A Veronika
No importa.
Será más adelante,
pero quiero que lo leas
algún día.
Era una tarde clara aquella
El sol,
por la ventana abierta de mi celda
curiosos cuadraditos de luces
componía
………………………………….
Dentro de un rato
ese viejo juguetón
de largas barbas
amarillas
sumergirá sus ingles rojas
en el horizonte
y el manto de la noche
cubrirá este día.
Cuando ello ocurra,
estarás acostada ya
en tu cuarto
observarás el techo
con tus celestes ojos
de melancolía
y al sacudir el llanto
tu rubia cabecita
germinará una lágrima
del cristal más puro
para bajar temblando
por el pálido marfil
de tu mejilla.
Mil cosas te preguntarás entonces
porque es difícil
comprender
con siete años
los complejos laberintos de la vida
Sé bien que tus regresos
desde la escuela
o de la casa de los abuelos
de pronto
tan vacía
buscarán
casi inconscientemente
la presencia mía.
Lo vi en tus ojos,
durante la visita
mientras me preguntabas
cuando regresaría
poniendo entre mis manos
las tuyas
pequeñitas.
Todo es difícil
ya ves,
continuamente una despedida
pero debes saber
que lo terrible;
aquello que jamás
perdón admitiría,
sería que al volver a casa
(en esta fecha precisa)
me encontraras allí
de pie, o bien, sentado
indiferente
ante el llamado desgarrado de una tierra
que el sacrificio
fértil
de sus hijos exigía.
Henry Engler
(1973)
Insomnio
Me aventuro hacia lo desconocido
espero hundirme en sueños y huir
mis ojos abiertos miran el techo
con asombro absorto descubro
que es blanco en mi memoria
gris entre penumbras.
Sombras inquietantes danzan a mi alrededor
acechan desde los rincones
sus rostros escuálidos sin facciones
escudriñan en busca del miedo
mi lecho inhóspito
no quiere arrullar ni abrazar mi cuerpo
la respiración demora el tiempo
enmudezco por un instante
que dura una eternidad
cuento los pasos que no doy
girando hacia la nada
de un lugar sin duendes.
Reverso
Desde la orfandad de mis ojos te pienso y sufro. En el dolor húmedo crecen, como hongos, preguntas que resbalan por el tobogán del techo y buscan en vano, a través de la ventana, respuestas en las estrellas.
Quiero creer que estás allí, lejos, tan inalcanzable para tus carceleros como para mí lo eres; quiero perder conciencia de la tortura que sufres, del tormento de estos días grises de desconcierto.
Puedo volverme sombra, deslizarme por las paredes, o transformarme en oído para presentir en las voces aterradas matices nuevos.
Deseo encontrar un lugar único, más allá de la vida que nos ata y nos hace mezquinos, más allá de la verdad y la mentira, más allá del engaño de la muerte.
Te guiaré, toma mi mano y cierra los ojos, no tengas miedo, olvidarás el camino de regreso, no volverás a la oscuridad fría de la celda. No podrán separarte de mi lado, nadie nos hará daño, ni nos meterá en la bolsa de la incertidumbre.
Los días son un reloj de poca cuerda, cuyo pegajoso sonido me desvela, me asusta. Ven, apúrate, apaguemos todas las luces del amanecer, encendamos las estrellas, una por una, para que te refugies en mis sueños. Deja que te proteja de los monstruos de botas negras y llamas de muerte en la mirada.
¿No te das cuenta de que estoy llorando? Mis lágrimas mojan la almohada y forman un río que me lleva lejos. No dejes que despierte. Puedes volar en mis sueños, atravesar muros de piedra y rejas si tomas mi mano, si cierras los ojos, si crees.
He sentido, siendo niña, el sabor de la pena, profunda y asfixiante, la impotencia y el odio. Odio árido que se come el miedo, lo mastica y sustituye, en hábil maniobra de supervivencia, por orgullo, soberbia, autosuficiencia.
Descubrí que de tanto anhelar tu presencia, la realidad se convirtió en un sueño, inventado por una niña, desde la orfandad de sus ojos verdes.
Viento
El ábrego sopla mi ilusión
abjurando de los sueños
abocando la fantasía mutilada
de un momento que quedo lejos
lo mastique con otra boca
lo padecí en otro silencio.
Ahora rompe la alcancía
repleta de desconciertos
para traer latitudes
que aún llevo dentro
para remover recuerdos
y aires que hacen daño.
Surge del silencio
del límite del sentido
donde acojo lo bueno
donde escondo puñales
donde oculto lágrimas
en copas de desvelo.
Ahora sin dar aviso
pretende llevarme lejos
por caminos no pisados
durante tanto tiempo
que no sabré defenderme
ni encontraré el regreso.
1973
Del fusil salió la bala
que rompió la vida
y la tiñó de muerte
se mancho el día de sangre
y detuvo el tiempo en la Moneda
estático quedaste, país mutilado
mudo en tu grito de pena
triste, mudo y angustiado
Diste un último suspiro
en un fúnebre instante
y tu sacrificio se convirtió
en libro, canto, bandera
de tu pueblo el estandarte.
Cuanta muerte…
cuanto cielo acorralado
allí donde limita la agonía
estas tu, Chile hermano
para compartir tus héroes
tu historia y tu pasado
para buscar verdades
y construir futuro
codo a codo, mano a mano.
No existe la palabra olvido
para quien te ha amado
el alma vuela libre
con la palabra al lado.
Ese 11 de setiembre
cuando Chile agonizaba
te volvías historia
de tus hombres, de tu patria
de toda nuestro querido
continente latinoamericano.
Mal sueño
Intento correr de prisa por un campo amarillento, siento cada latido del corazón sonar más fuerte, más rápido. Mis piernas blandas se doblan frustrando cada intento de dar un paso, tiemblan, ceden bajo mi peso. Son anclas que no puedo mover, pongo toda mi concentración en ellas, levanto el pie izquierdo, uno, dos, cinco centímetros del suelo, pero cae a tan sólo una cuarta del otro. El peligro acorta la distancia, lo presiento más cerca, lo oigo respirar a través del viento. Estoy muda, transpiro, mis esfuerzos se concentran en emitir un grito, pedir ayuda, la voz se estrangula en mi garganta, no salen de ella más que bocanadas mudas de aire. El pegajoso sudor tibio se convierte en escarcha. Cuando creo que voy a morir despierto.
Mis ojos tardan un instante en acostumbrarse a la oscuridad del cuarto, escucho el sonido de los automóviles que transitan por la calle y el tranquilizador tic-tac del reloj al que mi corazón se acompasa. Agudizo mi oído para percibir sonidos del resto de la casa, no oigo nada. Todos están durmiendo. Tengo la garganta seca, me cuesta tragar saliva, retiro las mantas de la cama y me levanto, tratando de que el viejo parqué no suene bajo mis pies. Recorro la habitación una vez más con los ojos, la oscuridad me devuelve un sinfín de sombras familiares que me miran quietas desde los rincones. Camino hacia la puerta, esquivo bultos imaginarios, adivino la dimensión de la cómoda y la silla que no veo. Tomo el picaporte de hierro entre mis dos manos pequeñas y, no sin esfuerzo, lo empujo hacia abajo, a la vez que presiono la puerta con el peso del cuerpo. La madera vieja emite un chirrido agudo que trato de acallar con un shhhh apagado. Dejo la puerta entreabierta, pienso en el regreso.
Piso la baldosa fría del pasillo y miro hacia el patio, Chimba duerme alumbrada por la luna, es tan vieja que ni oye ni ve, mueve una oreja peluda y sigue ajena al mundo de intrusos y ladrones que podrían robar la casa cien veces en esta noche húmeda.
Cuando voy a repetir el mismo procedimiento con la puerta que lleva al comedor, caigo en la cuenta de que está abierta; por esa rendija veo luz. Escucho voces, mamá y abuela hablan en susurros, lloran, trato de escuchar mejor, soy una oreja despeinada y con dos piernas flacas. Aguanto la respiración para oír que dicen. Al igual que mis ojos se acostumbraron a la oscuridad, mis oídos sienten sus palabras de forma más nítida, están más cerca. Hablan de cárceles, de cuarteles, militares y presos, hablan de mis tíos, de la próxima visita a papá, esa que no haremos porque no lo encuentran. Lo han vuelto a trasladar, el fantasma de la incertidumbre corta sus voces, adivino que se miran con miedo. Planean qué hacer, con quién hablar, a quién recurrir. No se atreven a predecir lo peor, pero todo es peor, la tortura, el desarraigo, una vuelta más en la calesita desvariada del dolor.
Mis piernas se vuelven a ablandar, son anclas, pero no me preocupa, no hay adonde huir, no puedo escapar, no quiero gritar, mi llanto es mudo. Creo que voy a morir, pero esta vez no despierto.
Aún más
Brilla el sol, debajo yo
encima el universo
por dentro las procesiones
aún sé, aún siento
reclamo el aire
fresco de tu aliento
el mundo
ajeno al desconcierto
solo está, padece
duerme y despierta
aún en el silencio
hay ocaso, hay colores
hay deriva y sensaciones
aún más, hay tormento.
Katia
Un ser joven y entero
una niña mujer
en vida y silencio
te toco pasar mil veces
por las puertas del infierno
más nunca murió la risa
en tus claros ojos bellos.
Te amo por el lazo
con que amarraste mi cielo
hasta sanar mi alma
con tu canto de jilguero.
He llorado muchas veces
al saber que estabas lejos
me hiciste tanta falta
para quebrar el silencio
que volé hacia tu lado
con el pensamiento
atravesando las rejas
y los muros cenicientos
para compartir tu dolor
y engañar ese tormento.
Muerte
Fiera salvaje, no corras
no rujas desde el alma
tu vuelo se hace corto, y caes
sobre un cielo negro
de estrellas salpicado
no luches con la muerte
la ajena se hace tuya
y más profunda.
Por la ventana abierta
diviso campos de trigo
donde brota la mies
en guijarros informes
tu la guardas, yo la como
y mastico tu miedo.
Mientras aprieto los dientes
concibo el infinito
y más breve, la vida
es apenas una nota
tu, pobre mortal
no oyes mas que el preludio.
El manto que me cubre
no es de tela
sólo de hojas secas
como tus ojos
desde el fondo abiertos
dos estrellas sin brillo
dos puñados de sal
dos desiertos.
Túnel
La magia esta escrita
en paredes de dudoso estado
el ímpetu hierve en la sangre
de una juventud vejada
cuyo futuro se atisba
de muerte y guerra pintado.
Menos importa el sol y el aire
más la codicia y lo trivial
se corrompen los días
llenando las distancias de espacio.
Cada vez más aterrados
sonreímos de lado
apretamos los dientes
hasta sentirlos marcados
y empujamos con ceguera
para poder avanzar
por este túnel cerrado.
Óbito
Vuelvo a entrever
la sombra de tu garra
no besas mi frente
tibia en sudores.
Cargas tus años
bebiendo elixir de sueños
cortando hilos de placer.
El óbito de mi carne
está escrito en tu agenda
con letras pequeñas
apenas insignificantes.
Me crispo de miedo
ante tu nombre
te evoco para romper el mito
para acabar con el cuento
paradójico de mi pavor.
El tiempo y la poesía
Es como si el tiempo te hubiese prestado
sus tardes de lluvia, su mágico encanto
renace en tus ojos la luz de los días
y florece tu entorno en color de poesía.
Tus dulces mejillas se llenan de rosas
que rojas florecen entre los malbones
tu pelo que vuela como mariposa
se enreda en los días de las estaciones.
La tarde te obsequia su melancolía
y de anaranjados pinta tu manto
la luna que sube despide el día
y nace la noche con todo su encanto.
Pétalo
Arena del Atlántico
pisan mis pasos
lentos, llenos de verano
arrastran mis pies
restos de ternura
que se pierde trágica
en la nocturna negrura
se vuelve espuma
que el mar arrastra, su cuna
su esmerada timidez
es lluvia de tantos años
es perla gris, es luna
triunfo de enamorados
hechizo de nácar
del viento sutil conjuro.
Ay, pétalo blanco
astro de tibia cera
adorno mágico
copa de donde bebo el néctar
que escapa de tus labios.
La espera
Una madre y tres niños habitan el desconcierto
viven el día y presienten el miedo que acecha
que sorprende y atrapa, que mutila y no ceja.
Víctimas del capricho humano esperan
¿qué límite romperán esta vez las bestias?
¿que muro sin puertas?
Rodean la manzana de autos y uniformes
sus armas destellan, sus botas pisan firmes
poderosas, ante cuatro pares de ojos que observan
que callados interrogan, que mudos esperan.
Los soldados irrumpen en la casa, la dan vuelta
son varios, nada dejan; libros de sospechoso contenido
discos de música vieja, rompen también los colchones
las plantas y las macetas, tiran todo por el piso
no respetan, ni la edad de los niños, ni sus rostros de tristeza.
Se sienten grandes y fuertes, lo demuestran
ríen con altas voces, juegan con armas negras
huelen a sudor y humo, a abuso de poder apestan.
Todo tocan, rompen y desordenan
estos seres sin conciencia de nuestra casa se adueñan
tantas veces en trece años que la herida no cierra
los ojos lloran sin lágrimas, los labios tiemblan.
Cuando de allí se retiran, no hay palabras
nos miramos a los ojos y poco a poco
construimos en silencio nuestra vida
para seguir en la espera.
Surco
Herida, surco, grieta del alma
dolor, duele y sangro un líquido espeso
que por mis venas viaja, mata cuando pasa
el corazón estalla mustio, sordo, mudo.
Veo a la niña, me veo, yo soy ella, pero no es cierto
lloro a mares por dentro, ella también llora
un llanto seco que araña el pecho
y me hunde en silencioso grito.
Desespero por tocar tierra
por evitar el vuelo y la caída
que me tira hacia lo profundo
donde no me encuentro, donde me pierdo triste
en mi tristeza buena, mi compasión ridícula, mi condena
incapaz de salir a flote, de pelear esta guerra
enfrentando la batalla con mi pasado, con mi soberbia
esta ponzoña, este veneno que alimenta mi insuficiencia
con aspereza, con prematura muerte.
Duelo de muertos vivos, no se escuchan ni entienden
se desesperan, viven en mi, pero es quimera.
El doctor del pueblo
Llevaba su profesión en la sangre, en las manos, en el modo de andar. Era todo vocación y bondad, un hombre que transmitía y reflejaba paz, un médico de antes, el doctor del pueblo. El doctor de San Javier.
Tenía tiempo para escuchar a sus pacientes, las cuitas familiares, riñas y chismes del lugar, esa atención era parte del tratamiento y era el medicamento milagroso que fortalecía el espíritu de los que no tenían otra persona a quien recurrir. No era esclavo de la burocracia y las normas, él ponía en ese pueblo estático su propio ritmo, marcaba en esa carretera chueca su camino recto, tenía el don de mirar por encima de las mezquindades humanas para trascender buscando la semilla de las personas.
Los pacientes que no podían pagar le llevaban una gallina, huevos o algo de la quinta, y él los atendía con la misma paciencia y consideración que a los que abonaban las visitas con dinero. Ejerció más de una vez de veterinario de las mascotas de los chicos del pueblo. Afligida, con la cara sucia y llorosa, mi hermana llevó un día su gato a la consulta. Él vendó la pata lastimada y dio a Paula palabras de consuelo, asegurando que el paciente sanaría sin mayores consecuencias. No recuerdo que nadie tuviera una palabra de queja contra él, y eso, en un pueblo pequeño de una sola plaza y calles de tierra, era un milagro; el médico, verdaderamente, tenía algo de santo.
Su mujer, más joven que él, era como la brisa de primavera, siempre sonreía mientras pedaleaba su bicicleta, tras la cual, correteaba un pequeño can. Era alegre, bailarina, bonita y elocuente. Tan querida como su esposo, contagiaba alegría a su paso. Ese amor dio frutos y nació un hermoso niño que completaba el armonioso cuadro que esta pareja representaba.
En el pueblo, el tiempo parecía colgar de los sauces al borde del agua, la gente vivía tranquila, ocupada de sus quehaceres diarios, y los pocos jóvenes que moraban en su transcurrir, estudiaban en el liceo, hacían deportes, cantaban en el coro o bailaban danzas típicas rusas. Yo -que viví allí y, luego, el destino me llevó a vivir en muchos lugares distintos- puedo dar fe de que la gente era, básicamente, inocente frente a la vida, sencilla, con las típicas características de los habitantes de un pueblo pequeño. El contacto con el río y el bosque formaba una parte importante de las actividades que allí se desarrollaban. Los pescadores, apicultores y granjeros eran gente sencilla y directa, que vivía en armonía con la naturaleza.
Un día cayó la mano represora y apretó donde más dolía, en la incomprensión de la gente. Muchos de los que vivían allí no tenían idea de que estábamos bajo una dictadura militar. Los policías del pueblo eran los compañeros con los que fueron a la escuela y jugaron a la bolita, no los que llegaron ese día, severos y armados, para sembrar el terror y la desconfianza entre los sanjavierinos.
El pueblo entero sufrió un colapso, mucho más que mis hermanos, nuestra madre y yo, que estábamos acostumbrados a este tipo de acciones que nos perseguían a lo largo del país. Al divisar las “chanchas” que rodeaban la manzana de nuestra casa adivinamos, inmediatamente, que estábamos siendo sometidos a un allanamiento, pero nunca pensé que se iban a ensañar con el resto del pueblo, que esa gente iba a ser víctima del atropello militar. Las bestias se llevaron con ellos una buena cantidad de jóvenes “sospechosos” y otro montón de gente, entre ellos al doctor.
Decir que por allí había pasado un huracán no sería exagerar, la gente quedó sin norte, el miedo se extendió como una mala enfermedad. Algunos compañeros de juego se encontraron ante la prohibición de sus padres de jugar conmigo. El hecho de que mi padre fuera rehén de la dictadura se hacía más evidente, ahora, ante el peligro. Anteriormente, sólo algunos de mis compañeros parecían saberlo, pero sin tener mucha idea de lo que eso implicaba. Y los profesores tomaban, según su grado de compromiso con el proceso dictatorial, actitudes que podían variar de uno a otro, los más comprometidos con la dictadura eran los que trataban, siempre, de complicarme la vida. Un manto de pavor cubrió los espacios vacíos.
Entre los que pescó la red represiva se encontraba el doctor, patriarca del pueblo, consejero y amigo. Ya no habría palabras para los necesitados, no más consuelo, el idilio había terminado. ¿Quién respondería a las preguntas de este pueblo aterrado? A los militares, como ya había pasado otras veces, se les fue la mano durante la tortura y lo mataron. Fue un asesinato cometido cuando ya no había más “guerra”. Cerraron los ojos de un soñador, un padre, un marido, un amigo de todos, mutilaron el pueblo sacándole uno de sus principales pilares.
Como un mazazo me llegó esta noticia cuando estaba en Paysandú, pensé que la injusticia no tenía fin, quise gritar pero sólo me corrían las lágrimas, sentí que la pena me desbordaba, pensé en todos estos años de opresión y en los jóvenes inocentes que aún estaban presos, pensé en mi padre y en una historia que parecía no tener fin. A veces la indignación te estrangula, te ciega, la impotencia, al no poder dar explicación a los hechos, crece en el pecho y lo revienta, es una sensación tan tangible que se puede dibujar, se puede tocar con la yema de los dedos. Sentí vergüenza del género humano y su miseria. La dictadura seguía cobrando víctimas, daba sus últimos coletazos y esparcía muerte, de una u otra manera éramos todos rehenes.
Puerto
Dedico esta prosa a la memoria del abuelo Francisco Engler y a “Babuña”
Hay recuerdos que se deben saborear despacio, como se cata un buen vino, haciéndolo rodar por la lengua para que cada una de nuestras papilas descubran los distintos matices de un mismo sabor, o como se toma un mate, sin prisa, dejando bajar el agua caliente y de amargo sabor por la garganta. Este es uno de esos recuerdos, calmo como un atardecer de primavera. Un puerto espejo, en el que se refleja el desgaste de un pueblo y su gente, pero donde, también, se atisba un pasado glorioso.
Por un largo camino de asfalto llego hasta el Puerto estéril, derruido. Los barcos ya no buscan su cobijo, no paran a saludarlo en sus viajes, ni siquiera lo miran, simplemente pasan por el canal ignorando su presencia. Me paro en el borde de la planchada que cae en desigual declive, una piedra suelta rueda hasta el agua aterrizando en ella con un sonido hueco. El gris del hormigón se ve matizado por el verde de la vegetación que crece entre las grietas, queriendo devolverlo a su antigua condición de monte salvaje.
Atardece, oigo ruido de remos que golpean el agua, es un pescador que se prepara para tender el espinel en espera de atrapar alguna tararira, no muy lejos de él salta un pez formando círculos concéntricos en el líquido verdoso. Es la hora en que los sonidos menguan, dentro de un rato resurgirán con renovadas fuerzas en conciertos de grillos y ranas, quizá alguna lechuza se deje oír y los enamorados buscarán, en su eterno paseo nocturno, algún lugar tranquilo donde compartir besos y urgentes caricias.
El río está creciendo y cubre, casi por completo, la arena de la pequeña playa, en la tenue luz del atardecer veo, a mi izquierda, los sauces llorones; se levantan majestuosos, absolutos soberanos del paisaje. Los que se encuentran cerca de la orilla acarician el agua con la punta de sus múltiples dedos. Ellos, que durante el día se hamacaron en rítmico baile de vuelo de mariposas dando sombra a los primorosos bancos de piedra, son los mismos que, al anochecer, se doblarán con amenazante aspecto en espera de la brisa que suele demorarse.
La acuática serpiente se desliza pacífica por su cauce, sin apuro, como queriendo acoplarse a esta monotonía de tibiezas, luce los opacos colores de la tarde que se retira, pero en el horizonte estalla el cielo en una fiesta de matices, negándose a dar paso a la noche. Dentro de un rato se dará, por fin, cuenta de que no vale la pena resistirse y obligará al sol a marcharse por el lado opuesto del que vino. La luna no espera y apura su entrada triunfal, anunciando la llegada de las estrellas.
Y el puerto se enorgullece de este derroche de belleza, sabe que en su deterioro, poco a poco, se va transformando para unirse a su entorno. Llegará el día en que vuele con el viento por el monte y se deje arrastrar por el cauce del río, libre de los lazos que hoy le atan a este lugar, haciéndolo prisionero de la tierra.
Consecuencia
Algo paso con las flores
recibí poemas por carta
pensé que estaba nublado
con sol y cielo azul.
En el cuenco de barro
escondí monedas
de cobre, de plata
de ilusiones robadas al amor
para comprar coronas
de reina pobre
y darle a los peces
migas de pan
y versos tristes
sin precio ni valor,
aquí comienza
la cuenta regresiva.
Cuesta subir en bajada
la lógica no tiene equilibrio
y estoy cronológicamente cansada
de los caminos que se repiten
o se cruzan a si mismos.
Siempre otoño
Lírica gota de poesía transparente
resbala por la nervadura de una hoja
para rodar por mi mejilla
en tibia lágrima convertida.
Rocío, me despiertas
para volverme otoño eternamente
otoño en tu jardín de inviernos
otoño en la vieja fuente
invierno, pero siempre otoño
en cada lugar de mi mente.
La fuente
A Ana María San Juan y a todos mis queridos amigos sanduceros.
Cientos de tardes me vieron jugar en la fuente de la plaza. Que fuente linda, miraba la iglesia sin verla, era una fuente amiga, no orgullosa y pretenciosa como otras que elevan su ostentosa belleza apocando la hermosura natural del césped, las flores y los árboles que la rodean, mi fuente convivía en perfecto equilibrio con los demás elementos de la plaza Constitución. Por las tardes se vestía de niños, pegajosos de helado corrían por su canto, o sumergían las manos sucias en el frescor del agua, yo era una de ellos, fiel a sus juegos que encerraban mil posibilidades distintas. Cuando el chorro de agua subía hasta perderse en el cielo, esperábamos ansiosos el refrescante salpicar, que no se como, nos sorprendía de igual manera cada vez que nos mojaba, como si las gotitas borraran nuestra memoria para que siempre resultara igual de divertido. Más discretas las parejas de enamorados preferían observar desde los bancos, al igual que los ancianos, que se acercaban a moderada distancia como precaución de que uno de nosotros, en nuestras carreras de viento libre, los fuéramos a tirar al suelo. Elvira acompañaba mis pasos con la tutoría vigilante de quien ya los ha dado. Me bastaba volverme para ver esos ojos azules que cuidaban mi mundo, llenándolo de calor, como un cielo de verano.
Mi fuente existe hoy solo en la memoria de quienes la disfrutamos. Cuando yo dirigía mis pasos por los caminos de la adolescencia, contó ella sus últimos días. No murió de a poco bajo la erosión del tiempo, la arrancaron de su suelo. Como consecuencia de las decisiones tomadas en época de militares, fue convertida de la noche a la mañana en gris mausoleo, de tan mal gusto que aún duele pasar por allí y ver la sombra de su recuerdo.
Leandro Gómez, que amó tanto a esta ciudad se sentiría atropellado si pudiera verla, se que pensaría como yo, como tantos otros sanduceros que aún sentimos esta mutilación en carne propia. Estoy segura de que no le gustaría ver convertida su imagen en rígido metal, señalando por desgracia del azar y como aún queriendo ser fuente, una incipiente gotera en el techo del mausoleo.
Desde otras Tierras
Nacida en Uruguay
con sangre de otras regiones
desde Ucrania, Italia
España
y Alemania
son nuestros antecesores.
Con ellos trajeron canto
comidas y tradiciones
pero también abrigaron
dolor, tristeza e ilusiones.
Buscaron la tierra libre
para a sus hijos criar
buscaron la tierra justa
para poderla amar
y en ella se mezclaron
sentimientos y experiencias
para formar nuestro pueblo
un cúmulo de tormentas
para crear otros hombres
mezcla de corazones
y erigirnos orgullosos
frente a las oposiciones.
Desconcierto
La tarde se torno extraña y gris
como mi alma en estos días
alimentó mi tristeza de tonos opacos
y creció en mi pupila hasta cegarla
se hizo añicos y rompió en noche.
Mi cabeza aturdida, no acompaña
sólo se detiene a dormir sus pesares
que flotan como mis pensamientos
y caminan mirando a todos lados
sin orden, sin suerte ni palabras.
Estos cientos de minutos sin vida
sin motivos para ser llevada
son oscuros, son difuntos
sin velas ni flores
invaden mi silencio y lo atrapan.
¿Por qué me tumban de repente
extraños tormentos?
malogran mis fuerzas
pisan mis anhelos
y no lo entiendo.
Inquietud
Tengo una cabeza inquieta
chocan entre si las ideas
me destrozan, me secuestran
y caigo por la pendiente
que a la locura lleva
no puedo controlarlas
¿por qué me atormentan?
¿por qué disputan mi tiempo
y no cesan esta guerra?
yo las veo morir
siento que se despeñan
y mientras caen y gritan
agonizantes arrastran
en su muerte mi cordura
en su alocada juerga
los restos de lucidez
a mi amargura disputan
y a mi pobre juicio niegan.
Libre
A confiscar paredes
las rejas y ventanas
que el espacio se llene
de locura y mañanas.
El verde de la vida
trepa por las montañas
y el azul que la alimenta
pinta la madrugada.
Cuando no hayan límites
ni vida equilibrada
cuando corra en el viento
al calor de alborada.
podré remontarme libre
sin tapujos ni mortajas.
El camino
Camino senderos
no siempre parejos
las sendas que piso
me llevan muy lejos
hundo en el pecho
dolor de otros días
el tiempo se prende
con luz y alegría
e inunda las calles
de cielo y naranjas
que tiñe los aires
de soles y brisas
a veces me siento
dormida y lejana
y otras al viento
avento campanas
pero siempre encuentro
que es bella la vida
aunque de dolores
se tiñan los días
la lucha es el centro
el eje del tiempo
lo que da sentido
a los sinsabores
porque es importante
luchar por la vida
de quienes existen
sin flores ni cantos
de quienes hoy sufren
lo que ayer sufrimos
y extienden las manos
hacia nuestro lado
contra el egoísmo
y malas virtudes
contra un mundo hueco
que pierde el sentido
contra la pobreza
y pobres razones
las guerras, el odio
y los opresores
luchemos unidos
alcemos el canto
las voces del tiempo
que borran el llanto
juntemos las manos
cerremos los puños
y juntos corramos
por estos senderos
gritando muy fuerte
y con furia en la voz
que todos los pueblos
sean liberados
y que sin clemencia
mueran los tiranos.
Hemisferios
Abandonada a los recuerdos cruzo el umbral que me conduce a la infancia. Asomo a un país lejano, pintado en otra realidad, con otros colores, otros tonos de características distintas a las que hoy me rodean. He vivido casi la misma cantidad de años en ambos hemisferios y mi vida está simétricamente repartida entre un sur y un norte que comparten mi querer, que forman mi vida y moldean mi ser.
Nací en Paysandú, los años que viví allí despertaron en mi un amor largo y leal hacia ella. La seguridad, la normalidad, el nido de mi vida y amigos que llevaré en mi corazón para siempre surgieron de sus calles. De mis primeros años de vida guardo más sensaciones que recuerdos, atesoro fragancias, sonidos y colores. Siempre que estuve lejos de mi ciudad esperé con anhelo los meses de vacaciones para llegar y refugiarme en el regazo de Elvira y Doña Carmen, para jugar a las cartas con Ana María e ir a las playas del río Uruguay.
Al tiempo de nacer Dieter nos mudamos a Montevideo dónde nació Paula, por esa época mi padre estudiaba medicina y residía en la capital. Eran años de agitación política, de crecientes desconformidades, papá; cuya sangre ardía en rebeldías de juventud, no pudo ni quiso ser ajeno a esa realidad, militando en el MLN repartía sus días entre reuniones clandestinas y acciones.
En Montevideo fuimos testigos mudos de un continuo fluir de gente que surco nuestras vidas. Las distintas caras se sucedían una tras otras, los llamábamos tíos o los nombrábamos con curiosos seudónimos. Se nos prohibió hablar de lo que sucedía en casa y dar detalles de las personas que por ella circulaban. Éramos conscientes del peligro de tiroteos y sabíamos que hacer en caso de que esto sucediera. Los allanamientos también eran frecuentes en esa época y nos dejaban siempre un sabor a desconcierto y vulnerabilidad en el alma. En el año 1972 yo tenía seis años y era la mayor de tres hermanos.
A pesar de los sinsabores, conservo gratos recuerdos de personas y de momentos que hoy parecen sueños, o espejismos que se desvanecen en una lógica hermética, pero de poca convicción. Esa vida se vuelve tan lejana que a veces se me ocurre que fue un invento de mi fantasía, pero al hablar con mis hermanos y recordar esos años vuelve a mi la certeza de haberlos vivido. ¿Cómo puede existir tanto odio?, ¿como puede un ser humano torturar, destruir y matar a sus semejantes porque otro se lo ordena? He comprobado con tristeza que la maldad existe en todos lados, que lo que nosotros vivimos es una ínfima parte de lo que sucede en el mundo, la lucha por el poder no conoce límites, cuando pienso en el sufrimiento que soportaron quienes amo y respeto, me doy cuenta de que aún guardo ese dolor y un saco lleno de preguntas que nunca obtuvieron ni obtendrán respuestas, arrastro el eco de las mentiras que nos legaron y siento que hay que terminar con ellas de una vez por todas, para erradicar el miedo, para cerrar cicatrices y para evitar que otros pasen por el mismo infierno.
Atesoro la imagen que pude atrapar de papá en mi infancia, un ser divertido, cariñoso, siempre original y algo excéntrico que entraba y salia durante cortos intervalos de nuestras vidas. Rodeado de encanto y misterio, llegaba en las noches, entraba a casa por la puerta trasera y descargaba en una mesa la granada y la pistola, que nosotros mirábamos con ojos curiosos.Todo era una aventura irreal, en nada se parecía mi familia a las de mis compañeros de clase.
No recuerdo haber sufrido demasiado por esa situación irregular, para mi era normal, se asemejaba a las historias de las películas en la que yo me sentía como una pequeña heroína que debía soportar el dolor sin que este se trasluciera.
Nuestra casa estaba siempre llena de vida, gente y música, nos sentíamos rodeados y protegidos. A pesar de que escuchaba hablar a los mayores sobre el riesgo de peligro, mi mente no alcanzaba a comprender el daño que un proyectil podía causar o el significado exacto de la palabra secuestro, cárcel o tortura. Sabía cuales eran las reglas a seguir y era demasiado pequeña para cuestionarlas, me sentía protegida por la figura de mi madre, que era mientras todo el entorno se empeñaba en cambiar, nuestro punto fijo y seguro. Más el sufrimiento y la angustia no tardaron en llegar.
Una tarde, o quizás fuese una mañana en la que miraba el informativo con el abuelo Francisco vi por televisión la noticia de la captura de papá. No comprendí del todo las palabras que oí, palabras que no fueron más comprensibles al volverse imagen fría en la página de los diarios, páginas que aún conservo. El texto estaba acompañando de una fotografía en que papá no sonreía, se veía cansado y ausente, lo habían herido, con tanta “suerte” que la bala rodeo el corazón sin apagar su vida.
Después no hubo tiempo para muchas explicaciones, se trataba de volverse invisible para escuchar las charlas de los adultos, interpretar los llantos y rostros de preocupación, adivinar y presentir, papá había desaparecido. Babuña y mamá iban frenéticamente de cuartel en cuartel buscando algún dato, alguna pista que les diera esperanzas, que les mostrara el camino hacia su hijo y esposo. Se hablaba de terribles castigos que yo en vano trataba de imaginar pensando en él, se hablaba de muerte y ausencias. Un caos en el que nosotros los niños no teníamos un lugar destinado y deambulábamos sin saber cual era nuestro papel, Paula era muy pequeña y con Dieter pasábamos horas sentados en el zaguán de la casa dónde jugábamos a adivinar el color de los autos que pasaban por la calle o inventamos juegos dónde encarcelábamos hormigas y otros insectos.
También cayeron presos mis tíos y no se daba a basto para correr y sufrir a la vez, para imaginar y anhelar libertades. Fue una época triste para los más pequeños un tiempo de confusiones y juegos solitarios, de entender a la fuerza cuáles eran las urgencias y ver el sufrimiento sin límite de los seres que amábamos. Katia, mi tía, jugaba un rol muy importante en mi vida, era un ave libre hasta que le recortaron las alas y la enjaularon para que no volviera a cantar, por suerte no lo lograron. Varios años menor que mi padre fue la persona que quedó representando ante mis ojos el canto, la alegría y el juego, sentí mucho su falta, fue otro hueco en esa red de pesares, la admiración que ese ser joven y fresco despertó en mí ayudo a formar a la mujer que soy hoy, de su joven fuerza aprendí a no darme por vencida ante ninguna de las circunstancia que la vida me presenta.
Los rostros que antes desfilaron por nuestra casa se iban retirando uno a uno, muchos de esos compañeros caían presos, asesinados y algunos simplemente desaparecían de nuestras vidas sin que supiésemos en ese momento como o a donde. Algunas personas, inclusive dentro de la familia, sintieron miedo y fingían no conocernos si nos cruzábamos por la calle. La gente tenía pavor a la represión y la mayoría lo demostraba. Muchos tuvieron que dejar el país para conservar la libertad y la vida. Este tipo de situaciones las vivieron las familias de otros presos, que como nuestra familia se sintieron islas, luchando contra una realidad carente de lógica imprevisible e inhumana.
Recuerdo la soledad como algo tangible, palpable. Distintas escuelas, a veces más de una en el mismo año, cambiamos varias veces de casa, de barrio, de ciudad. Los militares y sus allanamientos, sabían encontrarnos, no importaba donde huyésemos, la seguridad era una palabra que para nosotros no tenía sentido.
Vivimos muchos años sintiendo que nuestro Norte era mi padre y su peregrinar por los distintos cuarteles del Uruguay nuestro único mapa, terminamos nombrándolo inconscientemente portador de las respuestas y soluciones que nadie tenía. Él, uno de los nueve rehenes de la dictadura era trasladado continuamente y en cada traslado nos hundíamos en la incertidumbre de no saber si aún estaba vivo. Cuando se volvía a dar con su paradero había que comenzar nuevamente a descifrar entre líneas o pequeños datos cual era su estado, su condición física y mental, como lo trataban, que tan terrible había sido la tortura esa vez y que huellas había dejado en su cuerpo flaco y maltrecho. Lo vimos adelgazar hasta parecer un faquir, lo vimos alejarse de la realidad y crear otra en la que nosotros, ante la alternativa de aceptar su locura elegimos creer y sumergirnos desde la nuestra, simplemente para no estar solos y poder darle al cerebro una razón para subsistir de esa forma. Fuimos aislándonos cada vez más en nuestra isla familiar, donde mi abuela corría aguantando su cuerpo con la fuerza volcánica de su carácter, repartiéndose entre sus hijos y el abuelo enfermo que yacía en cama. Mi madre, muy joven, muy sola, con nosotros tres a cuestas intentaba encontrar dentro del Uruguay un lugar seguro para nosotros, vivimos en Montevideo, en Minas, en San Javier y en Paysandú. Tratábamos de pensar en una vida distinta que comenzaríamos a vivir en el momentoen que papá fuera liberado y de tanto hacerlo nos encontramos brindando cada Año Nuevo por el día en que realmente comenzáramos a festejar. En algunos momentos sentí que nuestra vida estaría estacionada hasta el día en que él saliera en libertad, sólo en ese momento iba a comenzar la verdadera, la que valía la pena vivir.
Sería de todas formas injusta si dijese que no disfrute también de algunas de las cosas normales que un niño o un adolescente disfrutan. Pero el sentimiento de culpa surgía a veces para hacernos sentir que mientras mi padre sufría, no era justo que nosotros nos divirtiéramos demasiado y la represión se encargaba de que recordáramos cual era nuestro sitio y llegaba a nosotros como una sombra furtiva cuando menos lo esperábamos, transformando miedos en odio helado e infinito. Crecimos en un mundo algo Kafkiano, pero formamos los pilares de la unión y el amor que existe hoy entre nosotros y nos contamos entre los afortunados que lograron despertar de esa pesadilla siniestra. No todo fue tormenta, hubo gente especial, invalorable, que nos acompaño en el viaje, hubieron amigos y manos extendidas hacia nosotros, enorme oasis en ese implacable desierto humano.
Al termino de la dictadura salieron de la cárcel paradójicamente llamada “Libertad” los últimos presos políticos que aún la habitaban, entre ellos mi padre. Los trece años de ausencias, soledades y torturas dejaron huellas en el alma de todos y los reencuentros no fueron lo idílico que habíamos soñado repetidamente durante ese tiempo. La lucha de los presos por adaptarse a una sociedad que habían dejado hacía muchos años y recuperar la vida que les fue arrebatada fue dura y en el camino varios se perdieron, sanar cuerpos y almas rotas no es tarea fácil, sobre todo cuando quienes las destruyeron sabían muy bien lo que hacían, contaban con los mejores y más sádicos educadores especializados en el tema.
Yo tenía una gran expectativa alimentada durante trece largos años, con un saco cargado de exigencias y preguntas arremetí con todo el fuego de la adolescencia y me di de cabeza contra el muro que levantaron los duros años de interrogantes. Tengo la sensación de que a todos los que pasamos por esa experiencia sentimos de forma similar. Muchas familias quedaron destrozadas y la nuestra no fue una excepción, después de deambular por los intentos sin encontrar las soluciones a una realidad que se nos estrellaba en la cara, partieron mi madre y mis hermanos para Suecia, donde ya vivía parte de la familia. Unos meses más tarde subió en el avión que lo traería al mismo destino mi padre y por último, dejando un pedazo de alma colgada de algún árbol, partí yo.
Este fue a grandes rasgos mi pasar por el hemisferio sur.
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Luego comienza mi vida en el norte. Para vivirla, tuve que morir y renacer varias veces, tuve que romper mis esquemas y atreverme a incursionar por mi pasado como una extraña curiosa que se entromete en la vida de otra persona. Se fueron horas y días en atar y desatar cabos que me conducían en espiral hacia el centro de mi alma herida.
Recuerdo el verano del 86 como una etapa por la cual pasé anestesiada, sin darme cuenta del porque y sin hallar respuestas a las preguntas que no sabía formular, pero que estallaban en mi cabeza las veinticuatro horas del día, haciendo que el sueño y la vigilia se mezclaran en una suerte de nube gris que siempre presagiaba tormenta..
Anhelaba un reencuentro familiar, el poder remendar lazos con los seres más importantes para mi en esos 20 años de existencia. Con el ímpetu característico de la edad no supe analizar la situación que me había llevado tan lejos, todo era sentir, bullir por dentro. Extrañaba terriblemente nuestro sol uruguayo, mi río y los nuevos amigos ganados después de la dictadura, compañeros con los que me había sentido capaz de hablar luego de un largo silencio que venía durando toda una vida.
Deambule por clases de sueco sin mucha voluntad ni interés, preferí no pensar en los caminos a tomar, solo viví, sin mucho razonamiento. Dormía soñando con tardes claras caminadas en Paysandú, con caras amigables, con saludos en español y despertaba angustiada sin saber donde me hallaba, hasta mirar por la ventana que me devolvía una imagen fría y oscura que me traía a una realidad que aún no comprendía.
Nació mi hija y ese fue mi despertar, darme cuenta de que un ser pequeño e indefenso dependía de mi para sobrevivir me sacudió del limbo y me trajo a tierra, quise que sintiera la seguridad que yo no sentí, quise que fuera la protagonista de su vida. En el momento en que Isabelle nació aterricé en Suecia con cuerpo y alma.
Mis ojos comenzaron a abrirse lentamente, pude apreciar la belleza de estas tierras, pude sentir una seguridad que no había sentido nunca antes, comencé a ser yo, a volver a juntar los pedazos que estaban tirados en el camino y a construir el puzzle de mi vida. El padre de mi hija se separó de su anterior mujer con la que tiene dos hijas y resolvimos intentar juntos una vida en común. Hubo momentos difíciles en los cuales deseé bajarme del tren, pero fuimos encontrando otros caminos para aplacar los vientos fuertes.
Uppsala ha sido el lugar en que he vivido más años, aquí conocí a mi pareja, tuve a mis dos hijos; Isabelle y Gabriel, los rayos de sol que tanto busque en días oscuros. Tuve la oportunidad de conocer a las hijas de mi compañero: Lucía y Carolina, vivir, pelear con ellas y quererlas. Nació Janaína, una hermosa nieta postiza llena de lunas y encanto mágico.
Me reencontré con mi tío y su familia que significan mucho para mi. Hice amistades que valoro mucho, me empapé con el derroche multicolor de culturas que habitan este país y enriquecí como persona, descubrí que hay un balance entre el ser y el deber.
Hoy siento un lazo afectivo muy fuerte con Suecia, me encuentro repartida en mis querencias y agradezco el haber tenido la oportunidad de ver mi propia vida desde otra perspectiva. Logré acercarme a los seres que quiero y abrir nuevas ventanas. Comencé a través de la poesía a comunicar mis sentimientos y eso me ayudo a entenderlos y a entender a quienes amo. A través del trabajo solidario mantengo un lazo con mi país, con mi gente. Siento el dolor de la distancia física con quienes amo, hay seres que mueren lejos sin que pueda tomarlos de la mano, despedirlos y decirles cuanto los quiero. Hay otros que nacen y crecen sin que podamos alegrarnos al compartir ese imprescindible diario vivir. Deje a mi prima Micaela siendo pequeña y hoy encuentro a una mujer que me llena de orgullo, extraño las charlas con los seres que amo, simplemente llorar y reír con ellos.
Así, entre Norte y Sur voy construyendo puertas, derribando muros, desenredando telarañas y tejiendo puentes que se parecen cada vez más al arco iris.
Noche
El brillo de la luna
trae la certeza de la noche
fría y húmeda
surgió con su manto
y me cubrió de sombras.
Me halló en una esquina
recordando días claros
y soles ardientes.
Sorprendida por su llegada
quise pensar en ella
pero no lo logré, no pude
mi mente seguía atestada
de veranos cálidos
de amaneceres tenues
y desayunos tardíos.
Cien
Son cien las promesas de mi boca
cientos de besos mariposas
cientos de labios sin hospicio
cien las miradas de mis ojos
de soslayo, de fuego, de suplicio
se apagan y encienden sigilosas
luciérnagas del desquicio.
Son cien las caricias de mis manos
tristes, arrebatadas, libres
en el límite de tu piel acorralada
en el cielo de tu más extraño juicio.
Y yo siento, cien, mil, cientos de miles
de caricias, de besos, de miradas
que resbalan por el borde de la vida
hasta el centro de un hondo precipicio.
Cansancio
Mi cuerpo vive, pero mi esencia
acabo su otoño eterno
se despego de mis ganas de amar
no puedo sentir ni odiar
no tengo alabo ni queja
estoy muerta, deja que me pudra en paz
no me molestes con nimiedades
ya no golpees la puerta.
Buscando caminos
Tuve un lugar que era mío, su río de aguas dulces me pertenecía, así como las tardes calientes de siestas abrasantes y chicharras, o el calor que nos mecía en una ardiente cuna de sopores y nos transportaba a el mundo que oscila entre la realidad y la fantasía. Está sensación nos colocaba en un espacio en el cual todos parecíamos quedar colgados durante esas horas de asfixia sin viento ni brisa. Me fui de esa ciudad un día, pero su recuerdo quedó prendido a mis sueños, me basta cerrar los ojos para dejarme llevar por los caminos de la nostalgia, siguiendo olores, sonidos y sabores encuentro la ruta que conduce a mi memoria. Hay aromas que no se pueden borrar, ni siquiera los huracanes de otros lugares los pueden barrer, en mi piel está el olor del girasol, del sauce, del agua dulce, la lluvia de otoño y el eucalipto. Impregnados para siempre en la más profunda esencia de mi ser, seguirán conmigo hasta el día en que muera.
Madre
Vuelvo a ti por el camino de los años
hasta sentir el anhelo de tu cálida risa
y recordar la cascada de tu pelo negro
que cubrió el pesar de tus sueños.
Te toco vivir dolor y tristes soledades
de juventudes echadas al olvido
y pasiones obligadas a invernar
en días increíblemente fríos.
Quisiera volver por tus senderos
y llegar al ser joven de esos días
a tu alma solitaria y huérfana
que ahora sé que sufría,
sentarme callada a tu lado
y ofrecerte en mi silencio
la más grata compañía.
Nadamos océanos
para alejarnos del tiempo
que nos causo tanto daño
escalamos montañas
y entre charla y verbo
hoy volvemos a encontrarnos.
Tiempo de soñar
Si desgajo el tiempo y tus ojos
me miran desde la distancia
caigo en cuentas nefastas
extraño el arcoiris sobre azul profundo
el deseo que hiere como un látigo mis ganas
marca mi carne a sangre y recuerdo
convierte el corazón en lava.
Apoyo ese deseo en tu respaldo
para respirar de mi aire nuevamente
y cuento los latidos de mis pasos
que te acercan al norte de mi suerte.
Camino, siempre atrás, pero camino
sin que me atreva a enfrentar la mirada
donde viven tus manos para siempre.
El deseo es una caja de Pandora
que se abre en cada encrucijada
de ella salio mi anhelo y volo a ti
en esta noche de notas encontradas.
Ave que se hundió en profundidades
para visitar los sueños de tu almohada
y traer de regreso aromas a mis ansias.
De Paysandú a Uppsala
Miro el azul del cielo y siento la dulzura de tu río corriendo por mis venas. Nací para impregnarme de ti, para llevarte en la piel, en el corazón, sin importar que los caminos me alejen de tu cuna, que los pasos se enreden en tardes silenciosas. Las distancias no existen, al evocarte vuelvo a mecerme en tu ritmo, a esparcirme en tu aire de cálido aliento, a respirar la brisa que aroma mis recuerdos. Tus tréboles habitan la suerte, para proteger mi sino y guiar mis pasos, para que siempre encuentre abierta la puerta del destino.
Durante los primeros días vividos en el invierno sueco hubo mañanas en que desperté con el sueño de tus calles pegado a mi retina, angustiada al medir en mi cabeza las distancias que me separaban de mi casa, esa casa mía por derecho natal, sin poder imaginar los centímetros cúbicos de mares y océanos que había entre este suelo y mi tierra. En esos sueños caminé por tus calles con la tranquilidad de quien conoce el terreno que pisa. Me encontré con amigos a los que salude con la música de ese idioma que conozco tan bien, sonreí a gente que acompaño mis andares y seguí confiada de saber con que paso regresar. Al despertar, envuelta en oscuridad, corrí a mirar por la ventana, cuando vi la negrura de la mañana y la nieve, adivine el frío y me sentí huérfana de territorio, vacía.
Aprendí a querer Uppsala, sus inviernos fríos y nieves blancas, la hice mía y comencé a comprender sus gestos, a balbucear sus palabras, le di un lugar junto al calor de tu recuerdo. Tu luz, es suficiente para alumbrar mi vida en cualquier parte del mundo. Cuanto más amo este sitio, cuanto más le comprendo, más sanducera me siento, más brilla en mis ojos la imagen de mi pueblo y me invade la tranquila certeza de que nada podrá jamás borrar de mi alma esa huella.
Entonces
¿Te acuerdas de las estrellas fugaces
que prendías en mi cielo?
Tristes luciérnagas
que volaban en tu techo.
Los días de lluvia
en que corrimos el deseo
el sabor del cigarrillo compartido
entre beso y beso, el amor.
Cómplices de la tarde
ocultos en nuestros sueños
rompimos los relojes
para detener el tiempo.
Saltamos nubes grises
por aceras del misterio.
¿Cuántas hojas barridas por el viento de otoño
habrán caído desde nuestros árboles?
Al pisarlas reíamos,
nos dejábamos despeinar por el viento
mojar por la llovizna fría y reíamos
entonces siempre reíamos.
Si estiro mi mano y toco la punta de tus dedos sé que todo está bien, me puedo bajar del mundo un instante, contemplar contigo los colores que no existen y pronunciar las palabras que aún no se han inventado. Porque tú sabes explorar el universo navegar por mil perspectivas y me ayudas a no perderme.
Largos caminos
A Paula
Me detengo y estás
en todos mis días, estás
desde la pequeñez de tus pasos cortos
a la estatura de mujer que hoy calzas
eres en tu ser sensible
fuente de colores
o estrellas brillantes
que encienden mis luces.
Amparo la magia mística
que vuela en nuestra fantasía
para predecir veranos mejores
y ocres otoños de melancolía
por carreteras del presente
hacia caminos del pasado
buscamos un futuro mejor
derribamos muros de agonías
hermanas
distintas, pero cercanas
sobre la pena, juntas
rompemos rejas
aventamos mañanas
y nos sumergimos hondo
para buscar respuestas
que nos permitan navegar
por estos mares de arcanas
estos suelos escabrosos
que a veces son en mis sueños
igual que nuestra tierra lejana.
Caleidoscopio
Formas, colores, millones de piezas, armo y desarmo este rompecabezas, invento figuras que se desfiguran ante la felonía de mi tutela, en noches de luna, visto azules reflejos que se vuelven tornasoles ante la luminosidad del rey astro. Como las mentiras, que se tornan verdades en la metamorfosis de mi corazón casi domesticado y que yo apenas distingo por la celosía de mis ojos entornados. Envuelta en transparente papel de celofán la vida se afana y ufana por ser original, pero es frágil como un lirio en su delirio de belleza y leve como el suspiro que de tus labios se escapa, yo gota a gota bebo su beso. Ella se burla ante mi osadía de querer volar como un ave, de mi rebeldía al sonar como un río que va a desbordar; por subir la pendiente sin mirar hacia atrás, por querer ser valiente y apuntar a ganar. No escucho la risa, se diluye en la prisa del ir y venir, las ramas del sauce no se mecen con la brisa de otoño, no hay trozos de primavera coloreada de pájaros y voces de niños, ni la lluvia de verano juega a empaparme trayendo olor a tierra mojada, no hay estufas en invierno ni escarcha plateada. Mas siempre hay algo que sacude el frío, transformando los colores, borrando el hastío y ordenando mis cristales, por eso continúo en la búsqueda de las piezas que faltan, las que pierdo y las que cambian y una vez más doy vuelta al caleidoscopio.
Ciudad de sueños
En la ciudad donde no pasa el tiempo
habitan mis sueños
juegan en espacios de luz
a correr con el viento
trepan montañas y cerros
nadan por ríos eternos
cuentan proezas divinas
con voz de misterio
susurran su canto en mi oído
surcan mi cielo
repiten su nana gastada
al borde del silencio
siento que no soy nada
sin sus pasos bohemios
sin su reír de campanas
en noches de incienso
dan sentido a mi vida
rompen mi techo
para que vuele alto
y destruya el miedo.
En busca de los duendes
No puedo saltar el abismo que me separa de mi otro yo, ese que irrumpe cada día en mi vida y me toma de la mano, o me despierta a empujones para recordarme que existe.
Vive entre los sueños y las pasiones de mi alma y se niega a visitar el mundo que con tanto esmero he creado, tan ordenado, tan lleno de responsabilidades y lazos. Teme perderse, no le gusto, no quiere asemejarse a este ser acorralado por esquemas de años. Lo curioso es que de a poco va dejando escapar sus colores, entreabre la puerta al desquicio de sensaciones, de misterios que creía propios de la infancia y perdidos para siempre en esa época lejana. Me seduce con piruetas olvidadas y recuerdos de sombras y luces. Creo que la cicatriz que dejo el tercer ojo al cerrarse, comienza a escocer, recordándome que alguna vez existió y que hoy, es solo destello de intuiciones. Quisiera llegar a un compromiso, pero eso suena tan adulto, y ella no es de las que se dejan enredar en dialécticas estudiadas y comprometidas. Que fastidio, pero a la vez, que placer, sentir volar las mariposas en mi estomago, si hasta me parece que si afino el oído, puedo oír a los duendes que habitan el techo y que solían mostrarse ante mis niños ojos con sus cuitas y quehaceres, mientras en el tocadisco de casa, sonaba la música de Vivaldi. ¿Cuándo fue que mis duendes comenzaron a huir en lenta avalancha hacia el interior? ¿Cuándo arrastraron consigo a la niña que alguna vez debí ser, o soy?
Fuga
Pienso en cascadas del alma
veo que el frágil corazón
vive donde escondo el karma
donde cobijo la razón.
Alzo manos de mis palmas
y vuelan los sinsabores
tocan cielo de mis ansias
las gotas de tus amores.
Parto volando en halcones
hasta sueños de mi infancia
busco fragancias y colores
por rincones de tu calma.
Encuentro tan solo el eco
que lentamente me deja
el resonar de tus pasos
que de mi vida te alejan.
Por negarte me he quedado
con la palabra anegada
ahogándose en el pasado
muere el sol de mi mirada.
Estado de ánimo
Tengo aburrido el ocio
cansada la fachada
no hallo sendero fácil
ni camino en bajada.
Todo se vuelve cuesta
montaña empinada
mis piernas que flaquean
no quieren dar pisada.
Los días cobran vuelo
la noche y la mañana
se pierden a lo lejos
como hojas de la nada
En medio de este sino
no siento la tonada
de esa, mi propia risa
que suena ya lejana
Haré
Despistare los pasos que me siguen
desde ayer
y correré las cortinas amarillas
para no ver
el desfile de carrozas de oro
indiferentes
que cruzan las calles que no anduve
ni andaré
nadare por las aguas de mil ríos
contra corriente
hasta subir la montaña alta
de mis dudas
y simplemente te daré una flor
o un sol ardiente
que prenderás a tu sonrisa amplia
para siempre
Amor
Invento un paradigma para ti amor
sobran palabras y espacios
cumplo con la faena gris de destruir
siento que caigo mas bajo
entonces sacudo la vida
y recojo los pedazos.
Corro una vez más hacia tus labios
que me esperan, me reciben ávidos
para desnudar mis respuestas
y conversar mis fracasos
para hundirse hondo en mis dudas
que saben a sal de llanto
y acariciar los recuerdos
que de pronto duelen tanto
para destruir trincheras
que han levantado los años.
Invierno
Un sueño frío
de paredes blancas
helaba la sangre
en sutil escarcha.
Cantos gregorianos
oía a lo lejos
y un dolor amargo
surcaba mi pecho.
Entre la blancura
casi inmaculada
dormía mi vida
y yo la miraba.
Simple espectadora
de éste, mi destino
entre luces claras
emprendí el camino.
Instante
Que corta es la alegría
que fugaz la risa
estoy dormida en tus brazos
tu pecho respira
y respiro contigo
me toma tu ritmo
y pienso
que quizá mañana
no te tenga
de pronto caigo en la cuenta
de que hoy es mañana.
Luna
Quiero trepar por el hilo claro de la luna
perderme en sueños remotos como ella
rescatar de su luz las oscuras tinieblas
para descansar mi cuerpo tirado en tierra.
Temo no querer regresar jamás
perderme en un camino amplio de estrellas
y seguir meciendo en espacios sin brisas
esos pensamientos que no dejan huella.
Para no olvidar lo que escribo
voy a pintar…
un mundo de manos entrelazadas
sobre la esencia profunda
del hombre que alguna vez existió
pintaré…
gargantas que gritan libertades
y redimen los templos desiertos
sin dioses ni engaños del sol
y al pintar…
soñare con magia y amor
más allá de lo mezquino y hueco
más allá del poder y el dolor.
Isa
Cambia el sentido a las palabras
saca el mundo del pañuelo
grita cuando quieras hacerlo
y corta todas las flores secas.
El arco iris es ilusión
espacio para los cuentos
o las fábulas que son de arena
y corren por la Vía Láctea.
Tus sueños son pájaros
que se remontan en lo alto
y tú, bella paloma mía
vuelas para atraparlos.
Si tuviera
Si tuviera ojos en la espalda
vería las muecas de los árboles
no habría tropiezos del pasado
que me hicieran zancadillas
y tu risa me alcanzaría más rápido.
Injusticia
Pájaros abatidos
los misiles caen del cielo
con destrucción socavan
y aniquilan los sueños.
Niños de grandes ojos
y de profundo mirar
yacen en tierra muertos
ya sin futuro ni edad.
¿Qué verdugo sin alma
asesina a estos seres?
Memoria de holocausto
campo de concentración
las barbaries cometidas
por una raza “mejor”.
¿Te da eso derecho
a erigirte amo y señor
junto a tu poderoso hermano
junto a tu hermano mayor?
Deberías mejor que nadie
entender de la injusticia
de muerte y de tortura
de fuego e indignación.
Nada has aprendido
del miedo ni del dolor
de todo lo que sufriste
por ser un hombre mejor.
Como la parca caminas
lado a lado con la suerte
muy pegado al imperio
en pacto con la muerte.
Risa de niños
Sonido que esconde un mundo
coloreado de estampas, alguaciles
y alas portadoras de esperanza
es cometa ebria de vientos
atada al hilo de los sueños.
Esconde el pasado
el presente y un atisbo de futuro
nido en que viven las palomas
de los magos, de las plazas
pájaros que escapan de las jaulas.
Millones de cristales rotos
sobre voz de fuente alegre
repicar de campanas descalzas
en luminosas primaveras
y pies corriendo por mi alma.
Toda la música del universo
la fantasías de un mundo propio
aventuras de piratas de antaño
duendes y hadas de luz azul
viven en ella, esperando amor.
Los misterios del tiempo y de la piel
Hay si el tiempo pudiera hablar de todas las heridas, de los huecos del alma y la intempestiva soledad de las ausencias. Entonces nos cubriría con su manto, que todo lo diluye, y la anestesia de los años haría dormir nuestro fatigado sentir. Pero estamos vivos y por esa razón sentimos la soledad como un látigo que nos fustiga, mientras miles de rostros pasan a nuestro lado con voces sin sonido. Lejos se pierden nuestros pensamientos, para enhebrarse en el ojo de la aguja que nos atraviesa el corazón, justo en el punto álgido donde flaquea la razón. Brindo entonces por el intelecto que tu piel envuelve, por esos latidos que marcan el ritmo de las horas mustias y las vivas, brindo por los valientes que intentan mil proezas e inventan otras tantas travesuras a la vera de la piedad, que es en realidad una enredadera frágil que trepa por nuestro agitado ánimo y lo convierte en una bolsa que sólo contiene nuestros fracasos, pobres tesoros de harapos. Quisiera saber si me ves, si aparezco ante las tinieblas de tu ocaso, para guiarte hacia otras profundidades, hacia el cuento de nunca acabar, la historia de la prehistoria, la que nunca se repite, quiero saber si tenés miedo de rescatarme y rescatarte, si vale la pena…
Despedida
Si muero en tus brazos es para renacer
empapada de muerte nueva
oiré otros cantos, otra música
y sera eterno el fugaz momento
en que tu beso entre en mi boca
y tu aroma, que es el mío
penetre para siempre en mis recuerdos.
Gabriel
Tú, mi sangre, semilla y trigo del pan
yo, tu viento, la orilla en que has de zarpar.
Tú, mi miedo, mi orgullo, mi debilidad
yo, tu piedra tu empuje, lo que has de dejar.
Fruto que nos prestó el destino
maduras al fresco de nuestra sombra
encontrarás los pasos de tu camino
por los sendero que el amor nombra.
Yo, tu hamaca, tu cuna y tu seguridad
tú y un campo de verde mirar.
Yo, tu casa, simiente y tu libertad
tú, mi risa, esperanza y ganas de amar.
Delirio
Quien fuera bailarín en las cornisas
para aventar locuras a la acera
agitar pañuelos cual banderas
y romper guirnaldas en la brisa
inundar los ojos de vidrieras
con cuentas de cielo y de madera
sin dar más razones que este gusto
y este deseo sin fronteras.
La escritura
Desde que escribo lo que siento duele menos el alma, pero lloro más. Tengo un contacto fluido con el ermitaño que habita en mi pecho y he logrado sacarlo a pasear entre la gente. Revuelvo en las maletas del pasado, busco un recuerdo empolvado que pulcramente doblé y lo traigo al ahora. Las calles que recorro son a veces estrechas y los mapas se complican con una geografía escabrosa en la que me pierdo. Escribir cura el sentir, sana los dolores, es bálsamo para las heridas e intimida a los monstruos que se esconden en las pesadillas. Me reconcilia con la persona que soy ahora sin desligarme de la que fui en otras etapas de mi vida. Disfruto de cada sílaba que se desliza al papel para formar garabatos de ideas, las siento deslizarse desde mi cabeza cansada hasta la punta de los dedos que tocan el teclado y las veo convertirse en palabra. Dibujadas en la pantalla, se enhebran con otras hasta formar prosas o poesías, espejos de mis pensamientos. Con luz de luna pinto poemas de amor, esos que huelen a hierba buena y se trepan por mi piel en amaneceres de luz anaranjada. Con agua de mar disfrazo las lágrimas que arrastran olas de años pasados y peces de dos cabezas. Con ramas de sauce mezo la nostalgia de la infancia y hamaco las horas que se fueron y que no van a regresar. Con furia, muestro las uñas ante la injusticia que nos atropella en días en que todas las estrellas parecen fugaces y opacas. La alegría estalla con ruidos, colores y sabores que regocijan mi pecho, tiene la sonrisa de mis hijos y los ojos de los seres que amo en el rostro, le doy uvas, viento, sol y música, para que se alimente y crezca sana entre mis libros y papeles.
¿Y las flores?
¿Y las flores?, con su infinita belleza
con su eterno amanecer salpicado de rocío
con su savia, sangre verde y ligera.
¿Adónde van al morir?
Con su hermosura de adorno grácil
sin gotas de mañanas perfumadas
en un florero, en mis canastos de rosas secas
en la tierra húmeda y fértil.
¿Adónde van al morir?
Agonía de las palabras
En la noche se esconden pensamientos
que en apuro por querer vivir la vida
quedaron por doquier abandonados
sufren la orfandad de la palabra
el despecho al que son sometidos
la vergüenza de su poca resonancia.
Lamentan la suerte que los rige
por el aire vuelan, son fantasmas
algunos son bellos, altruistas
se encienden como estrellas de la nada
y lloran el fracaso acaecido
por la prisa de estos días de añoranzas
otros, despiadados y egoístas
esconden en su cuerpo mucha rabia
y ruedan sin tener destino fijo
rebotando por doquier sin esperanza.
Los hay tristes, preocupados
que sufren acaso desengaños
y vierten lágrimas secas
que nosotros no oímos ni escuchamos.
Letras
Para ustedes mis letras
llenas de dudas
atestadas de preguntas
que se agitan inquietas
en mar de aventuras
tinta de sangre y savia
arde pena en las venas
que surcan mi alma
socava hondo en mi arena
llanto de orilla mansa
para alimentar el árbol
que crece en la cumbre blanca
para querer tanto, tanto…
buscar otras respuestas
pelear nuevos fracasos
y correr detrás del miedo
para ganarle al espanto
donde a tientas busco manos
que se alzan puño en alto.
Janaína
Luminoso tambor del cielo
hechizo de encanto frágil
de blanca lonja vestida asoma
a punto de parir la luna.
Sueños, son de candombe
repique de lluvia fresca
por la ventana entra
la luz pintada de blanco.
Llegas triunfal, como una reina
perlas de rocío te coronan
dueña en un segundo eterno
del
arco iris y sus colores.
En la inmensidad de un instante
pasas a ser real, auténtica
estas aquí, pequeña pero cierta
niña que llegó con luna llena.
Ofrenda de amor
Amor, si tu me das los colores del alba
escancio en tu cuerpo mi copa de savia
y me detengo altiva a contar las miradas
que surgen del temor y de la nada.
Amor, si me buscas intacta, me encontraras doliente
trepare cual enredadera por tus ventanas
y me hundiré en tus venas donde corre la magia
que hace latir tu pulso bajo mis ansias.
Amor, te sentiré en mi todo, en mi alma
entibiaras los espacios fríos con tus manos sabias
y recorrerás mis mares, montes y mapas
hasta borrar de mi vida las distancias.
Suerte de amar
Tengo la suerte de conocer personas que buscan las verdades un poco más allá del esquema que nos regala el diario vivir, que dan de si mismos más de lo justo y necesario, que toleran y aprenden de situaciones que otros se niegan a ver. Esos seres llenan mi vida, levantan la bandera más cierta que he visto flamear, la que se iza más alto, la de los principios que deben unirnos, la de los hechos que se coronan con palabras sin disfrazarse con espejitos de conquistador.
Esta gente extiende su mano solidaria sin esperar palmas ni gestos de afirmación, tangibles y ciertos me rescatan de los días en que la realidad vuelve espeso el aire y la confianza en los hombres flaquea. Son la luz del faro en la tormenta, los anteojos que curan mis esporádicas cegueras, son aire, mar, sol y tierra. Tienen muchas virtudes, cantan, bailan, guían, escriben, miran o escuchan, todos tienen algo en común, algo que a ninguno escapa; mis amigas y amigos levantan vuelo, piensan y sueñan.
En tonos grises y azules
Para Mary
Amiga, no es la sangre
ni el azar genético quien nos une
mas eres mi hermana
hermana de sueños que pasean
por el azul de estos días grises
esquivando humo de cigarrillos.
Hermana de divagues
en tardes de penas y alegrías
margaritas cubiertas por la nieve
de este invierno blanco.
Deseo que la dicha te halle
parada en una esquina Madrileña
o paseando por Uppsala
no importa donde
que llene tu silenciosa tristeza
de risas cristalinas
y acompañe tu paso lento
por las calles del mundo
que lance su voz al viento
para esparcir tu poesía
por los mares
y las constelaciones.
Poseo
Poseo alas invisibles
y un tercer ojo algo ciego
poseo conjuros estáticos
herrumbrados y harapientos
poseo un mar de patrañas
y un cielo de juramentos
una guitarra sin cuerdas
que sólo toca en mis sueños
calles que no anduve
por caminos eternos
un sinfín de preludios
que se apagan a lo lejos
que jamás escuché
pero duermen en mi lecho.
Labio de los pétalos
Cántaro de ilusiones
labio de los pétalos
la luz es lluvia blanca
de una ventana sin rejas.
Vuelan los alguaciles
sobre el cristal del río
mis manos se sumergen
lento en el agua fresca.
Canto de golondrinas
por el aire al cielo trepa
se mecen las glicinas
y me siento nueva.
La sonrisa de los árboles
con la brisa coquetea
y le regala piropos
a flores que los rodean.
Si las nubes fueran ciertas
perfecta sería esta fiesta
donde no reina el silencio
ni me alcanzan las penas.
Elvira
Hoy cumples años, bajo el calor del verano miraste varias veces el teléfono, esperaste una llamada desde la lejanía del invierno de mi hemisferio, pensaste que me había olvidado. ¿Cómo puedo explicarte que el olvido a tu persona no existe en mi diccionario?, que lo borraste para siempre con mañanas de mate dulce, con atardeceres de cuentos y fantasías, quedó entre las estampillas y los zapatos rojos de tu repisa, en las vidrieras de 18 de Julio y en la heladería Sandú. ¿Cómo puedo olvidarte si estás en mi?, si tu ser dibuja con mi sangre retazos de historia, si el cielo de tus ojos se abrió a mi mirada para acompañar mi paso por otros países, sin importar las constelaciones que los pintan. En la transparencia de tu alma deposite mis lágrimas y las guardaste como un tesoro, borraste el dolor hasta que me sentí única, especial en tu regazo. Te quiero, con todo el universo del corazón, en cada regreso al entonces y en cada gota de realidad. A la sombra de tu recuerdo crezco, mirándome en tu espejo me reflejo más buena, más inocente, más humana. Llévame contigo que conmigo vas, mientras siembro amor en mis hijos, mientras doy luz mis versos, mientras me río y cuando lloro te llevo. Vas siempre a mi lado caminando este presente que busca futuro.
Tus labios
En la punta de mis dedos
en mis yemas
guardo los labios
que me prestaste en sueños.
Lo bello de los sueños
es que me pertenecen
son alas en que viajo
hasta perderme en tus versos.
Nunca más
Nunca más el cuerpo estallara en juventud
ni tu piel se atará a la mía para romper soledades.
Nunca más tu aroma prenderá mi alma
impregnándola en noches de tibios soles.
Nunca más el toque de seda de tus manos
que conmovió la epidermis de mis ansias.
La brisa que me acaricio en noches de estrellas
evoca la urgencia de tu lengua en mi boca
y el lejano pensar se hace sentir en ella.
El sueño surge y tú estás allí de pie, amado
rompes muros de años y apareces en mis brumas
tiras horas al azar, rompes reglas y leyes
me visitas para llevarme al tiempo pasado
y me dejas allí contando siglos y meses.
Vértigo
La vida transcurre demasiado rápido, los acontecimientos se suceden de manera vertiginosa y mi cerebro es una red que sólo atrapa alguno de ellos, el resto son lluvia de meteoros pequeños que no encuentran la superficie y se pierden en un infinito desconocido, sin dejar huellas, sin marcar mi cielo.
No atino a enfrentar el hecho de sentirme impotente, avasallada.
Quiero poner pausa a esta carrera de locos, detenerme a pensar, ordenar las ideas, sacarlas del remolino bullicioso, del epicentro que hay en mi pecho. No se huir de la prisa, no se dónde esta el freno. Las horas se marchan, son hojas arrancadas a un cuaderno, empujadas al pasado por un viento frío de urgencias, no tienen retorno, quedan dormidas a la vera del silencio.
Tengo la ilusión de atrapar una fracción de segundo en una fotografía, o de capturar un momento. No puedo reproducir las sensaciones, los sentimientos, la temperatura de mi piel en ese preciso instante, lo que sufro y siento. Me observo como a una extraña, alguien que se parece a mí sin serlo. Corro ciega por este laberinto, sabiendo que cuando encuentre la salida voy a estar muerta, sin haber podido ganarle la batalla al tiempo.
A mis 40
El día que se marcha
deja tras de si una estela
nuevos sueños
nuevas fantasías.
Serena recibo la vida
ávida bebo su savia
acojo las horas de alegría
atesoro su esencia mágica
sé que las penas no son solo mías.
¿Cuánto vale una sonrisa
una mano extendida
una palabra o el silencio
de quien dibuja nubes
de quien pinta estrellas?
Quien comparte sueños
no teme a la vida
inventa un poema nuevo
una canción bella
libera mis palomas
da sentido a mi existencia.
Conjuro
Luna y tierra pactaron
para dar alma a la mujer
tierra dio la esencia de su ser
luna los sueños del ayer.
Le dieron fresco de brisa
y furor de tormenta
para que fuera leve
para que fuera cierta.
La dulzura del arroyo
para amar a la tierra
el espejo del mar
al que la luna se aferra.
La furia del ciclón
con que pelea sus guerras
y el silencio de la noche
donde oculta sus penas.
La capacidad de ser madre
como la luna, como la tierra
mujeres de ancho abrazo
y de profunda conciencia.
Pero no la hicieron libre
no conocen esa ciencia
la una se ata a la otra
tierra y luna, luna y tierra.
Siempreviva
La muerte te viene a buscar y envuelve con sus alas negras tu cuerpo frágil, negras de noche y soledad, negras de ausencia. Duele tu partida, aún en la alegría que trae el recuerdo hay un presente que te añora y un futuro que quiere volver a ti y encontrar la mirada azul que me ata a la felicidad de la infancia, cuesta decirte adiós, cuesta tanto esta despedida que mi corazón se niega a dejarte partir, a ponerte en el desván de los recuerdos. Duele la muerte que desgarra el pecho y rompe la díada de nuestras almas.
Adiós Elvira
Que dolor gorrión triste
despegó tu alma
subió sobre estrellas
hacia la magia del tiempo
sin horas ni espacio
de la aurora sin límite
y el eterno ocaso.
Mece el viento cálido
ramas de sauces
que acarician el lento paisaje
mi corazón trae recuerdos
de tu presencia intacta
Que pena tu partida
lo siento tanto
llanto en el pecho triste
luz de mis años
vuela pájaro herido
vuela muy alto
hasta tocar la cumbre
de nuestro llanto.