

mis ojos abiertos miran el techo

con asombro absorto descubro

que es blanco en mi memoria

gris entre penumbras.

Sombras inquietantes danzan a mi alrededor

acechan desde los rincones

sus rostros escuálidos sin facciones

escudriñan en busca del miedo

mi lecho inhóspito

no quiere arrullar ni abrazar mi cuerpo

la respiración demora el tiempo

enmudezco por un instante

que dura una eternidad

cuento los pasos que no doy

girando hacia la nada

de un lugar sin duendes.

 


 

Reverso

 

     Desde la orfandad de mis ojos te pienso y sufro. En el dolor húmedo crecen, como hongos, preguntas que resbalan por el tobogán del techo y buscan en vano, a través de la ventana, respuestas en las estrellas.

     Quiero creer que estás allí, lejos, tan inalcanzable para tus carceleros como para mí lo eres; quiero perder conciencia de la tortura que sufres, del tormento de estos días grises de desconcierto.

     Puedo volverme sombra, deslizarme por las paredes, o transformarme en oído para presentir en las voces aterradas matices nuevos.

     Deseo encontrar un lugar único, más allá de la vida que nos ata y nos hace mezquinos, más allá de la verdad y la mentira, más allá del engaño de la muerte.

     Te guiaré, toma mi mano y cierra los ojos, no tengas miedo, olvidarás el camino de regreso, no volverás a la oscuridad fría de la celda. No podrán separarte de mi lado, nadie nos hará daño, ni nos meterá en la bolsa de la incertidumbre.

     Los días son un reloj de poca cuerda, cuyo pegajoso sonido me desvela, me asusta. Ven, apúrate, apaguemos todas las luces del amanecer, encendamos las estrellas, una por una, para que te refugies en mis sueños. Deja que te proteja de los monstruos de botas negras y llamas de muerte en la mirada.

     ¿No te das cuenta de que estoy llorando? Mis lágrimas mojan la almohada y forman un río que me lleva lejos. No dejes que despierte. Puedes volar en mis sueños, atravesar muros de piedra y rejas si tomas mi mano, si cierras los ojos, si crees.

 

     He sentido, siendo niña, el sabor de la pena, profunda y asfixiante, la impotencia y el odio. Odio árido que se come el miedo, lo mastica y sustituye, en hábil maniobra de supervivencia, por orgullo, soberbia, autosuficiencia.

     Descubrí que de tanto anhelar tu presencia, la realidad se convirtió en un sueño, inventado por una niña, desde la orfandad de sus ojos verdes.    


 

Viento

 

El ábrego sopla mi ilusión

abjurando de los sueños

abocando la fantasía mutilada

de un momento que quedo lejos

lo mastique con otra boca

lo padecí en otro silencio.

 

Ahora rompe la alcancía

repleta de desconciertos

para traer latitudes

que aún llevo dentro

para remover recuerdos

y aires que hacen daño.

 

Surge del silencio

del límite del sentido

donde acojo lo bueno

donde escondo puñales

donde oculto lágrimas

en copas de desvelo.

 

Ahora sin dar aviso

pretende llevarme lejos

por caminos no pisados

durante tanto tiempo

que no sabré defenderme

ni encontraré el regreso.

 


1973

 

Del fusil salió la bala

que rompió la vida

y la tiñó de muerte

se mancho el día de sangre

y detuvo el tiempo en la Moneda

estático quedaste, país mutilado

mudo en tu grito de pena

triste, mudo y angustiado

Diste un último suspiro

en un fúnebre instante

y tu sacrificio se convirtió

en libro, canto,  bandera

de tu pueblo el estandarte.

Cuanta muerte…

cuanto cielo acorralado

allí donde limita la agonía

estas tu, Chile hermano

para compartir tus héroes

tu historia y tu pasado

para buscar verdades

y construir futuro

codo a codo, mano a mano.

No existe la palabra olvido

para quien te ha amado

el alma vuela libre

con la palabra al lado.

Ese 11 de setiembre

cuando Chile agonizaba

te volvías historia

de tus hombres, de tu patria

de toda nuestro querido

continente latinoamericano.

 

 

 


 

Mal sueño

 

 

          Intento correr de prisa por un campo amarillento, siento cada latido del corazón sonar más fuerte, más rápido. Mis piernas blandas se doblan frustrando cada intento de dar un paso, tiemblan, ceden bajo mi peso. Son anclas que no puedo mover, pongo toda mi concentración en ellas, levanto el pie izquierdo, uno, dos, cinco centímetros del suelo, pero cae a tan sólo una cuarta del otro. El peligro acorta la distancia, lo presiento más cerca, lo oigo respirar a través del viento. Estoy muda, transpiro, mis esfuerzos se concentran en emitir un grito, pedir ayuda, la voz se estrangula en mi garganta, no salen de ella más que bocanadas mudas de aire. El pegajoso sudor tibio se convierte en escarcha. Cuando creo que voy a morir despierto.

 

     Mis ojos tardan un instante en acostumbrarse a la oscuridad del cuarto, escucho el sonido de los automóviles que transitan por la calle y el tranquilizador tic-tac del reloj al que mi corazón se acompasa. Agudizo mi oído para percibir sonidos del resto de la casa, no oigo nada. Todos están durmiendo. Tengo la garganta seca, me cuesta tragar saliva, retiro las mantas de la cama y me levanto, tratando de que el viejo parqué no suene bajo mis pies. Recorro la habitación una vez más con los ojos, la oscuridad me devuelve un sinfín de sombras familiares que me miran quietas desde los rincones. Camino hacia la puerta, esquivo bultos imaginarios, adivino la dimensión de la cómoda y la silla que no veo. Tomo el picaporte de hierro entre mis dos manos pequeñas y, no sin esfuerzo, lo empujo hacia abajo, a la vez que presiono la puerta con el peso del cuerpo. La madera vieja emite un chirrido agudo que trato de acallar con un shhhh apagado. Dejo la puerta entreabierta, pienso en el regreso.

Piso la baldosa fría del pasillo y miro hacia el patio, Chimba duerme alumbrada por la luna, es tan vieja que ni oye ni ve, mueve una oreja peluda y sigue ajena al mundo de intrusos y ladrones que podrían robar la casa cien veces en esta noche húmeda.

 

     Cuando voy a repetir el mismo procedimiento con la puerta que lleva al comedor, caigo en la cuenta de que está abierta; por esa rendija veo luz. Escucho voces, mamá y abuela hablan en susurros, lloran, trato de escuchar mejor, soy una oreja despeinada y con dos piernas flacas. Aguanto la respiración para oír que dicen. Al igual que mis ojos se acostumbraron a la oscuridad, mis oídos sienten sus palabras de forma más nítida, están más cerca. Hablan de cárceles, de cuarteles, militares y presos, hablan de mis tíos, de la próxima visita a papá, esa que no haremos porque no lo encuentran. Lo han vuelto a trasladar, el fantasma de la incertidumbre corta sus voces, adivino que se miran con miedo. Planean qué hacer, con quién hablar, a quién recurrir. No se atreven a predecir lo peor, pero todo es peor, la tortura, el desarraigo, una vuelta más en la calesita desvariada del dolor.

 

     Mis piernas se vuelven a ablandar, son anclas, pero no me preocupa, no hay adonde huir, no puedo escapar, no quiero gritar, mi llanto es mudo. Creo que voy a morir, pero esta vez no despierto.

 

 


Aún más

 

Brilla el sol, debajo yo
encima el universo
por dentro las procesiones
aún sé, aún siento
reclamo el  aire
fresco de tu aliento
el  mundo
ajeno al desconcierto
solo está, padece
duerme y despierta
aún en el silencio
hay ocaso, hay colores
hay deriva y sensaciones
aún más, hay tormento.


Katia

 

Un ser joven y entero

una niña mujer

en vida y silencio

te toco pasar mil veces

por las puertas del infierno

más nunca murió la risa

en tus claros ojos bellos.

Te amo por el lazo

con que amarraste mi cielo

hasta sanar mi alma

con tu canto de jilguero.

He llorado muchas veces

al saber que estabas lejos

me hiciste tanta falta

para quebrar el silencio

que volé hacia tu lado

con el pensamiento

atravesando las rejas

y los muros cenicientos

para compartir tu dolor

y engañar ese tormento.

 

 

 


Muerte

 

Fiera salvaje, no corras

no rujas desde el alma

tu vuelo se hace corto, y caes

sobre un cielo negro

de estrellas salpicado

no luches con la muerte

la ajena se hace tuya

y más profunda.

 

Por la ventana abierta

diviso campos de trigo

donde brota la mies

en guijarros informes

tu la guardas, yo la como

y mastico tu miedo.

 

Mientras aprieto los dientes

concibo el infinito

y más breve, la vida

es apenas una nota

tu, pobre mortal

no oyes mas que el preludio.

 

El manto que me cubre

no es de tela

sólo de hojas secas

como tus ojos

desde el fondo abiertos

dos estrellas sin brillo

dos puñados de sal

dos desiertos.


Túnel

 

La magia esta escrita

en paredes de dudoso estado

el ímpetu hierve en la sangre

de una juventud vejada

cuyo futuro se atisba

de muerte y guerra pintado.

Menos importa el sol y el aire

más la codicia y  lo trivial

se corrompen los días

llenando las distancias de espacio.

Cada vez más aterrados

sonreímos de lado

apretamos los dientes

hasta sentirlos marcados

y empujamos con ceguera

para poder avanzar

por este túnel cerrado.

 

 


Óbito

 

Vuelvo a entrever

la sombra de tu garra

no besas mi frente

tibia en sudores.

Cargas tus años

bebiendo elixir de sueños

cortando hilos de placer.

El óbito de mi carne

está escrito en tu agenda

con letras pequeñas

apenas insignificantes.

Me crispo de miedo

ante tu nombre

te evoco para romper el mito

para acabar con el cuento

paradójico de mi pavor.

 


El tiempo y la poesía

 

Es como si el tiempo te hubiese prestado

sus tardes de lluvia, su mágico encanto

renace en tus ojos la luz de los días

y florece tu entorno en color de poesía.

 

Tus dulces mejillas se llenan de rosas

que rojas florecen entre los malbones

tu pelo que vuela como mariposa

se enreda en los días de las estaciones.

 

La tarde te obsequia su melancolía

y de anaranjados pinta tu manto

la luna que sube despide el día

y nace la noche con todo su encanto.

 

 


Pétalo

 

Arena del Atlántico
pisan mis pasos

lentos, llenos de verano
arrastran mis pies

restos de ternura

que se pierde trágica
en la nocturna negrura
se vuelve espuma

que el mar arrastra, su cuna
su esmerada timidez

es lluvia de tantos años
es perla gris, es luna
triunfo de enamorados

hechizo de nácar

del viento sutil conjuro.

Ay, pétalo blanco
astro de tibia cera
adorno mágico
copa de donde bebo el néctar

que escapa de tus labios.



La espera

 

Una madre y tres niños habitan el desconcierto
viven el día y presienten el miedo que acecha
que sorprende y atrapa, que mutila y no ceja.

Víctimas del capricho humano esperan

¿qué límite romperán esta vez las bestias?

¿que muro sin puertas?

Rodean la manzana de autos y uniformes

sus armas destellan, sus botas pisan firmes

poderosas, ante cuatro pares de ojos que observan

que callados interrogan, que mudos esperan.
Los soldados irrumpen en la casa, la dan vuelta

son varios, nada dejan; libros de sospechoso contenido

discos de música vieja, rompen también los colchones
las plantas y las macetas, tiran todo por el piso

no respetan, ni la edad de los niños, ni sus rostros de tristeza.

Se sienten grandes y fuertes, lo demuestran

ríen con altas voces, juegan con armas negras

huelen a sudor y humo, a abuso de poder apestan.
Todo tocan, rompen y  desordenan

estos seres sin conciencia de nuestra casa se adueñan

tantas veces en trece años que la herida no cierra

los ojos lloran sin lágrimas, los labios tiemblan.

Cuando de allí se retiran, no hay palabras
nos miramos a los ojos y poco a poco
construimos en silencio nuestra vida

para seguir en la espera.

 

 

 


Surco

 

Herida, surco, grieta del alma

dolor, duele y sangro un líquido espeso
que por mis venas viaja, mata cuando pasa

el corazón estalla mustio, sordo, mudo.
Veo a la niña, me veo, yo soy ella, pero no es cierto
lloro a mares por dentro, ella también llora
un llanto seco que araña el pecho
y me hunde en silencioso grito.
Desespero por tocar tierra
por evitar el vuelo y la caída
que me tira hacia lo profundo
donde no me encuentro, donde me pierdo triste
en mi tristeza buena, mi compasión ridícula, mi condena
incapaz de salir a flote, de pelear esta guerra
enfrentando la batalla con mi pasado, con mi soberbia
esta ponzoña, este veneno que alimenta mi insuficiencia
con aspereza, con prematura muerte.
Duelo de muertos vivos, no se escuchan ni entienden
se desesperan, viven en mi, pero es quimera.

 

 


El doctor del pueblo

 

Llevaba su profesión en la sangre, en las manos, en el modo de andar. Era todo vocación y bondad, un hombre que transmitía y reflejaba paz, un médico de antes, el doctor del pueblo. El doctor de San Javier.

Tenía tiempo para escuchar a sus pacientes, las cuitas familiares, riñas y chismes del lugar, esa atención era parte del tratamiento y era el medicamento milagroso que fortalecía el espíritu de los que no tenían otra persona a quien recurrir. No era esclavo de la burocracia y las normas, él ponía en ese pueblo estático su propio ritmo, marcaba en esa carretera chueca su camino recto, tenía el don de mirar por encima de las mezquindades humanas para trascender buscando la semilla de las personas.

 

Los pacientes que no podían pagar le llevaban una gallina, huevos o algo de la quinta, y él los atendía con la misma paciencia y consideración que a los que abonaban las visitas con dinero. Ejerció más de una vez de veterinario de las mascotas de los chicos del pueblo. Afligida, con la cara sucia y llorosa, mi hermana llevó un día su gato a la consulta. Él vendó la pata lastimada y dio a Paula palabras de consuelo, asegurando que el paciente sanaría sin mayores consecuencias. No recuerdo que nadie tuviera una palabra de queja contra él, y eso, en un pueblo pequeño de una sola plaza y calles de tierra, era un milagro; el médico, verdaderamente, tenía algo de santo.

 

Su mujer, más joven que él, era como la brisa de primavera, siempre sonreía mientras pedaleaba su bicicleta, tras la cual, correteaba un pequeño can. Era alegre, bailarina, bonita y elocuente. Tan querida como su esposo, contagiaba alegría a su paso. Ese amor dio frutos y nació un hermoso niño que completaba el armonioso cuadro que esta pareja representaba.

 

En el pueblo, el tiempo parecía colgar de los sauces al borde del agua, la gente vivía tranquila, ocupada de sus quehaceres diarios, y los pocos jóvenes que moraban en su transcurrir, estudiaban en el liceo, hacían deportes, cantaban en el coro o bailaban danzas típicas rusas. Yo -que viví allí y, luego, el destino me llevó a vivir en muchos lugares distintos- puedo dar fe de que la gente era, básicamente, inocente frente a la vida, sencilla, con las típicas características de los habitantes de un pueblo pequeño. El contacto con el río y el bosque formaba una parte importante de las actividades que allí se desarrollaban. Los pescadores, apicultores y granjeros eran gente sencilla y directa, que vivía en armonía con la naturaleza.

 

Un día cayó la mano represora y apretó donde más dolía, en la incomprensión de la gente. Muchos de los que vivían allí no tenían idea de que estábamos bajo una dictadura militar. Los policías del pueblo eran los compañeros con los que fueron a la escuela y jugaron a la bolita, no los que llegaron ese día, severos y armados, para sembrar el terror y la desconfianza entre los sanjavierinos.

 

El pueblo entero sufrió un colapso, mucho más que mis hermanos, nuestra madre y yo, que estábamos acostumbrados a este tipo de acciones que nos perseguían a lo largo del país. Al divisar las “chanchas” que rodeaban la manzana de nuestra casa adivinamos, inmediatamente, que estábamos siendo sometidos a un allanamiento, pero nunca pensé que se iban a ensañar con el resto del pueblo, que esa gente iba a ser víctima del atropello militar. Las bestias se llevaron con ellos una buena cantidad de jóvenes “sospechosos” y otro montón de gente, entre ellos al doctor.

 

Decir que por allí había pasado un huracán no sería exagerar, la gente quedó sin norte, el miedo se extendió como una mala enfermedad. Algunos compañeros de juego se encontraron ante la prohibición de sus padres de jugar conmigo. El hecho de que mi padre fuera rehén de la dictadura se hacía más evidente, ahora, ante el peligro. Anteriormente, sólo algunos de mis compañeros parecían saberlo, pero sin tener mucha idea de lo que eso implicaba. Y los profesores tomaban, según su grado de compromiso con el proceso dictatorial, actitudes que podían variar de uno a otro, los más comprometidos con la dictadura eran los que trataban, siempre, de complicarme la vida. Un manto de pavor cubrió los espacios vacíos.

 

Entre los que pescó la red represiva se encontraba el doctor, patriarca del pueblo, consejero y amigo. Ya no habría palabras para los necesitados, no más consuelo, el idilio había terminado. ¿Quién respondería a las preguntas de este pueblo aterrado? A los militares, como ya había pasado otras veces, se les fue la mano durante la tortura y lo mataron. Fue un asesinato cometido cuando ya no había más “guerra”. Cerraron los ojos de un soñador, un padre, un marido, un amigo de todos, mutilaron el pueblo sacándole uno de sus principales pilares.

 

Como un mazazo me llegó esta noticia cuando estaba en Paysandú, pensé que la injusticia no tenía fin, quise gritar pero sólo me corrían las lágrimas, sentí que la pena me desbordaba, pensé en todos estos años de opresión y en los jóvenes inocentes que aún estaban presos, pensé en mi padre y en una historia que parecía no tener fin. A veces la indignación te estrangula, te ciega, la impotencia, al no poder dar explicación a los hechos, crece en el pecho y lo revienta, es una sensación tan tangible que se puede dibujar, se puede tocar con la yema de los dedos. Sentí vergüenza del género humano y su miseria. La dictadura seguía cobrando víctimas, daba sus últimos coletazos y esparcía muerte, de una u otra manera éramos todos rehenes.


Puerto

 

Dedico esta prosa a la memoria del abuelo Francisco Engler y a “Babuña”

 

     Hay recuerdos que se deben saborear despacio, como se cata un buen vino, haciéndolo rodar por la lengua para que cada una de nuestras papilas descubran los distintos matices de un mismo sabor, o como se toma un mate, sin prisa, dejando bajar el agua caliente y de amargo sabor por la garganta. Este es uno de esos recuerdos, calmo como un atardecer de primavera. Un puerto espejo, en el que se refleja el desgaste de un pueblo y su gente, pero donde, también, se atisba un pasado glorioso.

 

     Por un largo camino de asfalto llego hasta el Puerto estéril, derruido. Los barcos ya no buscan su cobijo, no paran a saludarlo en sus viajes, ni siquiera lo miran, simplemente pasan por el canal ignorando su presencia. Me paro en el borde de la planchada que cae en desigual declive, una piedra suelta rueda hasta el agua aterrizando en ella con un sonido hueco. El gris del hormigón se ve matizado por el verde de la vegetación que crece entre las grietas, queriendo devolverlo a su antigua condición de monte salvaje.

 

     Atardece, oigo ruido de remos que golpean el agua, es un pescador que se prepara para tender el espinel en espera de atrapar alguna tararira, no muy lejos de él salta un pez formando círculos concéntricos en el líquido verdoso. Es la hora en que los sonidos menguan, dentro de un rato resurgirán con renovadas fuerzas en conciertos de grillos y ranas, quizá alguna lechuza se deje oír y los enamorados buscarán, en su eterno paseo nocturno, algún lugar tranquilo donde compartir besos y urgentes caricias.

 

     El río está creciendo y cubre, casi por completo, la arena de la pequeña playa, en la tenue luz del atardecer veo, a mi izquierda, los sauces llorones; se levantan majestuosos, absolutos soberanos del paisaje. Los que se encuentran cerca de la orilla acarician el agua con la punta de sus múltiples dedos. Ellos, que durante el día se hamacaron en rítmico baile de vuelo de mariposas dando sombra a los primorosos bancos de piedra, son los mismos que, al anochecer, se doblarán con amenazante aspecto en espera de la brisa que suele demorarse.

 

     La acuática serpiente se desliza pacífica por su cauce, sin apuro, como queriendo acoplarse a esta monotonía de tibiezas, luce los opacos colores de la tarde que se retira, pero en el horizonte estalla el cielo en una fiesta de matices, negándose a dar paso a la noche. Dentro de un rato se dará, por fin, cuenta de que no vale la pena resistirse y obligará al sol a marcharse por el lado opuesto del que vino. La luna no espera y apura su entrada triunfal, anunciando la llegada de las estrellas.

 

     Y el puerto se enorgullece de este derroche de belleza, sabe que en su deterioro, poco a poco, se va transformando para unirse a su entorno. Llegará el día en que vuele con el viento por el monte y se deje arrastrar por el cauce del río, libre de los lazos que hoy le atan a este lugar, haciéndolo prisionero de la tierra.

 

 

 

 

 


 



 

Consecuencia

 

Algo paso con las flores

recibí poemas por carta

pensé que estaba nublado

con sol y cielo azul.

En el cuenco de barro

escondí monedas

de cobre, de plata

de ilusiones robadas al amor

para comprar coronas

de reina pobre

y darle a los peces

migas de pan

y versos tristes

sin precio ni valor,

aquí comienza

la cuenta regresiva.

 

Cuesta subir en bajada

la lógica no tiene equilibrio

y estoy cronológicamente cansada

de los caminos que se repiten

o se cruzan a si mismos.

 


Siempre otoño

 

Lírica gota de poesía transparente
resbala por la nervadura de una hoja
para rodar por mi mejilla
en tibia lágrima convertida.

Rocío, me despiertas
para volverme otoño eternamente
otoño en tu jardín de inviernos
otoño en la vieja fuente
invierno, pero siempre otoño
en cada lugar de mi mente.

 


La fuente

 

A Ana María San Juan y a todos mis queridos amigos sanduceros.

 

Cientos de tardes me vieron jugar en la fuente de la plaza. Que fuente linda, miraba la iglesia sin verla, era una fuente amiga, no orgullosa y pretenciosa como otras que elevan su ostentosa belleza apocando la hermosura natural del césped, las flores y los árboles que la rodean, mi fuente convivía en perfecto equilibrio con los demás elementos de la plaza Constitución. Por las tardes se vestía de niños, pegajosos de helado corrían por su canto, o sumergían las manos sucias en el frescor del agua, yo era una de ellos, fiel a sus juegos que encerraban mil posibilidades distintas. Cuando el chorro de agua subía hasta perderse en el cielo, esperábamos ansiosos el refrescante salpicar, que no se como, nos sorprendía de igual manera cada vez que nos mojaba, como si las gotitas borraran nuestra memoria para que siempre resultara igual de divertido. Más discretas las parejas de enamorados preferían observar desde los bancos, al igual que los ancianos, que se acercaban a moderada distancia como precaución de que uno de nosotros, en nuestras carreras de viento libre, los fuéramos a tirar al suelo. Elvira acompañaba mis pasos con la tutoría vigilante de quien ya los ha dado. Me bastaba volverme para ver esos ojos azules que cuidaban mi mundo, llenándolo de calor, como un cielo de verano.

 

Mi fuente existe hoy solo en la memoria de quienes la disfrutamos. Cuando yo dirigía mis pasos por los caminos de la adolescencia, contó ella sus últimos días. No murió de a poco bajo la erosión del tiempo, la arrancaron de su suelo. Como consecuencia de las decisiones tomadas en época de militares, fue convertida de la noche a la mañana en gris mausoleo, de tan mal gusto que aún duele pasar por allí y ver la sombra de su recuerdo.

 

     Leandro Gómez, que amó tanto a esta ciudad se sentiría atropellado si pudiera verla, se que pensaría como yo, como tantos otros sanduceros que aún sentimos esta mutilación en carne propia. Estoy segura de que no le gustaría ver convertida su imagen en rígido metal, señalando por desgracia del azar y como aún queriendo ser fuente, una incipiente gotera en el techo del mausoleo.

 


Desde otras Tierras

 

Nacida en Uruguay

con sangre de otras regiones

desde Ucrania, Italia

España y Alemania

son nuestros antecesores.

Con ellos trajeron canto

comidas y tradiciones

pero también abrigaron

dolor, tristeza e ilusiones.

Buscaron la tierra libre

para a sus hijos criar

buscaron la tierra justa

para poderla amar

y en ella se mezclaron

sentimientos y experiencias

para formar nuestro pueblo

un cúmulo de tormentas

para crear otros hombres

mezcla de corazones

y erigirnos orgullosos

frente a las oposiciones.


Desconcierto

 

La tarde se torno extraña y gris

como mi alma en estos días

alimentó mi tristeza de tonos opacos

y creció en mi pupila hasta cegarla

se hizo añicos y rompió en noche.

 

Mi cabeza aturdida, no acompaña

sólo se detiene a dormir sus pesares

que flotan como mis pensamientos

y caminan mirando a todos lados

sin orden, sin suerte ni palabras.

 

Estos cientos de minutos sin vida

sin motivos para ser llevada

son oscuros, son difuntos

sin velas ni flores

invaden mi silencio y lo atrapan.

 

¿Por qué me tumban de repente

extraños tormentos?

malogran mis fuerzas

pisan mis anhelos

y no lo entiendo.


Inquietud

 

Tengo una cabeza inquieta

chocan entre si las ideas

me destrozan, me secuestran

y caigo por la pendiente

que a la locura lleva

no puedo controlarlas

¿por qué me atormentan?

¿por qué disputan mi tiempo

y no cesan esta guerra?

yo las veo morir

siento que se despeñan

y mientras caen y gritan

agonizantes arrastran

en su muerte mi cordura

en su alocada juerga

los restos de lucidez

a mi amargura disputan

y a mi pobre juicio niegan.

 


Libre

 

A confiscar paredes
las rejas y ventanas
que el espacio se llene
de locura y mañanas.


El verde de la vida
trepa por las montañas
y el azul que la alimenta
pinta la madrugada.


Cuando no hayan límites
ni vida equilibrada
cuando corra en el viento

al calor de alborada.

 

podré remontarme libre
sin tapujos ni mortajas.


El camino

 

Camino senderos

no siempre parejos

las sendas que piso

me llevan muy lejos

hundo en el pecho

dolor de otros días

  el tiempo se prende

con luz y alegría

e inunda las calles

de cielo y naranjas

que tiñe los aires

de soles y brisas

a veces me siento

dormida y lejana

y otras al viento

avento campanas

pero siempre encuentro

que es bella la vida

aunque de dolores

se tiñan los días

la lucha es el centro

el eje del tiempo

lo que da sentido

a los sinsabores

porque es importante

luchar por la vida

de quienes existen

sin flores ni cantos

de quienes hoy sufren

lo que ayer sufrimos

y extienden las manos

hacia nuestro lado

contra el egoísmo

y malas virtudes

contra un mundo hueco

que pierde el sentido

contra la pobreza

y pobres razones

las guerras, el odio

y los opresores

luchemos unidos

alcemos el canto

las voces del tiempo

que borran el llanto

juntemos las manos

cerremos los puños

y juntos corramos

por estos senderos

gritando muy fuerte

y con furia en la voz

que todos los pueblos

sean liberados

y que sin clemencia

mueran los tiranos.



 

Hemisferios

 

     Abandonada a los recuerdos cruzo el umbral que me conduce a la infancia. Asomo a un  país lejano, pintado en otra realidad, con otros colores, otros tonos de características distintas a las que hoy me rodean. He vivido casi la misma cantidad de años en ambos hemisferios y mi vida está simétricamente repartida entre un sur y un norte que comparten mi querer, que forman mi vida y moldean mi ser.

 

     Nací en Paysandú, los años que viví allí despertaron en mi un amor largo y leal hacia ella. La seguridad, la normalidad, el nido de mi vida y amigos que llevaré en mi corazón para siempre surgieron de sus calles. De  mis primeros años de vida guardo más sensaciones que recuerdos, atesoro fragancias, sonidos y colores. Siempre que estuve lejos de mi ciudad esperé con anhelo los meses de vacaciones para llegar y refugiarme en el regazo de Elvira y Doña Carmen, para jugar a las cartas con Ana María e ir a las playas del río Uruguay.

 

     Al tiempo de nacer Dieter nos mudamos a Montevideo dónde nació Paula, por esa época mi padre estudiaba medicina y residía en la capital. Eran años de agitación política, de crecientes desconformidades, papá; cuya sangre ardía en rebeldías de juventud, no pudo ni quiso ser ajeno a esa realidad, militando en el MLN repartía sus días entre reuniones clandestinas y acciones. 

 

     En Montevideo fuimos testigos mudos de un continuo fluir de gente que surco nuestras vidas. Las distintas caras se sucedían una tras otras, los llamábamos  tíos o los nombrábamos con curiosos seudónimos. Se nos prohibió hablar de lo que sucedía en casa y dar detalles de las personas que por ella circulaban. Éramos conscientes del peligro de tiroteos y sabíamos que hacer en caso de que esto sucediera. Los allanamientos también eran frecuentes en esa época y nos dejaban siempre un sabor a desconcierto y vulnerabilidad en el alma. En el año 1972 yo tenía seis años y era la mayor de tres hermanos.

 

     A pesar de los sinsabores, conservo gratos recuerdos de personas y de momentos que hoy parecen sueños, o espejismos que se desvanecen en una lógica hermética, pero de poca convicción. Esa vida se vuelve tan lejana que a veces se me ocurre que fue un invento de mi fantasía, pero al hablar con mis hermanos y recordar esos años vuelve a mi la certeza de haberlos vivido. ¿Cómo puede existir tanto odio?, ¿como puede un ser humano torturar, destruir y matar a sus semejantes porque otro se lo ordena? He comprobado con tristeza que la maldad existe en todos lados, que lo que nosotros vivimos es una ínfima parte de lo que sucede en el mundo, la lucha por el poder no conoce límites, cuando pienso en el sufrimiento que soportaron quienes amo y respeto, me doy cuenta de que aún guardo ese dolor y un saco lleno de preguntas que nunca obtuvieron ni obtendrán respuestas, arrastro el eco de las mentiras que nos legaron y siento  que hay que terminar con ellas de una vez por todas, para erradicar el miedo, para cerrar cicatrices y para evitar que otros pasen por el mismo infierno. 

 

     Atesoro la imagen que pude atrapar de papá en mi infancia, un ser divertido, cariñoso, siempre original y algo excéntrico que entraba y salia durante cortos intervalos de nuestras vidas. Rodeado de encanto y misterio, llegaba en las noches, entraba a casa por la puerta trasera y descargaba en una mesa la granada y la pistola, que nosotros mirábamos con ojos curiosos.Todo era una aventura irreal, en nada se parecía mi familia a las de mis compañeros de clase.


     No recuerdo haber sufrido demasiado  por esa situación irregular, para mi era normal, se asemejaba a las historias de las películas en la que yo me sentía como una pequeña heroína que debía soportar el dolor sin que este se trasluciera.
Nuestra casa estaba siempre llena de vida, gente y música, nos sentíamos rodeados y protegidos. A pesar de que escuchaba hablar a los mayores sobre el riesgo de peligro, mi mente no alcanzaba a comprender el daño que un proyectil podía causar o el significado exacto de la palabra secuestro, cárcel o tortura.  Sabía cuales eran las reglas a seguir y era demasiado pequeña para cuestionarlas, me sentía protegida por la figura de mi madre, que era mientras todo el entorno se empeñaba en cambiar, nuestro punto fijo y seguro. Más el sufrimiento y la angustia no tardaron en llegar.

 

     Una tarde, o quizás fuese una mañana en la que miraba el informativo con el abuelo Francisco vi por televisión la noticia de la captura de papá. No comprendí del todo las palabras que oí, palabras que no fueron más comprensibles al volverse imagen fría en la página de los diarios, páginas que aún conservo. El texto estaba acompañando de una fotografía en que papá no sonreía, se veía cansado y ausente, lo habían herido, con tanta “suerte” que la bala rodeo el corazón sin apagar su vida.

 

     Después no hubo tiempo para muchas explicaciones, se trataba de volverse invisible para escuchar las charlas de los adultos, interpretar los llantos y rostros de preocupación, adivinar y presentir, papá había desaparecido. Babuña y mamá iban frenéticamente de cuartel en cuartel buscando algún dato, alguna pista que les diera esperanzas, que les mostrara el camino hacia su hijo y esposo. Se hablaba de terribles castigos que yo en vano trataba de imaginar pensando en él, se hablaba de muerte y ausencias. Un caos en el que nosotros los niños no teníamos un lugar destinado y deambulábamos sin saber cual era nuestro papel, Paula era muy pequeña y con Dieter pasábamos horas sentados en el zaguán de la casa dónde jugábamos a adivinar el color de los autos que pasaban por la calle o inventamos juegos dónde encarcelábamos hormigas y otros insectos.
 

     También cayeron presos mis tíos y no se daba a basto para correr y sufrir a la vez, para imaginar y anhelar libertades. Fue una época triste para los más pequeños un tiempo de confusiones y juegos solitarios, de entender a la fuerza cuáles eran las urgencias y ver el sufrimiento sin límite de los seres que amábamos. Katia, mi tía, jugaba un rol muy importante en mi vida, era un ave libre hasta que le recortaron las alas y la enjaularon para que no volviera a cantar, por suerte no lo lograron. Varios años menor que mi padre fue la persona que quedó representando ante mis ojos el canto, la alegría y el juego, sentí mucho su falta, fue otro hueco en esa red de pesares, la admiración que ese ser joven y fresco despertó en mí ayudo a formar a la mujer que soy hoy, de su joven fuerza aprendí a no darme por vencida ante ninguna de las circunstancia que la vida me presenta.

 

     Los rostros que antes desfilaron por nuestra casa se iban retirando uno a uno, muchos de esos compañeros caían presos, asesinados y algunos simplemente desaparecían de nuestras vidas sin que supiésemos en ese momento como o a donde. Algunas personas, inclusive dentro de la familia, sintieron miedo y fingían no conocernos si nos cruzábamos por la calle. La gente tenía pavor a la represión y la mayoría lo demostraba. Muchos tuvieron que dejar el país para conservar la libertad y la vida. Este tipo de situaciones las vivieron las familias de otros presos, que como nuestra familia se sintieron islas, luchando contra una realidad carente de lógica imprevisible e inhumana.

 

     Recuerdo la soledad como algo tangible, palpable. Distintas escuelas, a veces más de una en el mismo año, cambiamos varias veces de casa, de barrio, de ciudad. Los militares y sus allanamientos, sabían encontrarnos, no importaba donde huyésemos, la seguridad era una palabra que para nosotros no tenía sentido.

 

     Vivimos muchos años sintiendo que nuestro Norte era mi padre y su peregrinar por los distintos cuarteles del Uruguay nuestro único mapa, terminamos nombrándolo inconscientemente portador de las respuestas y soluciones que nadie tenía. Él, uno de los nueve rehenes de la dictadura era trasladado continuamente y en cada traslado nos hundíamos en la incertidumbre de no saber si aún estaba vivo. Cuando se volvía a dar con su paradero había que comenzar nuevamente a descifrar entre líneas o pequeños datos cual era su estado, su condición física y mental, como lo trataban, que tan terrible había sido la tortura esa vez y que huellas había dejado en su cuerpo flaco y maltrecho. Lo vimos adelgazar hasta parecer un faquir, lo vimos alejarse de la realidad y crear otra en la que nosotros, ante la alternativa de aceptar su locura elegimos creer y sumergirnos desde la nuestra, simplemente para no estar solos y poder darle al cerebro una razón para subsistir de esa forma. Fuimos aislándonos cada vez más en nuestra isla familiar, donde mi abuela corría aguantando su cuerpo con la fuerza volcánica de su carácter, repartiéndose entre sus hijos y el abuelo enfermo que yacía en cama. Mi madre, muy joven, muy sola, con nosotros tres a cuestas intentaba encontrar dentro del Uruguay un lugar seguro para nosotros, vivimos en Montevideo, en Minas, en San Javier y en Paysandú. Tratábamos de pensar en una vida distinta que comenzaríamos a vivir en el momentoen que papá fuera liberado y de tanto hacerlo nos encontramos brindando cada Año Nuevo por el día en que realmente comenzáramos a festejar. En algunos momentos sentí que nuestra vida estaría estacionada hasta el día en que él saliera en libertad, sólo en ese momento iba a comenzar la verdadera, la que valía la pena vivir.

 

     Sería de todas formas injusta si dijese que no disfrute también de algunas de las cosas normales que un niño o un adolescente disfrutan. Pero el sentimiento de culpa surgía a veces para hacernos sentir que mientras mi padre sufría, no era justo que nosotros nos divirtiéramos demasiado y la represión se encargaba de que recordáramos cual era nuestro sitio y llegaba a nosotros como una sombra furtiva cuando menos lo esperábamos, transformando miedos en odio helado e infinito. Crecimos en un mundo algo Kafkiano, pero formamos los pilares de la unión y el amor que existe hoy entre nosotros y nos contamos entre los afortunados que lograron despertar de esa pesadilla siniestra. No todo fue tormenta, hubo gente especial, invalorable, que nos acompaño en el viaje, hubieron amigos y manos extendidas hacia nosotros, enorme oasis en ese implacable desierto humano.

 

     Al termino de la dictadura salieron de la cárcel paradójicamente llamada “Libertad” los últimos presos políticos que aún la habitaban, entre ellos mi padre. Los trece años de ausencias, soledades y torturas dejaron huellas en el alma de todos y los reencuentros no fueron lo idílico que habíamos soñado repetidamente durante ese tiempo. La lucha de los presos por adaptarse a una sociedad que habían dejado hacía muchos años y recuperar la vida que les fue arrebatada fue dura y en el camino varios se perdieron, sanar cuerpos y almas rotas no es tarea fácil, sobre todo cuando quienes las destruyeron sabían muy bien lo que hacían, contaban con los mejores y más sádicos educadores especializados en el tema.

 

     Yo tenía una gran expectativa alimentada durante trece largos años, con un saco cargado de exigencias y preguntas arremetí con todo el fuego de la adolescencia y me di de cabeza contra el muro que levantaron los duros años de interrogantes. Tengo la sensación de que a todos los que pasamos por esa experiencia sentimos de forma similar. Muchas familias quedaron destrozadas y la nuestra no fue una excepción, después de deambular por los intentos sin encontrar las soluciones a una realidad que se nos estrellaba en la cara, partieron mi madre y mis hermanos para Suecia, donde ya vivía parte de la familia. Unos meses más tarde subió en el avión que lo traería al mismo destino mi padre y por último, dejando un pedazo de alma colgada de algún árbol, partí yo.

 

     Este fue a grandes rasgos mi pasar por el hemisferio sur.

 

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     Luego comienza mi vida en el norte. Para vivirla, tuve que morir y renacer varias veces, tuve que romper mis esquemas y atreverme a incursionar por mi pasado como una extraña curiosa que se entromete en la vida de otra persona. Se fueron horas y días en atar y desatar cabos que me conducían en espiral hacia el centro de mi alma herida.

 

     Recuerdo el verano del 86 como una etapa por la cual pasé anestesiada, sin darme cuenta del porque y sin hallar respuestas a las preguntas que no sabía formular, pero que estallaban en mi cabeza las veinticuatro horas del día, haciendo que el sueño y la vigilia se mezclaran en una suerte de nube gris que siempre presagiaba tormenta..

 

     Anhelaba un reencuentro familiar, el poder remendar lazos con los seres más importantes para mi en esos 20 años de existencia. Con el ímpetu característico de la edad no supe analizar la situación que me había llevado tan lejos, todo era sentir, bullir por dentro. Extrañaba terriblemente nuestro sol uruguayo, mi río y los nuevos amigos ganados después de la dictadura, compañeros con los que me había sentido capaz de hablar luego de un largo silencio que venía durando toda una vida.

 

     Deambule por clases de sueco sin mucha voluntad ni interés, preferí no pensar en los caminos a tomar, solo viví, sin mucho razonamiento. Dormía soñando con tardes claras caminadas en Paysandú, con caras amigables, con saludos en español y despertaba angustiada sin saber donde me hallaba, hasta mirar por la ventana que me devolvía una imagen fría y oscura que me traía a una realidad que aún no comprendía.

 

     Nació mi hija y ese fue mi despertar, darme cuenta de que un ser pequeño e indefenso dependía de mi para sobrevivir me sacudió del limbo y me trajo a tierra, quise que sintiera la seguridad que yo no sentí, quise que fuera la protagonista de su vida. En el momento en que Isabelle nació aterricé en Suecia con cuerpo y alma.

 

     Mis ojos comenzaron a abrirse lentamente, pude apreciar la belleza de estas tierras, pude sentir una seguridad que no había sentido nunca antes, comencé a ser yo, a volver a juntar los pedazos que estaban tirados en el camino y a construir el puzzle de mi vida. El padre de mi hija se separó de su anterior mujer con la que tiene dos hijas y resolvimos intentar juntos una vida en común. Hubo momentos difíciles en los cuales deseé bajarme del tren, pero fuimos encontrando otros caminos para aplacar los vientos fuertes.

 

     Uppsala ha sido el lugar en que he vivido más años, aquí conocí a mi pareja, tuve a mis dos hijos; Isabelle y Gabriel, los rayos de sol que tanto busque en días oscuros. Tuve la oportunidad de conocer a las hijas de mi compañero: Lucía y Carolina, vivir, pelear con ellas y quererlas. Nació Janaína, una hermosa nieta postiza llena de lunas y encanto mágico.

Me reencontré con mi tío y su familia que significan mucho para mi. Hice amistades que valoro mucho, me empapé con el derroche multicolor de culturas que habitan este país y enriquecí como persona, descubrí que hay un balance entre el ser y el deber.

 

      Hoy siento un lazo afectivo muy fuerte con Suecia, me encuentro repartida en mis querencias y agradezco el haber tenido la oportunidad de ver mi propia vida desde otra perspectiva. Logré acercarme a los seres que quiero y abrir nuevas ventanas. Comencé a través de la poesía a comunicar mis sentimientos y eso me ayudo a entenderlos y a entender a quienes amo. A través del trabajo solidario mantengo un lazo con mi país, con mi gente. Siento el dolor de la distancia física con quienes amo, hay seres que mueren lejos sin que pueda tomarlos de la mano, despedirlos y decirles cuanto los quiero. Hay otros que nacen y crecen sin que podamos alegrarnos al compartir ese imprescindible diario vivir. Deje a mi prima Micaela siendo pequeña y hoy encuentro a una mujer que me llena de orgullo, extraño las charlas con los seres que amo, simplemente llorar y reír con ellos.

 

     Así, entre Norte y Sur voy construyendo puertas, derribando muros, desenredando telarañas y tejiendo puentes que se parecen cada vez más al arco iris.


Noche

 

El brillo de la luna

trae la certeza de la noche

fría y húmeda

surgió con su manto

y me cubrió de sombras.

Me halló en una esquina

recordando días claros

y soles ardientes.

Sorprendida por su llegada

quise pensar en ella

pero no lo logré, no pude

mi mente seguía atestada

de veranos cálidos

de amaneceres tenues

y desayunos tardíos.

 


Cien

 

Son cien las promesas de mi boca

cientos de besos mariposas

cientos de labios sin hospicio

cien las miradas de mis ojos

de soslayo, de fuego, de suplicio

se apagan y encienden sigilosas

luciérnagas del desquicio.

Son cien las caricias de mis manos

tristes, arrebatadas, libres

en el límite de tu piel acorralada

en el cielo de tu más extraño juicio.

Y yo siento, cien, mil, cientos de miles

de caricias, de besos, de miradas

que resbalan por el borde de la vida

hasta el centro de un hondo precipicio.

 


Cansancio

 

Mi cuerpo vive, pero mi esencia

acabo su otoño eterno

se despego de mis ganas de amar

no puedo sentir ni odiar

no tengo alabo ni queja

estoy muerta, deja que me pudra en paz

no me molestes con nimiedades

ya no golpees la puerta.

 


Buscando caminos

 

Tuve un lugar que era mío, su río de aguas dulces me pertenecía, así como las tardes calientes de siestas abrasantes y chicharras, o el calor que nos mecía en una ardiente cuna de sopores y nos transportaba a el mundo que oscila entre la realidad y la fantasía. Está sensación nos colocaba en un espacio en el cual todos parecíamos quedar colgados durante esas horas de asfixia sin viento ni brisa. Me fui de esa ciudad un día, pero su recuerdo quedó prendido a mis sueños, me basta cerrar los ojos para dejarme llevar por los caminos de la nostalgia, siguiendo olores, sonidos y sabores encuentro la ruta que conduce a mi memoria. Hay aromas que no se pueden borrar, ni siquiera los huracanes de otros lugares los pueden barrer, en mi piel está el olor del girasol, del sauce, del agua dulce, la lluvia de otoño y el eucalipto. Impregnados para siempre en la más profunda esencia de mi ser, seguirán conmigo hasta el día en que muera.

 

Madre

 

Vuelvo a ti por el camino de los años

hasta sentir el anhelo de tu cálida risa

y recordar la cascada de tu pelo negro

que cubrió el pesar de tus sueños.

Te toco vivir dolor y tristes soledades

de juventudes echadas al olvido

y pasiones obligadas a invernar

en días increíblemente fríos.

Quisiera volver por tus senderos

y llegar al ser joven de esos días

a tu alma solitaria y huérfana

que ahora sé que sufría,

sentarme callada a tu lado

y ofrecerte en mi silencio

la más grata compañía.

Nadamos océanos

para alejarnos del tiempo

que nos causo tanto daño

escalamos montañas

y entre charla y verbo

hoy volvemos a encontrarnos.


Tiempo de soñar

 

Si desgajo el tiempo y tus ojos

me miran desde la distancia

caigo en cuentas nefastas

extraño el arcoiris sobre azul profundo

el deseo que hiere como un látigo mis ganas

marca mi carne a sangre y recuerdo

convierte el corazón en lava.

 

Apoyo ese deseo en tu respaldo

para respirar de mi aire nuevamente
y cuento los latidos de mis pasos

que te acercan al norte de mi suerte.

Camino, siempre atrás, pero camino
sin que me atreva a enfrentar la mirada

donde viven tus manos para siempre.

 

El deseo es una caja de Pandora

que se abre en cada encrucijada

de ella salio mi anhelo y volo a ti
en esta noche de notas encontradas.

Ave que se hundió en profundidades
para visitar los sueños de tu almohada

y traer de regreso aromas a mis ansias.

 

 


De Paysandú a Uppsala

 

Miro el azul del cielo y siento la dulzura de tu río corriendo por mis venas. Nací para impregnarme de ti, para llevarte en la piel, en el corazón, sin importar que los caminos me alejen de tu cuna, que los pasos se enreden en tardes silenciosas. Las distancias no existen, al evocarte vuelvo a mecerme en tu ritmo, a esparcirme en tu aire de cálido aliento, a respirar la brisa que aroma mis recuerdos. Tus tréboles habitan la suerte, para proteger mi sino y guiar mis pasos, para que siempre encuentre abierta la puerta del destino.

 

Durante los primeros días vividos en el invierno sueco hubo mañanas en que desperté con el sueño de tus calles pegado a mi retina, angustiada al medir en mi cabeza las distancias que me separaban de mi casa, esa casa mía por derecho natal, sin poder imaginar los centímetros cúbicos de mares y océanos que había entre este suelo y mi tierra. En esos sueños caminé por tus calles con la tranquilidad de quien conoce el terreno que pisa. Me encontré con amigos a los que salude con la música de ese idioma que conozco tan bien, sonreí a gente que acompaño mis andares y seguí confiada de saber con que paso regresar. Al despertar, envuelta en oscuridad, corrí a mirar por la ventana, cuando vi la negrura de la mañana y la nieve, adivine el frío y me sentí huérfana de territorio, vacía.

 

Aprendí a querer Uppsala, sus inviernos fríos y nieves blancas, la hice mía y comencé a comprender sus gestos, a balbucear sus palabras, le di un lugar junto al calor de tu recuerdo. Tu luz, es suficiente para alumbrar mi vida en cualquier parte del mundo. Cuanto más amo este sitio, cuanto más le comprendo, más sanducera me siento, más brilla en mis ojos la imagen de mi pueblo y me invade la tranquila certeza de que nada podrá jamás borrar de mi alma esa huella.


Entonces

 

¿Te acuerdas de las estrellas fugaces

que prendías en mi cielo?

Tristes luciérnagas

que volaban en tu techo.

 

Los días de lluvia

en que corrimos el deseo

el sabor del cigarrillo compartido
entre beso y beso, el amor.

Cómplices de  la tarde
 ocultos en nuestros sueños
rompimos los relojes

para detener el tiempo.
 

Saltamos nubes grises

por aceras del misterio.

¿Cuántas hojas barridas por el viento de otoño
habrán caído desde nuestros árboles?

 

Al pisarlas reíamos,
nos dejábamos despeinar por el viento
mojar por la llovizna fría y reíamos

entonces siempre reíamos.

 

Si estiro mi mano y toco la punta de tus dedos sé que todo está bien, me puedo bajar del mundo un instante, contemplar contigo los colores que no existen y pronunciar las palabras que aún no se han inventado. Porque tú sabes explorar el universo navegar por mil perspectivas y me ayudas a no perderme.

 

 

Largos caminos

 

A Paula

 

Me detengo y estás

en todos mis días, estás

desde la pequeñez de tus pasos cortos

a la estatura de mujer que hoy calzas

eres en tu ser sensible

fuente de colores

o estrellas brillantes

que encienden mis luces.

Amparo la magia mística

que vuela en nuestra fantasía

para predecir veranos mejores

y ocres otoños de melancolía

por carreteras del presente

hacia caminos del pasado

buscamos un futuro mejor

derribamos muros de agonías

hermanas

distintas, pero cercanas

sobre la pena, juntas

rompemos rejas

aventamos mañanas

y nos sumergimos hondo

para buscar respuestas

que nos permitan navegar

por estos mares de arcanas

estos suelos escabrosos

que a veces son en mis sueños

igual que nuestra tierra lejana.


Caleidoscopio

 

Formas, colores, millones de piezas, armo y desarmo este rompecabezas, invento figuras que se desfiguran ante la felonía de mi tutela, en noches de luna, visto azules reflejos que se vuelven tornasoles ante la luminosidad del rey astro. Como las mentiras, que se tornan verdades en la metamorfosis de mi corazón casi domesticado y que yo apenas distingo por la celosía de mis ojos entornados. Envuelta en transparente papel de celofán la vida se afana y ufana por ser original, pero es frágil como un lirio en su delirio de belleza y leve como el suspiro que de tus labios se escapa, yo gota a gota bebo su beso. Ella se burla ante mi osadía de querer volar como un ave, de mi rebeldía al sonar como un río que va a desbordar; por subir la pendiente sin mirar hacia atrás, por querer ser valiente y apuntar a ganar. No escucho la risa, se diluye en la prisa del ir y venir, las ramas del sauce no se mecen con la brisa de otoño, no hay trozos de primavera coloreada de pájaros y voces de niños, ni la lluvia de verano juega a empaparme trayendo olor a tierra mojada, no hay estufas en invierno ni escarcha plateada. Mas siempre hay algo que sacude el frío, transformando los colores, borrando el hastío y ordenando mis cristales, por eso continúo en la búsqueda de las piezas que faltan, las que pierdo y las que cambian y una vez más doy vuelta al caleidoscopio.


Ciudad de sueños

 

En la ciudad donde no pasa el tiempo

habitan mis sueños

juegan en espacios de luz

a correr con el viento

trepan montañas y cerros

nadan por ríos eternos

cuentan proezas divinas
con voz de misterio
susurran su canto en mi oído
surcan mi cielo

repiten su nana gastada
al borde del silencio
siento que no soy nada
sin sus pasos bohemios

sin su reír de campanas
en noches de incienso

dan sentido a mi vida
rompen mi techo

para que vuele alto
y destruya el miedo.


 

 

 


En busca de los duendes

 

No puedo saltar el abismo que me separa de mi otro yo, ese que irrumpe cada día en mi vida y me toma de la mano, o me despierta a empujones  para recordarme que existe. Vive entre los sueños y las pasiones de mi alma y se niega a visitar el mundo que con tanto esmero he creado, tan ordenado, tan lleno de responsabilidades y lazos. Teme perderse, no le gusto, no quiere asemejarse a este ser acorralado por esquemas de años. Lo curioso es que de a poco va dejando escapar sus colores, entreabre la puerta al desquicio de sensaciones, de misterios que creía propios de la infancia y perdidos para siempre en esa época lejana. Me seduce con piruetas olvidadas y recuerdos de sombras y luces. Creo que la cicatriz que dejo el tercer ojo al cerrarse, comienza a escocer, recordándome que alguna vez existió y que hoy,  es solo destello de intuiciones. Quisiera llegar a un compromiso, pero eso suena tan adulto, y ella no es de las que se dejan enredar en dialécticas estudiadas y comprometidas. Que fastidio, pero a la vez, que placer, sentir volar las mariposas en mi estomago,  si hasta me parece que si afino el oído, puedo oír a los duendes que habitan el techo y que solían mostrarse ante mis niños ojos con sus cuitas y quehaceres, mientras en el tocadisco de casa, sonaba la música de Vivaldi. ¿Cuándo fue que mis duendes comenzaron a huir en lenta avalancha hacia el interior? ¿Cuándo arrastraron consigo a la niña que alguna vez debí ser, o soy?


Fuga

 

Pienso en cascadas del alma

veo que el frágil corazón

vive donde escondo el karma

donde cobijo la razón.

 

Alzo manos de mis palmas

y vuelan los sinsabores

tocan cielo de mis ansias

las gotas de tus amores.

 

Parto volando en halcones

hasta sueños de mi infancia

busco fragancias y colores

por rincones de tu calma.

 

Encuentro tan solo el eco

que lentamente me deja

el resonar de tus pasos

que de mi vida te alejan.

 

Por negarte me he quedado

con la palabra anegada

ahogándose en el pasado

muere el sol de mi mirada.

 

 


Estado de ánimo

 

Tengo aburrido el ocio

cansada la fachada

no hallo sendero fácil

ni camino en bajada.

 

Todo se vuelve cuesta

montaña empinada

mis piernas que flaquean

no quieren dar pisada.

 

Los días cobran vuelo

la noche y la mañana

se pierden a lo lejos

como hojas de la nada

 

En medio de este sino

no siento la tonada

de esa, mi propia risa

que suena ya lejana


Haré

 

Despistare los pasos que me siguen

desde ayer

y correré las cortinas amarillas

para no ver

el desfile de carrozas de oro

indiferentes

que cruzan las calles que no anduve

ni andaré

nadare por las aguas de mil ríos

contra corriente

hasta subir la montaña alta

de mis dudas

y simplemente te daré una flor

o un sol ardiente

que prenderás a tu sonrisa amplia

para siempre




Amor

 

Invento un paradigma para ti amor

sobran  palabras y espacios

cumplo con la faena gris de destruir

siento que caigo mas bajo

entonces sacudo la vida

y recojo los pedazos.

Corro una vez más hacia tus labios
que me esperan, me reciben ávidos

para desnudar mis respuestas

y conversar mis fracasos

para hundirse hondo en mis dudas

que saben a sal de llanto

y acariciar los recuerdos

que de pronto duelen tanto

para destruir trincheras

que han levantado los años.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Invierno

 

Un sueño frío
de paredes blancas
helaba la sangre
en sutil escarcha.

 

Cantos gregorianos
oía a lo lejos
y un dolor amargo
surcaba mi pecho.

 

Entre la blancura
casi inmaculada
dormía mi vida
y yo la miraba.


Simple espectadora
de éste, mi destino
entre luces claras
emprendí el camino.

 

 


 

Instante

 

Que corta es la alegría

que fugaz la risa

estoy dormida en tus brazos

tu pecho respira

y respiro contigo

me toma tu ritmo

y pienso

que quizá mañana

no te tenga

de pronto caigo en la cuenta

de que hoy es mañana.

 




Luna

 

Quiero trepar por el hilo claro de la luna
perderme en sueños remotos como ella
rescatar de su luz las oscuras tinieblas
para descansar mi cuerpo tirado en tierra.

Temo no querer regresar jamás
perderme en un camino amplio de estrellas
y  seguir meciendo en espacios sin brisas
esos pensamientos que no dejan huella.


 

Para no olvidar lo que escribo

 

voy a pintar…

un mundo de manos entrelazadas

sobre la esencia profunda

del hombre que alguna vez existió

pintaré…

gargantas que gritan libertades

y redimen los templos desiertos

sin dioses ni engaños del sol

y al pintar…

soñare con magia y amor

más allá de lo mezquino y hueco

más allá del poder y el dolor.



 

Isa

 

Cambia el sentido a las palabras

saca el mundo del pañuelo

grita cuando quieras hacerlo

y corta todas las flores secas.

 

El arco iris es ilusión

espacio para los cuentos

o las fábulas que son de arena

y corren por la Vía Láctea.

 

Tus sueños son pájaros
que se remontan en lo alto
y tú, bella paloma mía
vuelas para atraparlos.

 


 

Si tuviera

 

Si tuviera ojos en la espalda
vería las muecas de los árboles

no habría tropiezos del pasado
que me hicieran zancadillas

y tu risa me alcanzaría más rápido.


Injusticia

 

Pájaros abatidos

los misiles caen del cielo

con destrucción socavan

y aniquilan los sueños.

 

Niños de grandes ojos

y de profundo mirar

yacen en tierra muertos

ya sin futuro ni edad.

 

¿Qué verdugo sin alma

asesina a estos seres?

 

Memoria de holocausto
campo de concentración

las barbaries cometidas

por una raza “mejor”.

 

¿Te da eso derecho

a erigirte amo y señor

junto a tu poderoso hermano

junto a tu hermano mayor?

 

Deberías mejor que nadie

entender de la injusticia

de muerte y de tortura

de fuego e indignación.

 

Nada has aprendido

del miedo ni del dolor

de todo lo que sufriste

por ser un hombre mejor.

 

Como la parca caminas

lado a lado con la suerte

muy pegado al imperio

en pacto con la muerte.



 

Risa de niños

 

Sonido que esconde un mundo

coloreado de estampas, alguaciles

y alas portadoras de esperanza

es cometa ebria de vientos

atada al hilo de los sueños.

 

Esconde el pasado

el presente y un atisbo de futuro

nido en que viven las palomas

de los magos, de las plazas

pájaros que escapan de las jaulas.

 

Millones de cristales rotos

sobre voz de fuente alegre

repicar de campanas descalzas

en luminosas primaveras

y pies corriendo por mi alma.

 

Toda la música del universo

la fantasías de un mundo propio

aventuras de piratas de antaño

duendes y hadas de luz azul

viven en ella, esperando amor.

 


 

 

Los misterios del tiempo y de la piel

 

Hay si el tiempo pudiera hablar de todas las heridas, de los huecos del alma y la intempestiva soledad de las ausencias. Entonces nos cubriría con su manto, que todo lo diluye, y la anestesia de los años haría dormir nuestro fatigado sentir. Pero  estamos vivos y por esa razón sentimos la soledad como un látigo que nos fustiga, mientras miles de rostros pasan a nuestro lado con voces sin sonido. Lejos se pierden nuestros pensamientos, para enhebrarse en el ojo de la aguja que nos atraviesa el corazón, justo en el punto álgido donde flaquea la razón. Brindo entonces por el intelecto que tu piel envuelve, por esos latidos que marcan el ritmo de las horas mustias y las vivas, brindo por los valientes que intentan mil proezas e inventan otras tantas travesuras a la vera de la piedad, que es en realidad una enredadera frágil que trepa por nuestro agitado ánimo y lo convierte en una bolsa que sólo contiene nuestros fracasos, pobres tesoros de harapos. Quisiera saber si me ves, si aparezco ante las tinieblas de tu ocaso, para guiarte hacia otras  profundidades, hacia el cuento de nunca acabar, la historia de la prehistoria,  la que nunca se repite, quiero saber si tenés miedo de rescatarme y rescatarte,  si vale la pena…


 

Despedida

 

Si muero en tus brazos es para renacer

empapada de muerte nueva

oiré otros cantos, otra música

y sera eterno el fugaz momento

en que tu beso entre en mi boca

y tu aroma, que es el mío

penetre para siempre en mis recuerdos.



 

Gabriel

 

Tú, mi sangre, semilla y trigo del pan
yo, tu viento, la orilla en que has de zarpar.
Tú, mi miedo, mi orgullo, mi debilidad
yo, tu piedra tu empuje, lo que has de dejar.

Fruto que nos prestó el destino
maduras al fresco de nuestra sombra

encontrarás los pasos de tu camino

por los sendero que el amor nombra.

 

Yo, tu hamaca, tu cuna y tu seguridad
tú y un campo de verde mirar.
Yo, tu casa, simiente y tu libertad
tú, mi risa, esperanza y ganas de amar.


 

Delirio

 

Quien fuera bailarín en las cornisas

para aventar locuras a la acera

agitar pañuelos cual banderas

y romper guirnaldas en la brisa

inundar los ojos de vidrieras

con cuentas de cielo y de madera

sin dar más razones que este gusto

y este deseo sin fronteras.

 


 

La escritura

 

Desde que escribo lo que siento duele menos el alma, pero lloro más. Tengo un contacto fluido con el ermitaño que habita en mi pecho y he logrado sacarlo a pasear entre la gente. Revuelvo en las maletas del pasado, busco un recuerdo empolvado que pulcramente doblé y lo traigo al ahora. Las calles que recorro son a veces estrechas y los mapas se complican con una geografía escabrosa en la que me pierdo. Escribir cura el sentir, sana los dolores, es bálsamo para las heridas e intimida a los monstruos que se esconden en las pesadillas. Me reconcilia con la persona que soy ahora sin desligarme de la que fui en otras etapas de mi vida. Disfruto de cada sílaba que se desliza al papel para formar garabatos de ideas, las siento deslizarse desde mi cabeza cansada hasta la punta de los dedos que tocan el teclado y las veo convertirse en palabra. Dibujadas en la pantalla, se enhebran con otras hasta formar prosas o poesías, espejos de mis pensamientos. Con luz de luna pinto poemas de amor, esos que huelen a hierba buena y se trepan por mi piel en amaneceres de luz anaranjada. Con agua de mar disfrazo las lágrimas que arrastran olas de años pasados y peces de dos cabezas. Con ramas de sauce mezo la nostalgia de la infancia y hamaco las horas que se fueron y que no van a regresar. Con furia, muestro las uñas ante la injusticia que nos atropella en días en que todas las estrellas parecen fugaces y opacas. La alegría estalla con ruidos, colores y sabores que regocijan mi pecho, tiene la sonrisa de mis hijos y los ojos de los seres que amo en el rostro, le doy uvas, viento, sol y música, para que se alimente y crezca sana entre mis libros y papeles.

 

 

 

 


 

¿Y las flores?

 

¿Y las flores?, con su infinita belleza

con su eterno amanecer salpicado de rocío

con su savia, sangre verde y ligera.

¿Adónde van al morir?

Con su hermosura de adorno grácil

sin gotas de mañanas perfumadas

en un florero, en mis canastos de rosas secas

en la tierra húmeda y fértil.

¿Adónde van al morir?

 

 

 


 

Agonía de las palabras

 

En la noche se esconden pensamientos

que en apuro por querer vivir la vida
quedaron por doquier abandonados
sufren la orfandad de la palabra

el despecho al que son sometidos

la vergüenza de su poca resonancia.

Lamentan la suerte que los rige

por el aire vuelan, son fantasmas

algunos son bellos, altruistas
se encienden como estrellas de la nada
y lloran el fracaso acaecido

por la prisa de estos días de añoranzas
otros, despiadados y egoístas
esconden en su cuerpo mucha rabia

y ruedan sin tener destino fijo

rebotando por doquier sin esperanza.

Los hay tristes, preocupados

que sufren acaso desengaños

y vierten lágrimas secas

que nosotros no oímos ni escuchamos.


 

Letras

 

Para ustedes mis letras

llenas de dudas

atestadas de preguntas

que se agitan inquietas

en mar de aventuras

tinta de sangre y savia

arde pena en las venas

que surcan mi alma

socava hondo en mi arena

llanto de orilla mansa

para alimentar el árbol

que crece en la cumbre blanca

para querer tanto, tanto…

buscar otras respuestas

pelear nuevos fracasos

y correr detrás del miedo

para ganarle al espanto

donde a tientas busco manos

que se alzan puño en alto.

 


 

Janaína

 

Luminoso tambor del cielo

hechizo de encanto frágil

de blanca lonja vestida asoma

a punto de parir la luna.

 

Sueños, son de candombe

repique de lluvia fresca

por la ventana entra

la luz pintada de blanco.

 

Llegas triunfal, como una reina

perlas de rocío te coronan

dueña en un segundo eterno

del arco iris y sus colores.

 

En la inmensidad de un instante

pasas a ser real, auténtica

estas aquí, pequeña pero cierta

niña que llegó con luna llena.


 

Ofrenda de amor

 

Amor, si tu me das los colores del alba

escancio en tu cuerpo mi copa de savia

y me detengo altiva a contar las miradas

que surgen del temor y de la nada.

 

Amor, si me buscas intacta, me encontraras doliente

trepare cual enredadera por tus ventanas

y me hundiré en tus venas donde corre la magia

que hace latir tu pulso bajo mis ansias.

 

Amor, te sentiré en mi todo, en mi alma

entibiaras los espacios fríos con tus manos sabias

y recorrerás mis mares, montes y mapas

hasta borrar de mi vida las distancias.


 

Suerte de amar

 

    Tengo la suerte de conocer personas que buscan las verdades un poco más allá del esquema que nos regala el diario vivir, que dan de si mismos más de lo justo y necesario, que toleran y aprenden de situaciones que otros se niegan a ver. Esos seres llenan mi vida, levantan la bandera más cierta que he visto flamear, la que se iza más alto, la de los principios que deben unirnos, la de los hechos que se coronan con palabras sin disfrazarse con espejitos de conquistador.

 

    Esta gente extiende su mano solidaria sin esperar palmas ni gestos de afirmación, tangibles y ciertos me rescatan de los días en que la realidad vuelve espeso el aire y la confianza en los hombres flaquea. Son la luz del faro en la tormenta, los anteojos que curan mis esporádicas cegueras, son aire, mar, sol y tierra. Tienen muchas virtudes, cantan, bailan,  guían, escriben, miran o escuchan, todos tienen algo en común, algo que a ninguno escapa; mis amigas y amigos levantan vuelo, piensan y sueñan.


 

En tonos grises y azules

 

Para Mary

 

Amiga, no es la sangre

ni el azar genético quien nos une

mas eres mi hermana

hermana de sueños que pasean

por el azul de estos días grises

esquivando humo de cigarrillos.

Hermana de divagues

en tardes de penas y  alegrías

margaritas cubiertas por la nieve

de este invierno blanco.

 

Deseo que la dicha te halle

parada en una esquina Madrileña

o paseando por Uppsala

no importa donde

que llene tu silenciosa tristeza

de risas cristalinas

y acompañe tu paso lento

por las calles del mundo

que lance su voz al viento

para esparcir tu poesía

por los mares

y las constelaciones.

 


 

Poseo


Poseo alas invisibles
y un tercer ojo algo ciego
poseo conjuros estáticos
herrumbrados y harapientos
poseo un mar de patrañas

y un cielo de juramentos
una guitarra sin cuerdas
que sólo toca en mis sueños

calles que no anduve
por caminos eternos

un sinfín de preludios
que se apagan a lo lejos

que jamás escuché

pero duermen en mi lecho.


 

Labio de los pétalos

 

Cántaro de ilusiones

labio de los pétalos

la luz es lluvia blanca

de una ventana sin rejas.

 

Vuelan los alguaciles

sobre el cristal del río

mis manos se sumergen

lento en el agua fresca.

 

Canto de golondrinas

por el aire al cielo trepa

se mecen las glicinas

y me siento nueva.

 

La sonrisa de los árboles

con la brisa coquetea

y le regala piropos

a flores que los rodean.

 

Si las nubes fueran ciertas

perfecta sería esta fiesta

donde no reina el silencio

ni me alcanzan las penas.

Elvira

 

Hoy cumples años, bajo el calor del verano miraste varias veces el teléfono, esperaste una llamada desde la lejanía del invierno de mi hemisferio, pensaste que me había olvidado. ¿Cómo puedo explicarte que el olvido a tu persona no existe en mi diccionario?, que lo borraste para siempre con mañanas de mate dulce, con atardeceres de cuentos y fantasías, quedó entre las estampillas y los zapatos rojos de tu repisa, en las vidrieras de 18 de Julio y en la heladería Sandú. ¿Cómo puedo olvidarte si estás en mi?, si tu ser dibuja con mi sangre retazos de historia, si el cielo de tus ojos se abrió a mi mirada para acompañar mi paso por otros países, sin importar las constelaciones que los pintan. En la transparencia de tu alma deposite mis lágrimas y las guardaste como un tesoro, borraste el dolor hasta que me sentí única, especial en tu regazo. Te quiero, con todo el universo del corazón, en cada regreso al entonces y en cada gota de realidad. A la sombra de tu recuerdo crezco, mirándome en tu espejo me reflejo más buena, más inocente, más humana. Llévame contigo que conmigo vas, mientras siembro amor en mis hijos, mientras doy luz mis versos, mientras me río y cuando lloro te llevo. Vas siempre a mi lado caminando este presente que busca futuro.


 

Tus labios

 

En la punta de mis dedos

en mis yemas

guardo los labios

que me prestaste en sueños.

Lo bello de los sueños

es que me pertenecen

son alas en que viajo

hasta perderme en tus versos.

 

 

 


 

Nunca más

 

Nunca más el cuerpo estallara en juventud

ni tu piel se atará a la mía para romper soledades.

Nunca más tu aroma prenderá  mi alma

impregnándola en noches de tibios soles.

Nunca más el toque de seda de tus manos

que conmovió  la epidermis de mis ansias.

La brisa que me acaricio en noches de estrellas

evoca la urgencia de tu lengua en mi boca

y el lejano pensar se hace sentir en ella.

El sueño surge y tú estás allí de pie, amado

rompes muros de años y apareces en mis brumas

tiras horas al azar,  rompes reglas y leyes

me visitas para llevarme al tiempo pasado

y me dejas allí contando siglos y meses.


 

Vértigo

 

La vida transcurre demasiado rápido, los acontecimientos se suceden de manera vertiginosa y mi cerebro es una red que sólo atrapa alguno de ellos, el resto son lluvia de meteoros pequeños que no encuentran la superficie y se pierden en un infinito desconocido, sin dejar huellas, sin marcar mi cielo. No atino a enfrentar el hecho de sentirme impotente, avasallada.

Quiero poner pausa a esta carrera de locos, detenerme a pensar, ordenar las ideas, sacarlas del remolino bullicioso, del epicentro que hay en mi pecho. No se huir de la prisa, no se dónde esta el freno. Las horas se marchan, son hojas arrancadas a un cuaderno, empujadas al pasado por un viento frío de urgencias, no tienen retorno, quedan dormidas a la vera del silencio.

Tengo la ilusión de atrapar una fracción de segundo en una fotografía, o de capturar un momento. No puedo reproducir las sensaciones, los sentimientos, la temperatura de mi piel en ese preciso instante, lo que sufro y siento. Me observo como a una extraña, alguien que se parece a mí sin serlo. Corro ciega por este laberinto, sabiendo que cuando encuentre la salida voy a estar muerta, sin haber podido ganarle la batalla al tiempo.

 

 


 

A mis 40

 

El día que se marcha

deja tras de si una estela

nuevos sueños

nuevas fantasías.

 

Serena recibo la vida

ávida bebo su savia

acojo las horas de alegría

atesoro su esencia mágica

sé que las penas no son solo mías.

 

¿Cuánto vale una sonrisa

una mano extendida

una palabra o el silencio

de quien dibuja nubes

de quien pinta estrellas?

 

Quien comparte sueños

no teme a la vida

inventa un poema nuevo

una canción bella

libera mis palomas

da sentido a mi existencia.

 


 

Conjuro

 

Luna y tierra pactaron

para dar alma a la mujer

tierra dio la esencia de su ser

luna los sueños del ayer.

 

Le dieron fresco de brisa

y furor de tormenta

para que fuera leve

para que fuera cierta.

 

La dulzura del arroyo

para amar a la tierra

el espejo del mar

al que la luna se aferra.

 

La furia del ciclón

con que pelea sus guerras

y el silencio de la noche

donde oculta sus penas.

 

La capacidad de ser madre

como la luna, como la tierra

mujeres de ancho abrazo

y de profunda conciencia.

 

Pero no la hicieron libre

no conocen esa ciencia

la una se ata a la otra

tierra y luna, luna y tierra.


 

Siempreviva

 

La muerte te viene a buscar y envuelve con sus alas negras tu cuerpo frágil, negras de noche y soledad, negras de ausencia. Duele tu partida, aún en la alegría que trae el recuerdo hay un presente que te añora y un futuro que quiere volver a ti y encontrar la mirada azul que me ata a la felicidad de la infancia, cuesta decirte adiós, cuesta tanto esta despedida que mi corazón se niega a dejarte partir, a ponerte en el desván de los recuerdos. Duele la muerte que desgarra el pecho y rompe la díada de nuestras almas.


 

Adiós Elvira

 

Que dolor gorrión triste

despegó tu alma

subió sobre estrellas

hacia la magia del tiempo

sin horas ni espacio

de la aurora sin límite

y el eterno ocaso.

Mece el viento cálido

ramas de sauces

que acarician el lento paisaje

mi corazón trae recuerdos

de tu presencia intacta

Que pena tu partida

lo siento tanto

llanto en el pecho triste

luz de mis años

vuela pájaro herido

vuela muy alto

hasta tocar la cumbre

de nuestro llanto.

 



 

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Latest comments

13.01 | 03:50

Donde se consigue "Una historia que ni es cuento" ?.
Un abrazo:

...
28.12 | 11:12

Hej Veronika!

Hoppas jag kommit rätt, jag heter Annika Vogel och är enhetschef på Safiren.

Kontakta gärna mig på Annika.vogel@uppsala.se

Hälsningar
Annika

...
12.12 | 17:32

Estoy totalmente de acuerdo con Jorge Zabalza. Todo lo que aqui escribe es tan veraz y elocuente que no deja lugar para que los involucrados salgan a defenderse

...
11.12 | 07:09

genial sin motor chico no arranca

...
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